Hemeroteca :: 25/06/2006
         1/27
LOCAL
Última actualización 25/06/2006@06:00:00 GMT+1
José Luis Navarro, con uno de sus libros y su inseparable pipa
José Luis Navarro (Ceuta, 1939) se define “un lobo estepario urbano” y asegura que a la hora de escribir no intenta provocar, tan sólo cuenta verdades. La última la recrea en su obra 'Angeles de arena', el primer libro de ficción sobre el Sáhara en el que, a través de una historia imaginada, refleja la realidad del pueblo saharaui, situado en la esquina del mundo, apartado de la vista de los poderosos pese a sus carencias, pero orgulloso de su tierra y esperanzado por recuperarla. Esta obra le ha generado enemigos e incluso le han aconsejado no ir a Marruecos. Una anécdota más que añadir a su vida, no exenta de arrestos domiciliarios, por escribir lo que creía justo y necesario.
  • ¿Qué le motivó a escribir un libro sobre el pueblo saharaui?
  • Viví de niño en el Sáhara, en Sidi Ifni, y el problema de los saharauis siempre me ha interesado, igual que todo lo relacionado con los refugiados y los desplazados. Pero el pueblo saharaui me atrae por ese sentimiento de orgullo de ser quienes son. No emigran a Europa, siguen soñando con su paraíso y hay que reconocer que llevan allí mil años antes de Cristo. El libro tiene una cita "Que Alá te envíe a la Hamada", es una maldición saharaui. La Hamada de Tinduf (Argelia), donde están los saharauis, es un lugar de piedras escabrosas, donde escarbas y ves piedras más pequeñas y supongo que al final de esas piedras habrá arena. Fui allí por una casualidad. Me encontré con unos locos italianos que iban para allá. Yo les dije que escribía y que me gustaría estar allí. Y me dijeron: "pues apúntate y paga la mitad de la gasolina".
  • ¿Cuánto tiempo permaneció en el Sáhara?
  • Unos 20 días pero me parecieron poquísimos. Me fui cuando descubrí que prácticamente ya no servía para nada. Yo sí podía seguir aprendiendo de ellos durante mucho tiempo pero ya me hubiera convertido en una especie de Robinson Crusoe que empezaba a divagar y a incordiar a la gente. La historia del libro surgió cuando me acerqué a una carpa enorme en medio del desierto donde daban clases a niños discapacitados. Estaban llenos de arena, algo inevitable allí, y a mí me parecieron ángeles. De ahí, el título del libro 'Ángeles de arena'. El pueblo saharaui es gente estupenda. No hay basura, allí todo es reciclable. Se te cae una botella, miras para atrás y ya no está porque la han convertido en un embudo y en un vaso.
Tampoco hay miseria, más bien una carencia absoluta, hace falta de todo. Los países apenas hacen nada por ellos y les están robando hasta la esperanza, que es lo más triste. Yo lo lamento mucho. Como ellos, esperaba algo más del Gobierno socialista pero ha resultado ser todavía más traicionero que el otro.
  • ¿Se sienten decepcionados?
  • El problema de los saharauis es que están abandonados de la mano de Dios. Siguen guardando sus esperanzas pero no se les puede haber traicionado de esa forma tan miserable como lo estamos haciendo. Le propuse al responsable de la República Democrática Saharaui que se metieran todos en cayucos para venir a España y así inflarse de dinero, como el que está recibiendo Mauritania para que no vengan inmigrantes en cayucos. Pero ellos no quieren dinero, quieren esa esperanza. Están viviendo gracias a los cooperantes. En España hay más de 200 asociaciones amigas del pueblo saharaui y también en el extranjero, incluso en Argentina o Noruega. Pero aún así estos hombres llevan 30 años de prestado en una tierra que no es la suya. En la Feria del Libro hablé con algún escritor que se preguntaba ¿por qué no les hacemos caso? Yo contestaba que porque queréis comer todos los días pescado fresco y, por tanto, tenemos que llevarnos bien con Marruecos que, a su vez, exige que si nos llevamos bien con él, nos llevemos mal con los saharauis. Los gobiernos no es que sean desvergonzados sino que cumplen lo que en el fondo quiere la sociedad: que ni el bonito ni la merluza se pongan por los aires. No queremos esto pero si no lo hacemos, tenemos que ayudar a los saharauis. No sé si los gobiernos están obrando con razón o sin ella, al menos están obrando con coherencia dentro de lo que es la mentalidad occidental, pero somos bastante hipócritas.
  • ¿Cuál es, a su juicio, la solución para el pueblo saharaui?
