OPINIÓN
El Espejo
Por Ana Bohórquez
Última actualización 15/09/2005@06:00:00 GMT+1
Ayer la presión migratoria a la que se ha visto sometida Melilla a lo largo de este estío fue protagonista tanto de la pregunta formulada por el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, en calidad de senador por el PP, al ministro del Interior, José Antonio Alonso, en la sesión de control del Senado, como -aunque con carácter más específico- del interrogante dirigido por el diputado y coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, al mismo ministro durante la sesión de control del Congreso. Llamazares limitó su pregunta, empero, a la polémica surgida entorno a la muerte del inmigrante camerunés y, directamente relacionada con ella, al contenido del informe de la Guardia Civil en el que se excluye cualquier relación causal entre el fallecimiento del subsahariano y la actuación de los miembros de la Benemérita.
Ante la pregunta de Imbroda el ministro Alonso no podía por menos que recalcar el ejemplar, a la vez que responsable, racional y eficaz proceder del Gobierno ante las reiteradas avalanchas de inmigrantes, enfatizando a su vez la extraordinaria colaboración existente en la actualidad con Marruecos en materia de control fronterizo. Por su parte, el senador "popular" mostró en su turno de réplica ese habitual escepticismo que ha caracterizado prácticamente todas sus declaraciones públicas en referencia a las medidas para hacer frente a la presión de la inmigracion ilegal (incremento de la presencia policial, recrecimiento del vallado del perímetro fronterizo, entre otras) así como su incredulidad por lo que se refiere al avance real en la cooperación entre el Gobierno y el reino alauita. Ni uno ni otro aportaron ni un ápice a fin de avanzar en la ardua tarea de iniciar un cambio de la que se ha demostrado ineficaz política de control y aseguramiento de esos vulnerables límites fronterizos que separan la vida soñada de la dura realidad. Como era previsible ambos redujeron sus intervenciones a reiterar lo ya declarado con anterioridad: para el ministro del Interior todo va de de maravilla, así que salvo adelantar unos mesecillos el recrecimiento de la valla fronteriza, pocas iniciativas adicionales, o incluso novedosas, se habrán de emprender para velar por la impermeabilidad de la frontera que nos rodea; para Imbroda ninguna medida tiene sentido, salvo esa a los ojos del ejecutivo local siempre dudosa colaboración con el país vecino para frenar las avalanchas desde su punto de origen. Marruecos, a mi parecer, no hace los deberes como debiera, pero no por ello se deben desmerecer todas y cada una de las medidas adoptadas por el Gobierno central. En el juego político (lo adivinamos casi todos) la colaboración con el contrario está, al parecer y mucho más en el marco de ese enrarecido clima que rige la vida política española, fuera de lugar. Pese a ello, en una materia tan delicada para el mantenimiento de la paz social y el equilibrio poblacional, incluso en la diversidad, sería deseable que los oponentes ideológicos lograran acercarse, al menos en el análisis de la situación real del problema. Aparcar la radicalidad de posiciones o en exceso conformistas o demasiado críticas, no vendría nada mal, o al menos eso creemos muchos ciudadanos.
Pasando a la interpelación de Llamazares: tampoco aquí hubos sorpresas, puesto que también aquí el ministro de Interior cumplió bien su papel y se pronunció por la racionalidad del informe de la Guardia Civil, como era de esperar. ¿En qué circunstancias falleció exactamente el joven camerunés Ypo Joe? Ni idea. Si su muerte no fue debida a un exceso de celo de los guardias civiles a la hora de repeler el intento de entrada masiva de ilegales, como tranquilizadoramente se deduce del informe elaborado por la Benemérita, ¿a qué fue debida? Creo que nunca llegaremos a saberlo: será uno menos, no una simple cifra pues a diferencia de muchos de sus compañeros que perecieron en el camino, antes siquiera de rozar su utópico proyecto, a Ypo Joe se le recordará al menos por su nombre. La verdad sobre sus últimos momentos no la llegaremos, sin embargo, a descubrir nunca.