Hemeroteca :: 06/05/2008
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EDITORIAL
La decisión del Gobierno Imbroda de aceptar el convenio de carreteras y el modificado de Horcas Coloradas son un modo de demostrar que la Ciudad Autónoma está dispuesta a aceptar la mano tendida de Escobar
Por Redacción
Última actualización 06/05/2008@07:25:49 GMT+1
El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, convocó una rueda de prensa el pasado sábado por la tarde, un día y una hora poco habituales para encontrarse con los medios de comunicación, aunque estaba justificado dada la importancia de dos de los asuntos que dio a conocer: el cambio de opinión de su Gobierno respecto a dos proyectos que en los últimos meses han hecho correr ríos de tinta por las agrias polémicas que han provocado entre la Ciudad Autónoma y la Delegación del Gobierno, y también de forma paralela entre PP y PSOE-CPM.

Se trata concretamente del convenio de carreteras y la playa de Horcas Coloradas, dos proyectos sobre los que el Gobierno autónomo finalmente ha dado su brazo a torcer, a pesar de no estar del todo de acuerdo con el Ejecutivo central en aspectos importantes como el económico. Sin embargo, la Ciudad Autónoma ha preferido zanjar la polémica y no dilatar más en el tiempo la paralización de ambas cuestiones, muy reivindicadas desde Melilla durante años por su gran importancia para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Además, Imbroda apuntó una razón más, y es que la inversión estatal para llevar a cabo estas obras favorecerá la creación de empleo. De este modo se podría aliviar de alguna manera el aumento del paro, que sigue creciendo a un ritmo imparable en nuestra ciudad sin que la Administración central, competente en este tema, consiga poner remedio para que esta lacra eche el freno de una vez por todas.

El gesto de la Ciudad Autónoma tiene una gran carga simbólica si tenemos en cuenta la etapa política que atravesamos: el inicio de una legislatura, gobernada de nuevo por José Luis Rodríguez Zapatero, y un cambio de titular en la Delegación del Gobierno, tras la entrada de Gregorio Escobar en sustitución de José Fernández Chacón. La semana pasada, un día después de conocerse su designación como nuevo delegado, Escobar mostró su intención de tender puentes de diálogo con la Ciudad Autónoma para entrar en una etapa de colaboración institucional.

Por eso, estas dos importantes decisiones del Gobierno Imbroda son un modo de demostrar que la Ciudad Autónoma está dispuesta a aceptar la mano tendida de Escobar, aunque es necesario que el buen gesto también se reproduzca en el sentido contrario. Por el momento, los compañeros socialistas de Escobar parece que no están por la labor, después de que la diputada Mari Paz Ojeda ofreciera ayer una rueda de prensa para buscarle los tres pies al gato en torno a la decisión del Gobierno local de dar el visto bueno al convenio de carreteras prometido por el propio Zapatero en su visita a Melilla hace algo más de dos años.

Si Escobar quiere de verdad diálogo, debería empezar por sugerirle a sus compañeros de partido que no empañen lo que podría ser una bonita amistad entre Delegación del Gobierno y Ciudad Autónoma en beneficio de los melillenses, como así deseamos todos. Todos menos ellos, al parecer.
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