OPINIÓN
La columna de Roldán
Francisco Roldán
Última actualización 08/02/2007@06:00:00 GMT+1
No hace muchos días, este Diario en su pagina 2, insertaba una fotografía que a mí, tal vez por distracción, me pasó desapercibida en aquel momento, pero ayer el periódico volvió a pasar por mis manos pare echarle un vistazo, y me entero que se trataba de la demolición de lo que fue, en el puerto de nuestra ciudad, la Comandancia de Marina durante muchísimos años. Demolición, se decía en el pié de foto, "debido a las medidas para hacer posible la futura ampliación de la Estación Marítima".
Se ve en la repetida foto a una persona observando el derribo y, metiéndome en ella, me vino a la memoria el día que, acompañado de mi padre, acudí allí para solicitar el ingreso en la Armada Española, de lo que hace ahora la friolera de 60 años.
Fuimos atendidos con toda cordialidad por un buen amigo de mi padre, el capitán de Corbeta D. Gabriel Estrella, entonces segundo, y a los pocos meses ya estaba yo como marinero voluntario en el Cuartel del Instrucción de El Ferrol del Caudillo preparándome para el ingreso en la Escuela de Radiotelegrafistas. ¡Y parece que fue ayer...!
Una Comandancia que, aparte su cometido militar, llevaba muchísimos trámites de aquella gran flota pesquera que por aquellos años tenía Melilla y que poco a poco fue desapareciendo para quedar reducida, como homenaje aquellos centenares de hombres que faenaban en el mar, a ese barquito que como recuerdo a todos ellos la Ciudad Autónoma situó no hace muchas fechas, en la denominada Plaza de Pescadores, próximo a donde estuvo aquel "Hogar del Pescador", en el mismo Mantelete, donde se reunían para echar sus partidas de dominó, tomar una copa; lo mismo que hacían en aquellos establecimientos conocidos como "Casa Martínez", "Casa Jacinta", en el quiosco que estaba bajo las escalerillas de acceso a Melilla la Vieja (también desaparecidas), en el "Bar Sevilla", etc.
Con la Comandancia de Marina me ha ocurrido lo mismo que me sucedió cuando también perdió su asentamiento el acuartelamiento de la Compañía de Mar de Melilla al recordar a algunos de sus mandos, D. Arturo Morán Alcalá, al que siguió su hijo Arturo, su sobrino, el padre de mi estimado amigo Ángel Morán; el sargento "Mickey", el cabo Tortosa, y perdónenme los que se me olvidan porque a uno la memoria, con los años que ya tiene encima, le falla de vez en cuando.
Si, me ha causado un sentido pesar la desaparición de aquella Comandancia de Marina que, hace 60 años y acompañado de mi padre, entré en ella por primera vez para solicitar mi ingreso en la Armada, para después hacerlo cada vez que venia de permiso -asunto obligatorio- presentarme al oficial de guardia y ya como ciudadano civil, con bastante frecuencia para recabar, cuando la había, alguna noticia para "El Telegrama de Melilla" que nos la facilitaba el mismo comandante -no le gustaban los intermediarios-, el capitán de Navío, D. Juan Bautista Lazaga Topete Un hombre que, recordarán quienes le trataron, campechano y sencillo a más no poder, pero amigos, en el cometido de sus obligaciones, había que echarle de comer aparte.-
Adiós, antigua Comandancia Militar de Marina, de verdad que lamento el que hayas sido convertida a escombros.