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'Bajo el sol de Ehnasya', el Egipto real captado por el fotógrafo melillense Salva R. Berenguer

Salva R. Berenguer
Salva R. Berenguer (Foto: Guerrero)

El libro recopila instantáneas tomadas en la tierra de los antiguos faraones, dando protagonismo a los rostros de personas anónimas

domingo 13 de mayo de 2018, 04:00h
El joven fotógrafo melillense Salva R. Berenguer presentó ayer en La Librería, su nuevo libro titulado 'Bajo el sol de Ehnasya', un trabajo que no tiene más pretensión que la de ofrecer al lector la riqueza de la experiencia humana reflejada en los rostros de hombres, mujeres y niños anónimos de la tierra de los faraones, donde su trabajo con la fundación Gaselec le llevó. Las fotografías hablan de un Egipto real, no el de las pirámides y los libros de historia, sino del día a día de pueblos y mercados, de gentes trabajadoras, humildes y hospitalarias.
Según explica en su presentación, el año pasado, y gracias a Fundación Gaselec, "tuve el privilegio de unirme como fotógrafo becario al equipo de la expedición que dirige Carmen Pérez Díe en Ehnasya el Medina, la antigua Heracleópolis Magna, dependiente del Museo Arqueólogo Nacional".

Asegura categórico que " la experiencia, como no podía ser de otra forma, fue de lo más enriquecedor que llevo en la mochila a todos los niveles, pero es el factor humano el que hace que esta publicación tenga sentido y la pueda mostrar gracias a Geepp Ediciones". Salvador R. Berenguer presentó ayer su libro en La Librería.
  • ¿Cómo surge la idea de elaborar 'Bajo el sol de Ehnasya'?
  • Surge allí mismo, en Egipto, mientras estuve como fotógrafo. Es un privilegio estar en un sitio como ese, no en el Egipto de los libros y las pirámides, sino en el real, sobre el terreno. Es un país polarizado donde están los centros urbanos superturísticos y el otro, el real, el que es pobre, arcaico, donde hay mucha suciedad. Recuerda a las zonas más deprimidas del Marruecos que tenemos al lado, y por eso estuve cómodo, porque era estar como en casa.
La idea surge allí porque me vi en disposición de un material que no podía caer en saco roto. No podía dejar que fuera sólo una colección de fotos. Creía que era oportuno que se publicara y la gente lo viera.
  • Ese repaso fotográfico, tiene algún hilo conductor?
  • No sigue ningún leitmotiv. Es una colección de fotos que se acerca mucho al fotoperiodismo, a la foto documental. La intención es dejar constancia y referencia de lo que es realmente el país, el pueblo egipcio y la situación real de la gente de allí. Soy un gran amante de la fotografía de agencia, de grandes maestros como Robert Capa, y me gusta estar ahí sobre el terreno. Necesitaba hacer algo que rozara el fotoperiodismo. En el libro no hay un matiz artístico, por así decirlo, sino real, de trabajo sobre el terreno, de mancharte la ropa, de andar por mercados y calles atestadas de gente.
  • Con toda esa información, esa riqueza de momentos captadas con la cámara, ¿cómo se decide a elegir unas fotografías sobre otras?
  • Es una colección pequeña la que recoge el libro. Podría haber publicado muchas más, pero he querido ceñirme a tres criterios: gentes, caras, rostros, es decir, retratos; después, localizaciones y encuadres, que es una de mis debilidades como fotógrafo, porque soy un obseso del orden y la simetría y hay muchos encuadres; también manos, que es otra de mis debilidades. Muestro manos curtidas de gente del campo, de gente trabajadora, que trasmiten mucho más a veces que un rostro.
  • ¿Qué van a descubrir quienes adquieran tu libro?
  • En especial escenas de un lugar que no se conoce de ese Egipto real del que hablo. Es un pueblo pequeño, una ciudad fluvial al borde del Nilo, y se nota por la arquitectura y la fisonomía que fue un lugar próspero, que tuvo cierta importancia porque la arquitectura civil recuerda mucho a la que podemos ver en el sur de Europa, pero está en ruinas. El libro no es más que una colección social de imágenes de un lugar en Egipto que está muy lejos del concepto que tenemos todos de ese país.