  • La guerra. Que se vuelva a levantar y que luche aunque en realidad allí descubrí que la guerra nunca ha acabado. Todavía hay incursiones y, de vez en cuando, una patrullera del Frente Polisario lanza unas cuantas granadas y los otros le contestan. Hay muros enormes de piedra y arena que son muros minados. Hay que volver a la guerra para que vosotros los periodistas vayais allí y lo difundáis. Será una guerra más, pero una guerra intensiva que se dará a conocer. Está muy bien amar al pueblo saharaui, a los niños saharauis, traerlos a España durante un par de semanas, bañarlos en piscinas, enseñarles lo que no tienen y luego volverlos a llevar al Sáhara con ropa usada, unas botas viejas y algunos juguetes comprados en un todo a cien. Así se sienten satisfechos de haber contribuido a ser bondadoso con esta gente pero lo que hay que hacer es ayudarles a superar lo que tienen, no ayudarles a sobrevivir sino a vivir, y para vivir ellos necesitan el Sáhara. Ellos consideran que es un pueblo rico en su capacidad pero tienen un miedo terrible a que se descubra petróleo en el Sáhara. Al parecer está tan abajo que es antieconómico pero están temiendo que eso despierte interés porque entonces es cuando piensan que ya no volverán.
  • ¿No cree que resulta un poco provocativo escribir un libro a favor de la causa saharaui estando en Melilla?
  • Tengo entendido que el libro ha sido prohibido en Marruecos. Me contaron que un marroquí estaba leyéndolo en el Hotel Rif de Nador y vino un guardia y se lo quitó. También me han aconsejado que no entre a Marruecos porque estoy metido en la ficha de los indeseables. Lo lamento porque me gusta Marruecos y me gustan los rifeños más que los marroquíes, pero no puedo ir porque no quiero que me metan en la cárcel cuatro días, aunque conociendo cómo funciona el consulado de Nador, no serían cuatro, serían cuarenta y cuatro tal vez.
  • ¿Alguna vez se ha reprimido a la hora de escribir algo por estar en Melilla y por el hecho de que le pudiera reportar consecuencias negativas?
  • Consecuencias negativas he tenido muchas veces por escribir algo. He estado con un arresto domiciliario de 45 días por decir que el Rey no venía a Melilla. Yo era militar en aquellos momentos y el fiscal jurídico se basó en un subjuntivo que empleé en lugar de un indicativo. En su opinión, hablé de una forma subjetiva y no impersonal. Aparte he tenido algunas diligencias previas por escribir y han llegado a denunciarme fuerzas vivas, mis superiores cuando era militar e incluso cuando ya no era militar también porque aquí, algunos nostálgicos del protectorado, o sea, el Gobierno casi en pleno, considera al comandante general como el virrey de Melilla, y la oposición parece ser descendiente directo de Abdelkrim. Han tratado de darme por saco pero he sabido bandearme.
Mi columna periodística era insidiosa pero antes de publicarla la pasaba por el Código Penal, luego le daba un paseo por la Biblia, otro por el Corán y otro por el Código de Justicia Militar y si salía indemne, la mandaba. Aquella por la que me arrestaron 45 días fue un apresuramiento por la inmediatez de la noticia. Yo corrí, me equivoqué y en un periódico que editaba mi hijo, publiqué aquella columna.
  • ¿Le gusta provocar?
  • No, no me gusta provocar ni que me provoquen. Me gusta decir verdades. Si ese tío es un ladrón, yo digo que es un ladrón y no un presunto ladrón como decís los periodistas. Lo mismo si es un sinvergüenza o un inútil o un "tarao mental". Evidentemente, estar en el poder, subirse en un balcón y decir “todos los que circulan por la derecha, mañana deben hacerlo por la izquierda”, debe de estar muy bien, más que una 'menage à trois'. El poder tiene ese encanto, es molestar aparte de sobrevivir y de vivir requetebién.
Por eso yo no voto nunca, salvo en el referéndum sobre la OTAN que voté un no profundo, ya no he vuelto a votar más en mi vida. Me da igual quien gane o no, no creo que eso afecte a la gente de a pie. ¿Izquierdas, derechas, qué es eso? Tal vez lo fue por algún tiempo pero ahora todo sabe a ketchup. Algunos dicen que "si tú no te ocupas de la política, la política se ocupará de ti" pero no es más que otra de las falacias inventadas por los que viven de eso. A mí, como a muchos, me costó lo suyo sacar mis oposiciones y no estoy dispuesto a perder un domingo haciendo cola para darle un bien remunerado a gente que, a veces, ni siquiera se ha estudiado el temario.
  • ¿Qué vida es más dura, la de un militar o la de un escritor?
