Hemeroteca :: 28/03/2007
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OPINIÓN

Columna abierta

Daniel Díaz del Olmo

Última actualización 28/03/2007@06:00:00 GMT+1
Resulta absolutamente inadmisible lo que está ocurriendo con las comunicaciones electrónicas de Melilla con el resto del mundo. Se presentarán reclamaciones, quejas y denuncias pero ello no resta importancia a la gravedad de lo que está ocurriendo en la ciudad, ni responsabilidad alguna a quienes deberían haber echado toda la carne en el asador y no lo han hecho.

Los responsables de las infraestructuras melillenses han hecho el ridículo, han demostrado una incapacidad manifiesta y una soberbia fuera de toda lógica en una situación de crisis en la que, antes de sacar pecho, hay que ponerse el mono de faena y trabajar duro para arreglar un problema que afecta a miles de melillenses.

Porque hay miles de melillenses que frecuentan a diario internet y cientos de empresas que basan buena parte de su trabajo en la comunicación digital con otros destinos. Ni barcos cableros, ni cables submarinos, ni boñiga de puerco.

En Melilla se puede prometer e incluso se puede hacer el cateto visitando un barco que ha venido a parar una catástrofe. Se ha visitado el buque cablero francés como quien va a Fort Aventura o se acerca al 'Dédalo' para ver cómo despegan los helicópteros de la Armada. ¿Qué pintaba Chacón a bordo del barco-robot?.

Mientras tanto, mientras la parafernalia oficial -mentiras de Telefónica incluidas- se pone en escena, hay empresas que pierden dinero a mansalva, hay trabajadores que matan el tiempo como Dios les da a entender.

Melilla está mal, esta ciudad necesita de medidas de urgencia. Las comunicaciones son frágiles y ni siquiera un desfile militar de decenas de vehículos de Telefónica, un barco especializado y todos los enlaces técnicos imaginables ponen fin a este desastre.

Yo no me he tomado la molestia de vivir 35 años en este pueblo para ver cómo el Gobierno de turno pasa de Melilla. Aquí vivimos españoles con todos los derechos de los que disfrutan los malagueños o los toledanos. Nuestras empresas necesitan sentir el bombeo financiero de la actividad diaria para que todo quisqui pueda cobrar a final de mes.

No se nos puede negar el pan y la sal pero lo que ya clama al Cielo es que se nos engañe. El jueves, a primera hora, íbamos a conseguir comunicación digital, según Telefónica y la Delegación del Gobierno. Hoy, lunes, tras una segunda promesa, a las 10 de la mañana, seguimos igual, muertos, electrónicamente hablando. Eso, señores, es mentir y perjudicar a trabajadores que sólo pretenden trabajar y ganarse la vida.

Lo de los responsables oficiales gubernativos y empresariales no es moral porque están perjudicando directamente a melillenses modestos que se han quedado con la cara a cuadros por el parón electrónico y que se han llegado a creer los embustes de quienes mandan con la esperanza de poder volver al trabajo. No es moral, embusteros.
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