OPINIÓN
El Rincón de Aranda
Juan J. Aranda
Última actualización 10/08/2008@01:09:23 GMT+1
Si Emilia Pardo Bazán levantase la cabeza y viera el cachondeo que armó la comparsa gallega "Os Moracos", a las puertas del que fuera su famoso Pazo de Meirás, parodiando la boda de la "biznietísima", creo que hubiera sonreído un poco, al ver llegar a las puertas de esa finca, un personaje, que hacía el papel de Franco, en un coche descapotable, con guardia mora incluida, escuchar el estribillo: "¡No estaba muerto, estaba de parranda!". La novia se llama: Leticia Jiménez-Arnau Martínez -Bordiú, y el novio, salvadoreño: Marcos Sagrera Palomo. Fíjense si a la novia le quitáramos los apellidos "suplementarios" Arnau y Bordíu, se quedaría con los apellidos Jiménez y Martínez, apellidos castellanos muy corrientes en España, de los que yo tengo varios amigos apellidándose así. Una señora, gallega, llamada Olga, con 74 años a sus espaldas decía: "Cuando entré a trabajar con 13 años en una fábrica de telares de La Coruña, me descontaban una peseta de las 41,15, para pagar el Pazo. Yo lloraba, y mi padre me decía: . Entonces yo callaba, pero ahora ya no".
Creo que celebrar una boda postinera de un familiar del dictador, con cerca de trescientos invitados, en una finca llena de polémicas, cuando la propia Xunta de Galicia, desea que sea abierta al público cuatro días al año, es una verdadera provocación, más o menos es como hacerle un corte de manga a los gallegos. Y más si saben que en el año 1938, antes de finalizar la sangrienta Guerra Civil, esa finca la costearon con sus óbolos "forzosos", como la señora Olga, Entonces: ¿Porqué tanta soberbia provocadora?. Creo que la Condesa Pardo Bazán, doña Emilia, como le llamaban sus coetáneos, hubiese escrito algo ambivalente hacia esa familia, como solía hacerlo al referirse a esa clase que llaman "alta"; y con simpatía a la clase social "baja" que la reclama, ya que al obrero y a la mujer del campo, como ardiente feminista que era, los defendía a toda costa.