EDITORIAL
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| El premio poético necesita recuperar la repercusión nacional y la faceta promocional y de imagen para la ciudad que tuvo en las primeras ediciones |
Por Redacción
Última actualización 15/10/2008@03:14:41 GMT+1
Cuando la rutina y falta de renovación se cierne sobre determinadas eventos suelen perder parte de los objetivos por los que se crearon y eso está ocurriendo con nuestro premio internacional más importante, el de poesía.
Será el próximo lunes cuando la Consejería de Cultura y la UNED de forma conjunta desarrollen de nuevo, en el salón dorado del Palacio de la Asamblea, el acto en que se hace público el fallo del jurado sobre el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla y la Beca de Investigación Miguel Fernández, de más reciente creación.
Hace ahora tres décadas y con gran acierto el, por entonces, Ayuntamiento de Melilla lanzaba el premio literario de este género minoritario. Y decimos que con buen criterio ya que con la capacidad que las arcas municipales de una ciudad cuya población es de 72.000 habitantes pueden destinar a un acontecimiento cultural no hubiéramos podido destacar con un premio literario de narrativa. Ni de lejos se habría podido competir con grandes Ayuntamientos o editoriales como Planeta en la que José Manuel Lara en 1952 creó el premio con la dotación económica más importante del mundo ya que el ganador se hace acreedor de la publicación de su novela en la prestigiosa empresa, así como de una partida de 600.000 euros.
Melilla optó en su día por premiar a los poetas convocando un premio actualmente cifrado en 18.000 euros, por lo que comparte la hegemonía nacional con el “Emilio Alarcos” que la Consejería de Cultura de Asturias convoca desde 2002 y al que otorga la “Fundación Loewe”, desde 1988.
El “Ciudad de Melilla”, que ha alcanzado un notable prestigio dada la categoría de sus ganadores y la composición de sus jurados, atraviesa un “impasse” en cuanto a su faceta promocional para la ciudad ya que su repercusión nacional se ciñe prácticamente a reseñas en publicaciones muy especializadas. El formato de la gala no ha sufrido en los últimos tiempos innovación alguna por lo que no atrae ni a los poetas locales.
En una primera etapa la cita poética tenía una importante connotación social que la catapultaba como uno de los acontecimientos socioculturales más esperados del año. Se centraba en torno a una multitudinaria “cena de la poesía” que se desarrollaba en los marcos más vistosos y agradables de la ciudad como son los parques Hernández y Lobera o la batería de la Muralla Real, entre otros. Los tiempos cambian y hoy día ese gasto suntuario no sería aconsejable ni compatible con la situación económica por la que atravesamos, sin embargo concitaba en la ciudad a un considerable número de agencias y medios de comunicación nacionales e internacionales tanto escritos como televisivos con lo que se contribuía a la mejora de la imagen de la ciudad.
Con posterioridad, el consejero de Cultura, Javier Martínez Monreal, despojó el acto del matiz social reduciéndolo al estrictamente cultural, decisión por otro lado respetable, pero que desde entonces ha permanecido inalterable llegando a alcanzar una monotonía que se extrapola con frecuencia a la composición del jurado y que convierte a la reunión cultural en tediosa, por lo que sería muy aconsejable imprimirle un nuevo aire más imaginativo y atractivo y que, sobre todo, provocara una mayor repercusión en los medios nacionales que es uno de los fines prioritarios de la inversión y apuesta cultural.