Hemeroteca :: 15/10/2009
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OPINIÓN

Columna pública

Mª Amelia Tortosa Pérez

Última actualización 15/10/2009@01:49:09 GMT+1
El otro día, estuve viendo los funerales en memoria del soldado Cristo Cabello, al igual que en otras ocasiones en las que se han transmitido escenas tan tristes en las que se despedían a personas que han dado su vida por los demás, me emocioné y lloré a "moco tendido", como se dice vulgarmente. Todo era muy emocionante y creo que como yo, la gran mayoría de las personas que lo vieron, no pudieron contener las lágrimas.

Todo iba unido, un chico joven que perdía la vida, una familia dolida, una madre rota, unos himnos emocionantes. "La muerte no es el final", el Himno de Infantería, cantados por los jóvenes compañeros, acompañados por todos los presentes, nos rompía el corazón. La sangre hierve, la piel se eriza, los escalofríos te recorren el cuerpo y las lagrimas caen de forma incontenible.

Unos minutos más tarde llegó otra noticia, la trágica muerte de dos obreros de la construcción. Eran jóvenes y uno de ellos, trabajaba sin papeles. La noticia sólo duro unos segundos. No vimos su despedida, ni las lágrimas de sus familias, ni los rostros descompuestos de sus madres. No sentimos ningún himno que nos hiciera vibrar, no había banderas, ni medallas, sólo noticia breve y silencio duradero.

No sé si hacen falta esos signos externos, si necesitamos que nos motiven para compartir e implicarnos en el dolor de los demás, no lo sé, pero de lo que sí estoy segura es de que hay que hacer algo para que la conciencia nos chirríe cuando oigamos noticias como ésta, que nuestro silencio no sea cómplice de una muerte que se podía haber evitado, que nuestra piel se erice y gritemos de rabia contra los que deciden que lo primero es enriquecerse, y carecen del necesario e imprescindible respeto por la vida de otros seres humanos, incluidos aquellos que no tienen papeles, que nuestras lágrimas arropen por igual a sus familias, que las injusticias y la explotación no sean silenciadas.

De momento, yo, sólo le pido a Dios que el dolor y la injusticia no me sean indiferentes.
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