OPINIÓN
Columna pública
B.Quebdani Ben Abdellah,
Última actualización 28/11/2008@04:48:52 GMT+1
Pues sí, comienzo este artículo en pleno uso de mis facultades mentales -creo- certificado médico en mano -donde se asegura que estoy libre de virus pernicioso o síndrome psicológico alguno- con la redacción del artículo 5º del Estatuto de Autonomía local, cuando cita "la promoción y estímulo de los valores, respeto y aprecio de la pluralidad cultural y lingüística de la población melillense".
No teman ustedes, lejos queda en mí el hacerles un repaso de la historia, tampoco un relato antropológico, mucho menos explicarles el alfabeto de signos Tifinagh, soporte originario de las lenguas bereberes cuyas inscripciones, por cierto, pueden ver ustedes incluso en las Islas Canarias, territorio español desde el año 1402 de "aquella manera" y desde 1496 de forma más oficial, lo que demuestra que ya habitaban por allí mucho antes, sujetos erguidos de cultura amazight.
Utilizaré la lógica - en su formulación aristotélica- como ciencia formal de los conceptos, juicios y razonamientos, pero sigan sin alarmarse porque no encontrarán disertación filosófica alguna. Creo, en primer lugar, en la cultura dentro de su amplia extensión, sin distinciones, como elemento aglutinador y tesoro de los pueblos, nunca como instrumento de sometimiento que destruya identidades; por tanto, fundamental su promoción, desarrollo y protección dentro de los términos descritos.
Debate y dilema de los grandes lingüistas, es, si la cultura influye sobre la lengua o es precisamente lo contrario; lo cierto, sin entrar en polémicas, es que son los pueblos, de manera espontánea, quienes desarrollan un modelo comunicativo concreto dando evolución y dinamismo al lenguaje. Suerte la nuestra que el castellano tiene "partida de nacimiento" hace unos mil años y podemos analizarlo y situarlo con precisión, pero no olvidemos que es consecuencia de una degeneración latina, ahora contaminado con multitud de anglicismos.
El Tamazight, con diversas variantes, presenta innumerables dudas sobre su origen: es apátrida, fruto de una cultura milenaria que se extendió por diversidades geográficas muy amplias, de las que hoy, si apenas quedan vestigios aislados en zonas concretas de algunos países del Magreb, Mali, Níger o núcleos Tuareg. Nunca gozó de status oficial, simplemente es expresión oral -no escrita- de grupos de personas que acumularon experiencias culturales y rasgos distintivos sin delimitación territorial. Digamos que camina, como lo hizo el pueblo de Israel, hasta encontrar la tierra prometida, si les puede servir el ejemplo.
Pero resulta, cosas del destino y el devenir de los tiempos, que en Melilla, localidad de un Estado Libre y Democrático de Derecho, hay ciudadanos españoles -casi la mitad de la población- de cultura Amazight, que hablan Tamazight como herencia y culto a sus padres y abuelos. No son extranjeros, no vienen de otro país, simplemente configuran la realidad intercultural de nuestra ciudad, que dará color definitivo a una nueva sociedad donde la diversidad armónica entrelazada será su principal virtud.
Puede que tenga una idea de progreso trasnochada, diferente al de otras personas, pero haciendo un repaso a los orígenes, trayectorias y derrumbes de las civilizaciones anteriores, casi siempre encontramos elementos traumáticos y la utilización de la "máquina inquisidora cultural" como elemento abyecto y totalitario de exterminio. El Tamazight, forma parte de la pluralidad cultural y lingüística de la población melillense, como reza en el Estatuto. La interpretación o razón legal, nos ofrece el raro privilegio y oportunidad de llevar a cabo una transición serena e inteligente hacia lo que inapelablemente será el futuro. De nosotros depende.