Hemeroteca :: 06/10/2008
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REPORTAJE

Por Enrique Bohórquez López-Dóriga

Última actualización 06/10/2008@15:49:18 GMT+1
Marruecos posee unos espectaculares hoteles y unos magníficos campos de golf (Foto: MELILLA HOY)
Marruecos es, a la vez, un país cercano y lejano, mítico y terrenal, cálido y arisco, grande y pequeño, subdesarrollado y desarrollado. Marruecos es un país de grandes contrastes, que a los españoles les atrae poderosamente o les repele sin matices, porque, innecesario es resaltarlo, nos une una larga historia conjunta y nos separa un largo período de falta de contacto y mutua desconfianza.

Marruecos es, inevitablemente, un vecino muy próximo con el que nos conviene mantener, como a ellos les conviene también, una buena relación, y para ello no hay camino mejor que el de conocerse mutuamente y reestablecer unas relaciones más basadas en el mutuo conocimiento que en los habituales tópicos, ya desfasados en la mayoría de los casos. Por eso un viaje, como el que hicimos por Alhucemas, Tánger, Casablanca, Rabat, Fez, Mekines, Tetuán, Alcira y Xauen resultó tan atrayente como conveniente.

Tánger y Alcira
Tánger, la antigua y famosa ciudad internacional, concentra hoy la mayor inversión inmobiliaria de España en Marruecos y el 70% de sus turistas son nuestros compatriotas. Con algo más de un millón de habitantes, su terreno urbano ha pasado en los últimos diez años de costar 1 euro el metro cuadrado a costar 1.000. El español se habla en casi todas partes, su alcazaba es un lugar lleno de encanto y de callejuelas andaluzas estrechas, blancas o azuladas. España está, además, muy cerca geográficamente: Tarifa a poco más de media hora de barco. El potencial de desarrollo e influencia y cooperación de nuestro país, vía Tánger, es enorme.

Alcira es una de las pequeñas ciudades más bellas del mundo. Fundada y amurallada por los portugueses, unas 150 familias, la mayoría ricas y famosas, pueblan su alcazaba. Entre ellos, Antonio Gala y Felipe González, que poseen allí espléndidas mansiones. La herencia española es tan palpable como actual: restaurantes como Casa Pepe, casi siempre lleno, mantienen el fuego. Un sitio extraordinario para descansar viendo el mar, escribir, pensar rodeado de las blancas casas, del dominante añil.

Casablanca y Rabat
Casablanca, la capital industrial de Marruecos, con 5 millones de habitantes es su ciudad más poblada, con magníficos hoteles, como el Golden Tulipe. En su enorme zoco se pueden comprar los bolsos y relojes más baratos del mundo. En el Café de Ricky una americana avispada ha recreado el ambiente de la mítica película (Casablanca) de Bogart, a pesar de que, como se sabe, la película no se rodó allí. La enorme mezquita de Hassan II, construida con el dinero de todos los marroquíes y erigida sobre el mar ("el trono de Dios era sobre el agua", dice el Corán) es una de las grandes obras del siglo XX, con una sala de oraciones de 20.000 metros cuadrados y capacidad para más de 25.000 personas.

Rabat, la capital oficial, mantiene el tono de una moderna ciudad europea, algunos espléndidos restaurantes, como el Tapis Rouge, unos magníficos campos de golf y el espectacular Mausoleo de Mohamed V, en el que también está enterrado su hijo, Hassan II.

Alhucemas y Fez
Alhucemas es como una parte de España, con una hospitalidad típica del mejor cuento marroquí. Relativamente próxima a Melilla, que tanto puede aportar a su desarrollo, en ella se hacen palpables y comprensibles las palabras que nos dedicó el joven y brillante ministro marroquí de Turismo, Mohamed Busaid, cuando aseguró que entre españoles y marroquíes hay muchas cosas en común, además de la proximidad geográfica y el mutuo aprecio. En Alhucemas el gran trabajo que está haciendo el dinámico Presidente de la Agencia para el Desarrollo de las Provincias del Norte, Fuad Brini, se empieza a notar y abre grandes perspectivas de inversión para los empresarios españoles.

Fez, contemplada desde dentro de su medina, en la extraordinaria ubicación del Hotel Palais Jamai, es una de las grandes maravillas del mundo. Visitar la medina es volver a la edad media, es perderse en un mundo que sólo allí existe. Sus atardeceres son inolvidables y la habilidad de sus artesanos incomparable. Te pueden hacer una chaqueta de cuero a medida en dos horas o una fuente de mármol en dos días. Fez es un espectáculo colosal, un lugar al que merece la pena volver, y volver.

Tetuán, Xauen y Mequinés
En Tetuán, la antigua capital del Protectorado de España en Marruecos, asistimos al 8º Congreso de Turismo marroquí, con gran presencia oficial francesa y escasa española. Para los nostálgicos, volver a Tetuán o conocerlo es revivir parte de nuestra historia. El Congreso dejó clara la preocupación y el interés marroquí, encabezado por su Rey, en desarrollar las sin duda inmensas posibilidades turísticas del país. Muy cerca de Tetuán y ya a las puertas de Ceuta está MQuid (El Rincón) quizás el pueblo más limpio de Marruecos y sin duda uno de los más bonitos del país. Y un poco más allá el espectacular Hotel Sofitel, junto a la playa y en el que disfrutamos de un extraordinario espectáculo de música y baile flamenco/andalusí.

Xauen es una ciudad santa, impregnada de espiritualidad y sapiencia. Para muestra, una reunión con Sidi Ali Raisuni, una institución en la ciudad, un hombre absolutamente enamorado de su tierra al mismo tiempo que abierto al mundo. Poco a poco Xauen se ha ido abriendo a los turistas, que hoy ya copan sus calles y comercios.

Mequinés-Tafilalet es una ciudad que mantiene su tinte imperial: fue capital del reino con el Sultán Mulay Ismail, contemporáneo de Luís XIV, y hoy es Patrimonio de la Humanidad, además de cuna de la dinastía alauí, que reina en Marruecos desde hace cuatro siglos. Es muy curiosa la manera de colocar en pirámides las frutas, aceitunas, etc, que, con asombrosa paciencia y perseverancia, realizan los tenderos de la preciosa medina de la ciudad.

Visitar y conocer el país es una experiencia intensa e inolvidable
Pero Marruecos no es sólo eso que vimos en este último viaje que ahora comento. Maruecos es, también, las montañas del Atlas, y el Rif con su indómita población beréber, y las enormes costas mediterráneas y atlánticas llenas de playas paradisíacas, y las míticas e interminables arenas del desierto del Sahara. Visitarlo y conocerlo es una experiencia tan intensa como inolvidable.
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