SOCIEDAD
Por Jesús Andújar
Última actualización 12/10/2008@01:45:42 GMT+1
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| Una foto de familia en la que se echan de menos algunos rostros (Foto: GUERRERO) |
Los integrantes de la primera promoción de Diplomados en Enfermería de la Escuela de Melilla vuelven a reencontrarse 25 años después de haber salido con su título de las puertas del antiguo Hospital de Cruz Roja. Ayer festejaron esta ‘vuelta a los orígenes’ con un entrañable acto en el que se dedicaron emotivas palabras de recuerdo para los compañeros desaparecidos. También se impusieron insignias y se entregaron, por fin, las orlas que les reconoce como la primera promoción de la Escuela.
El Hotel Melilla Puerto se convirtió ayer en el escenario del reencuentro de la primera promoción de Diplomados en Enfermería de la Escuela de Melilla, en su 25 aniversario. Allí estaban todos, aunque no físicamente, para reencontrarse con antiguos profesores y con compañeros a los que la cercanía y la convivencia convirtió en amigos para toda la vida. Sonrisas y lágrimas de nostalgia y cariño sembraron el desarrollo del acto presidido por un magistral José María Gómez Montes, pediatra de buena parte de la población melillense en los últimos cincuenta años y director de la Escuela de Enfermería en sus comienzos.
Estos días están llenos de agradables sorpresas, donde redescubrir al compañero con el que se compartieron esas primeras clases prácticas con pacientes de verdad y esos miedos que, con el tiempo, ayudaron a formar a auténticos profesionales del mundo sanitario melillense. Ayer, por fin, recibieron la orla de fin de curso y con las fotos de hace 25 años, además de una insignia del Colegio profesional que pertenecen y un regalo.
"Sois el corazón, el alma de los hospitales, de los centros de salud y os deseo todo lo mejor", manifestó el doctor Gómez Montes. El pedagogo habló también de los restos a los que se enfrenta la profesión, y les insistió en la necesidad de formar a las nuevas generaciones como profesionales que "no traten a los mayores como si fueran niños o con medio cerebro, sino personas a las que dar un tratamiento digno", una máxima que deben llevar a la práctica todos los enfermeros y enfermeras en su labro diaria, y además "con una sonrisa, que es el bálsamo que cura la enfermedad del alma. Y quiero, sobre todo, que al término de vuestra vida laboral os sintáis orgullosos de la labor realizada".
Los antiguos alumnos tienen previsto celebrar hoy una comida informal después de realizar una visita por los museos de la ciudad, de una Melilla a la que en ocasiones algunos llevaba 25 años sin pisar.