OPINIÓN
Atril de un censurado
Juan Garbín Vereda
Última actualización 17/08/2007@06:00:00 GMT+1
Cuando se pierden votantes es que algo ha fallado, no se ha hecho tooo lo que se debiera, por parte de quien ve mermadas sus filas sin que esa realidad no les llegara a tiempo: una posible desconexión apenas percibida desde los órganos dirigentes.
Además de esta escueta interpretación tan simple, ahora deben analizar ¿cómo corregir la trayectoria, convencer y dar una nueva ilusión a los electores melillenses en general? Hay que escuchar más; ver más; anticiparse a los problemas y necesidades buscando, proyectando soluciones, no se puede pensar que se ha hecho todo el camino bien, en Melilla todas las siglas políticas tienen su espacio y su razón de ser por y para esta tierra.
Lo inmediato que se observa en todo lo ocurrido alrededor de C. P. M., antes, durante y después de las elecciones del 27 de mayo, es que el gobierno de los barones de la extinguida UPM que nos gobierna, apoyados por el Partido Popular como uno y trino político en la ciudad, preparó, concibió y planificó todo un ataque (político se entiende) de enverga dura, contra la línea de flotación de Coalición por Melilla, dirigida a las zonas donde habitualmente ganaba en las urnas; lo cual les llevó un tiempo de paciencia, buena coordinación y apoyo, sin levantar la alarma en las filas de Coalición por Melilla.
Mientras que se eternizaban en denuncias y contradenuncias, querellas y contraquerellas, no se daban cuenta que los demás aprovechaban ese tiempo interminable para, en primer lugar, frenar la expansión y subida de Coalición por Melilla, para pasar a la siguiente fase de recortar su potencial político en las urnas y, por lo tanto, en la Asamblea. Una jugada maestra que aprovecha posibles errores de bulto para poner todo el poder político y económico del gobierno local, acompañado de dádivas, halagos, gracia o merced a quienes se les acercan antes, durante y después del 27 M, tendiendo puentes de plata a quienes desean (derecho lícito) cambiar de siglas políticas.
La siembra les ha dado una buena cosecha, aunque claro, todavía la partida política se encuentra en el tablero de Melilla. Ahora, como siempre ocurre, las mesnadas, cohortes y séquito del gran triunfador, que se ve poderoso, omnipotente, como soberano de un nuevo virreinato, recibe el aplauso mientras el perdedor es abandonado. Claro que cuanto más se enrosca un poder político, prácticamente con culto al líder, más fácil se hace dar con el talón de Aquiles, por eso cuando se alaba tanto a quienes se van cuando antes era todo lo contrario, se deja al desnudo la debilidad del poder que se siente una especie de rey Midas político, (desde unos pocos años para acá). Ahora la inteligencia, la verdad y la democracia siguen prestas para las próximas elecciones. Cada cual ha elegido. Lo demás está por venir.
Juan Garbín Vereda