  • La vida de un militar es más bien tranquila. La gente tiene una idea confusa del militar. Te puedo decir que los chistes más escabrosos sobre Franco y su mujer los he escuchado en la sala de oficiales, en plena dictadura. Los que jamás se atrevería nadie a decir en un bar de la calle. He encontrado inclusive más comprensión y libertad dentro del oficio militar que en otros sitios porque he trabajado en la vida civil en Barcelona. La imagen del militar es una imagen confusa, estereotipada. Siempre se ha hablado de que la dictadura era cosa de militares pero yo creo que la dictadura era de unos militares dictadores, no de los militares. Cuando la cúpula franquista fue descabezada, el militar volvió por sus fueros aunque siempre surgió algún "chalado" como Tejero.
  • ¿Qué opina de la polémica surgida en torno al general Mizzian a raíz de la inauguración en Beni-Enzar de un museo en su memoria?
  • El general Mizzian era un general africanista de la época de Franco que, entre otras cosas, Franco le debía mucho, le debía la vida porque se la salvó. Mizzian fue un rifeño inteligente pero no era más que un matarife. Fue el primer hombre, en el alzamiento nacional, que se enfrentó a las tropas republicanas y el que atacó la base de hidroaviones del Atalayón. Cogió prisionero a Virgilio Leret, el padre de Carlota O'Neil, y le fusilaron al día siguiente. Fue la primera lucha a tiros de la guerra civil y Mizzian iba al mando. Pero pienso que quizá no hay que hablar tanto de Mizzian y sí del Franco que tenemos aquí vestido de campesino a la entrada del puerto. Estos nostálgicos de la época colonial mantienen su estatuta ahí y nuestras calles siguen teniendo reliquias de esa época.
  • Retomando su trayectoria literaria, ¿por qué la mayor parte de sus libros son de literatura juvenil e infantil?
  • Lo primero que publiqué fue un poemario y aquello no eran poemas sino chillidos, gritos de rebeldía. Eran tan malos que por más barbaridades que decía, nadie los compró, nadie se los tragó. Salí indemne de aquello. Luego empecé a escribir unos relatos y encontré que el lector que más me interesaba era el lector joven. Vi que con la literatura infantil, como te permite tal cúmulo de fantasías, me encontraba mucho más a gusto. Era como volver a ser pequeño. Una de las cosas que me satisface de la literatura que he escrito es que algunos libros están declarados en Madrid y en Melilla de lectura obligatoria, una palabra muy fea que yo cambiaría por lectura sugerida. Además, en las charlas que les doy a los chicos me divierto mucho. Voy yo, un tío raro, a contarles historias, fantasías... Cuando les veo con los ojos abiertos me doy cuenta de que ellos son francamente mis lectores. Cuando estuve en la Feria del Libro de Madrid, vinieron muchos jóvenes a comprar mis libros, aparte de los amigos del pueblo saharaui.
  • En esa Feria, estuvo comparitendo caseta con escritores reconocidos...
  • Sí con escritores afamados que incluso me avergüenzo de nombrar.
  • Uno de ellos, tal y como se publicó en su día, era José Saramago...
  • Sí, estuve hablando con él pero habla muy poco aunque es un encanto. También estaba Aute, Punset y apareció por ahí Vargas Llosa, pero él es otra cosa, es la excelencia, tiene un aura alrededor de él que no puedes atravesar, es como una pompa. Saramago es más sencillo, Aute va a lo suyo y a Punset no se le entiende nada...Lo que me fastidiaba era ver a la gente señalándonos. Era como un mono de feria, nunca mejor dicho, estaba muy avergonzado. Quizá por eso rehuyo presentar mis libros. Me aturde cualquier evento de más de cuatro personas y aún más si el centro de las miradas soy yo.
  • ¿Melilla le inspira?
  • Melilla es muy literaria, siempre lo ha sido. Levantas una baldosa de la acera y, agazapado, te encuentras a un poeta o a un sindicalista. Claro que antaño te encontrabas con un militar o un cura, o un cura-militar. Creo que en eso hemos ganado.
  • En este momento de su vida, ¿tiene algún reto que cumplir?
  • Mi reto es vivir un poco más. Tengo un corazón atado con alambres y lo que procuro es vivir. Me hubiera gustado vivir una vida más jaracandosa, de navegante solitario durante un tiempo y vivir todos esos sueños que tiene cualquier persona. Pero como los escritores, al fin y al cabo, tenemos la virtud de creernos nuestras propias historias y vagamos por esos mundos de Dios- lo mismo nos montamos en una nave espacial que somos toreros- yo vivo con esos sueños que luego a veces recreo en los libros.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)

Noticias Relacionadas

Portada | Hemeroteca | Búsquedas | POLÍTICA | EMPRESA | STAFF | CONTACTO | | Tienda Yukap | concursos | Club Campo de Golf | [ RSS - XML ]


Edita:
Prensa de Melilla S.L.
Polígono SEPES, Naves A-1 y A-2 / Calle La Espiga / 52006 MELILLA
Teléfono: 952-690000 Contacto
Diseño web: Cibeles.net | Páginas creadas con