Hemeroteca :: 22/07/2008
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OPINIÓN

En la red

José Torné-Dombidau y Jiménez (Profesor de la Universidad de Granada)

Última actualización 22/07/2008@04:46:32 GMT+1
SONANDO todavía los ecos de la visita del presidente del Gobierno a Marruecos, hay un punto de coincidencia de toda la prensa: Marruecos humilla a Zapatero, y en su persona a España, al recibirlo en el puerto de salida de las 'pateras', Oujda; en el sexto aniversario de la sorpresiva ocupación marroquí del islote Perejil; con la mínima expresión de la bandera rojigualda -apenas un paño de cocina-, y, por si faltara más, con una inamistosa e improcedente 'reivindicación' (sic) de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla en boca del primer ministro marroquí (la voz de su amo, como se sabe y nunca mejor dicho) y ante las barbas del gobernante español. Dos ciudades, por cierto, tan españolas como Cádiz o Pamplona. Ésta sería la crónica sintética a la que habría de llegar un alumno de periodismo por muy primerizo que fuera.

Las relaciones entre los dos países no han sido, ni desgraciadamente lo son, normales y pacíficas. Sin necesidad de remontarnos al 711, ni de referir lo que nos costó la reconquista, hemos padecido campañas bélicas muy cercanas a nuestros días. Recordemos las guerras de la segunda mitad del S. XIX; la traidora rebelión de los caudillos bereberes con Abdelkrim a la cabeza; el nada exagerado 'Desastre de Annual', así llamado por la matanza vil de miles de soldados españoles de reemplazo... Y ya, casi en nuestro tiempo, el inesperado ataque a las posiciones españolas de Sidi Ifni que condujo a entregar a Marruecos ese territorio bajo el frío y técnico término de 'retrocesión'. Y con más muertos olvidados injustamente por la patria que los envió a combatir y a morir.

Ni siquiera el general Franco supo o pudo implantar líneas claras e incontrovertibles en las relaciones exteriores de España con Marruecos, a pesar de su indiscutida autoridad y prestigio incluso en el propio reino alauita. Sólo agonizante el Caudillo, Hassán II se atrevió a organizar la Marcha Verde, que tan buenos frutos le dio, a costa de la soberanía española y del pueblo saharaui. De esta vergonzosa página histórica España todavía resulta responsable y pesa sobre su conciencia.

Empero no podemos, por ahora, cerrar el capítulo de agresiones marroquíes. Las escaramuzas y provocaciones han seguido. Justamente en estos días se cumple el sexto aniversario de la ocupación de Perejil, un simbólico islote a tiro de honda de Ceuta, en cuyo estatuto de 'ciudad' autónoma (año 1995) no se hizo mención 'para no molestar al vecino' (¿sic!), y cuyo rango jurídico-político no es de Comunidad autónoma ¿por la misma razón! La ocupación lo fue con gendarmes y soldados, no con poetas ni ecologistas. Sin duda, la 'hazaña' formaba parte de un preconcebido plan tendente a comprobar la capacidad de decisión y respuesta del Gobierno español. La oposición política española de entonces ridiculizó, sin piedad, la enérgica, limpia e incruenta respuesta del gobierno Aznar. Incluso esa misma oposición, en clara intrusión con las competencias regias de La Zarzuela, 'otorgó' título nobiliario al Ministro de Defensa de la época denominándole 'Marqués de Perejil'. ¿Se imaginan ustedes la risa y cuchufletas que se oirían en la Corte norteafricana? ¿Así se refuerza la política exterior de un país, que debe ser política de Estado?
Nada mejor que soñar para encuadrar perfectamente el tablero de ajedrez de la política hispano-marroquí. ¿ A qué ha ido nuestro presidente? ¿A pactar? A pactar, ¿qué? Imaginemos, pues, dos escenarios. Uno: un vecino nuestro, del piso de enfrente, nos invita un día a visitar su casa, a tomar un aperitivo y, de paso, a fortalecer las relaciones intervecinales, ya se sabe. Estando en su casa nos espeta que 'reivindica' parte de la nuestra, una habitación, pongamos por caso. ¿Se imaginan la reacción del invitado y el futuro de ésas relaciones vecinales? Sin palabras.

El otro sueño. Pensemos, por un momento, que en la península ibérica reside Gran Bretaña y en las Islas Británicas, España, que tiene ocupado un territorio inglés llamado Gibraltar. Sabemos que la política exterior inglesa es de Estado: o sea, unitaria, permanente y raras veces mudable, esté quien esté en el 10 de Downing street ('Inglaterra no tiene amigos, sino intereses'). ¿Se atrevería el sultán alauita a 'reivindicar' territorios de soberanía inglesa en el Norte de África? ¿Le presionaría? (Recuérdese la guerra de Las Malvinas, a 18.000 kms. de Londres). Continuando con este juego de imaginación, que he propuesto al paciente lector, Inglaterra habría recuperado, decenios ha, su Gibraltar supuestamente ocupado por España, mientras que ésta -seguro- habría perdido sus posesiones de soberanía norteafricanas, algunas de ellas anteriores a la incorporación de Navarra a la Corona unitaria de España. ¿Razón?: la diferente política exterior de uno y otro país; la carencia de claridad, fortaleza, unidad y sentido de Estado por parte de algunos gobiernos españoles, con indiscutibles complejos.
¿Qué hacer? ¿A qué va a Marruecos el Sr. Zapatero? ¿A que le abofeteen? ¿De qué habla? Nuestros vecinos tienen que comprender, y nuestra diplomacia lograrlo, que las relaciones entre los dos países tienen que estar basadas y regidas por los necesarios principios de igualdad, respeto, racionalidad y Derecho. Estos dos últimos conceptos son difíciles de asumir para una mentalidad y cultura árabe, lo sabemos. La razón cartesiana, y la idea del Derecho, de origen romano, han de ser dos puntales en la defensa de nuestros derechos frente a las reclamaciones moras. Por tanto, racionalidad, política de Estado -esté quien esté en Moncloa- y firmeza en defensa de nuestras razones político-jurídicas han de conformar el espinazo de nuestra política de asuntos exteriores con Marruecos.

Por eso, Sr. Zapatero, antes de hacer un mal viaje y recibir humillaciones y discriminaciones, que en un régimen democrático, como es el suyo, se trasladan a sus conciudadanos, los españoles, es mejor y más inteligente quedarse en casa, y dar instrucciones al ministro del ramo para que consensúe una política exterior de Estado ante posibles nuevas travesuras de Mohammed que, lamentablemente, se pueden repetir. Y, por cierto: cambie usted de titular de asuntos exteriores, que al Sr. Moratinos le ha resultado 'muy positiva' la visita.
(Artículo publicado en 'El Ideal Digital' de Granada y que por su interés reproducimos)
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