OPINIÓN
El Torreón del Vigía
Ángel Gil
Última actualización 20/01/2008@06:00:00 GMT+1
Del informe del Instituto de Política Familiar (IPF) acerca de la "Evolución de la familia en España 2007" que hemos conocido esta semana, se desprende que nuestro país sigue estando a la cola de la Unión Europea en cuanto a ayudas y protección de las familias. Las ayudas directas son tan discriminatorias con respecto al resto de Europa, que 9 de cada 10 familias no acceden a ellas. El documento estadístico recoge la realidad de España como una nación vieja, donde nacen 90.000 niños menos que hace veinticinco años, pese al repunte de la natalidad de los últimos años gracias a las madres inmigrantes. Unido a esto ha explosionado el número de abortos, donde desde 1985, se han practicado más de un millón cien mil interrupciones de embarazo. Otra parte de este informe se centra en la evolución de los matrimonios. Los que se deciden en dar el paso ha caído de forme considerable desde principios de los ochenta. La edad media en el hombre contrayente es de 31 años, mientras la mujer se acerca a los 30. En cuanto a las rupturas matrimoniales es ya un fenómeno sociológico. Cada día se rompen 408 matrimonios, y a este ritmo, según las previsiones, llegaremos en el 2010 a que por cada matrimonio que se produzca se romperá otro. Es una realidad palpable la evolución, la transformación que la institución más fundamental para cualquier ser humano como es la familia, ha experimentado en España. Como país adulto no podemos generalizar, ni mucho menos creer lo que no es, o una realidad que no existe. Hoy hay diferentes clases de familias, aquellas formadas por dos miembros y aquellas monoparentales. La escuela no debe mirar a otra parte ante este hecho, y a los niños enseñarles la realidad en la que viven, donde hay seres humanos que forman un matrimonio y otros, padres y madres que se han divorciado, y que hay que respetar esa situación, no debiendo hacer pasar a esos adultos por situaciones en los centros que bajo ningún concepto desean. Los niños solo son pequeños en estatura, y de nada vale pintarles en rosa la cruda realidad. La salida cada vez a edad más avanzada de casa de nuestros padres es consecuencia de la falta de empleo, del encarecimiento de la vivienda, y de unos sueldos ínfimos. Las parejas piensan mucho el traer a un hijo a este mundo, tal y como están las cosas. El estado del bienestar no se promete, se cumple haciéndolo.