OPINIÓN
Ventana Nacional
Curri Valenzuela
Última actualización 21/08/2005@06:00:00 GMT+1
Rafael Vera estaba deprimido, quizás porque ya no quedan dirigentes socialistas que vayan a bailar al corro de la patata pidiendo su libertad en la puerta de la prisión donde cumple condena por haberse quedado con los dineros de la lucha antiterrorista cuando era el responsable de su custodia. Pragmático Zapatero, ha esperado al mes de agosto cuando la opinión pública se baña en la playa para concederle una semilibertad de tapadillo que permite al ex secretario de Estado de Seguridad pasar varias horas al día fuera de prisión. Se trata de que Vera se deje de deprimir lo suficiente como para que no cuente lo que sabe de muchas cosas, desde el GAL hasta el 11-M.
Del GAL el que fuera responsable de la seguridad del Estado nunca ha dicho ni palabra en público; del 11-M, tampoco, aunque dirigentes de su partido manifestaron ante la fallida comisión parlamentaria que a las pocas horas de las explosiones de Atocha Vera les facilitó información sobre su posible autoría. En las cárceles españolas hay muchos presos que sufren severas depresiones, casi todos anónimos, otros tan conocidos como Luis Roldán o Mario Conde. Es lógico que se sientan menospreciados, como esos 17 reclusos que han reclamado recibir igual trato que el ex secretario de Estado. Pero solo a este los responsables de vigilar el tratamiento penitenciario le han apreciado suficientes indicios de "riesgo de suicidio" como para otorgarle privilegios inusuales. Qué suerte tienen los que tienen mucho que callar detrás de sus depresiones.