OPINIÓN
Tribuna Pública
Ángel Meléndez Román
Por
Última actualización 01/11/2009@01:56:25 GMT+1
Dicen que la forma de actuar de cada persona es reflejo de su verdadera condición. Y digo esto antes de entrar a aclarar el "lapsus" absolutamente involuntario y por supuesto exento de la más mínima intencionalidad, al publicar en la edición del jueves un articulo firmado por mí, en el que aparecía, "Jerusalem, capital del estado del Israel". Evidentemente no soy catedrático de Geografía e Historia, pero mis limitados conocimientos son suficientes como para saber que la capital del estado de Israel, es Tel Aviv. No obstante, por documentar mejor el artículo escrito el pasado miércoles me introduje en Google para ver si disipaba mis dudas sobre si era más correcto escribir el nombre de la citada ciudad terminado en "m" o "n". Y me chocó leer "Jerusalem, capital de Israel". Cuando más tarde me dispuse a redactar el artículo de una forma automática e involuntaria, me salió así y el recuerdo de lo que había leído me jugó una mala pasada. Por lo que aprovecho para pedir disculpas, a todos aquellos que se hayan podido sentir molestos por este motivo. Pero, esa es mi verdad. Sin más dobleces y, por supuesto, Dios me libre, sin el más mínimo interés en posicionarme personalmente en el conflicto palestino israelí, por uno u otro bando, ya que me jacto de tener numerosos conocidos y estupendos amigos, tanto en la comunidad musulmana, como en la hebrea. Pero como persona sensible ante al dolor ajeno, dicho enfrentamiento me afecta y preocupa por el sufrimiento que causa a familias de ambos colectivos.
Aclarado esto, me resulta realmente sorprendente la actitud del señor Mohamed Ali, de nombre Abdelkader, con el que efectivamente me unía un alto grado de confianza, afecto y respeto mutuo y que se refiere a mí en su artículo como "nuestro amigo y redactor". Yo, a mis amigos, si tengo alguna diferencia con ellos los llamo, dialogo e intento aclarar situaciones de desavenencia o malos entendidos. Pero claro, eso es lo que yo hago. Sin embargo, el señor Mohamed Alí, de nombre Abdelkader, opta por hablar con mis compañeros Mustafa Hamed y Jesús Andújar y en ningún momento conmigo. Con lo fácil que hubiera sido decirme, mira Ángel te has equivocado y seguro que sin mala fe, como es el caso. Yo hubiera escrito una rectificación y el asunto no hubiera alcanzado esta dimensión pública por un hecho que en sí y debido al contexto en el que se ha producido, no hubiera tenido, ni tiene, mayor trascendencia. Lo que me hace pensar, a la vista de los hechos, que afortunadamente, no todos somos iguales y que las formas de afrontar las situaciones ponen a cada persona en su sitio.