OPINIÓN
El rincón de Emilio Amo
Por Emilio Francisco Amo Urbano
Última actualización 27/10/2008@02:21:11 GMT+1
Ayer un individuo me llamó de la forma más original posible: tonto con avaricia. O algo así. Que dicho de otra manera es como decir que no ha habido tonto más tonto que tú, o que lo superas.
El antropoide bípedo, que es un animal que se parece mucho al hombre, se creyó superior en todo y en todos hasta el punto de beber vino entre gracias de verbena. Y a medida que pasaba el tiempo el orangután esgrimiría toda clase de partículas salivosas y carcajadas dignas de su especie, haciendo honor a su nombre y, por supuesto, a la cantidad de fruslerías que soltaría en cuestión de pocas horas. Éste ya no será el futuro de nuestros pueblos y ni esperemos que se convierta en el icono de las generaciones postreras, a la sazón que para callarle, el que suscribe ha aportado a la sociedad muchas más cosas en 28 años de vida que él en el doble que me lleva. Y cortando la carne por la parte más tierna, con el apoyo y cercanía de los tantos melillenses a los que conozco y amo y que en su día, tanto se volcaron para con el chavea que se atrevió a presentaros el pasodoble de Finito de Córdoba ante algo más de 6000 personas hace ya cinco años. Y resulta que soy tonto con avaricia en boca, ya sabemos, de un simio degustador de vinos baratos. Vaya del que vino a decírmelo.
Esto no sirve, al fin y al cabo, sino para darme cuenta de a quienes son a los que les debo prestar más atención. De a quienes debo de mimar y cuidar tales perlas encontradas en el vergel "melillarense". De sobra, y muy de sobra, que soy consciente. Todos ustedes, con nombres y apellidos, a quienes os debo gran parte de lo que soy y de lo que tengo: en mi último testamento legaré el amor a Melilla. Y por otro lado, desecharé a esos animales de dos patas que se sostienen con la cabeza hueca y el corazón de piedra, incapaces de dar algo sino copas de vino en las barras de los bares. Perfectas moscas cojoneras. Ineptas.
Y como amigos que son os pido que no me dejen sin vuestra amistad ni vuestro cariño porque lo necesito. Y que perdonen mis fallos, mis errores y mis deficiencias que son muchas. Para que en un nuevo amanecer, que espero que sea muy pronto, nos volvamos a encontrar en Melilla, en sus calles y en sus plazas, al dulce sabor de la gente de bien que, como en ningún lado, se concentra en la noble Rusadir Fenicia, en la Melilla que todos amamos y veneramos.
Y mi saludo, más que entrañable, para el insigne poeta Eladio Algarra, al que desde el corazón, aprecio, respeto y admiro.
Para todos, mi cordial y afectuoso abrazo.