Hemeroteca :: 06/11/2009
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EDITORIAL
No estaría mal que algunos tomaran el ejemplo del ministro y sentaran las bases para que materias tan importantes y sensibles para los ciudadanos como es la Educación no se vean salpicadas por la confrontación política
Por Redacción
Última actualización 06/11/2009@03:04:13 GMT+1
La Educación es uno de esos ámbitos de gestión política que deberían estar exentos del debate partidista, debido a la gran importancia que tiene para fortalecer los cimientos del desarrollo económico y social de nuestro país.

La Educación afecta de forma muy directa a nuestros niños y adolescentes, el sector de la población más vulnerable junto con los mayores. Ellos representan hoy las generaciones futuras que tendrán que tirar del carro de este país de aquí a unos años. Por eso es tan importante que ahora, en su etapa formativa, reciban la mejor -y mayor- educación posible en conocimientos y valores, porque supone una garantía de que estarán bien preparados cuando tengan la responsabilidad de sacar adelante el país. Eso afecta también a la generación presente que en la actualidad está asumiendo esa importante misión, ya que su calidad de vida y bienestar dentro de varias décadas estará en manos de los que hoy dan sus primeros pasos en la vida.

Ya lo dijo ayer el ministro Ángel Gabilondo, un hombre tremendamente comprometido con la Educación, tal y como atesoran sus casi treinta años como profesor universitario. “El mejor legado que podemos dejar a nuestros hijos es la educación y la formación”, afirmó en uno de los múltiples actos en los que participó ayer durante su primer viaje oficial a Melilla.

Razón no le falta al ministro, que en todo momento hizo gala de su convicción por hacer una política sobre la Educación alejada de siglas y colores partidistas. Tanto es así, que en un mitin del PSOE, delante de numerosos miembros socialistas y cepemistas, agradeció a la Ciudad Autónoma, gobernada por el PP, su implicación y “esfuerzo” para colaborar en la mejora de la Educación, aun sin tener competencias ni obligación para ello. Quizá sea el único dirigente socialista que ha mencionado y reconocido públicamente en un acto político de su partido los méritos realizados por el máximo y directo rival, algo que seguramente no gustaría a sus compañeros más críticos sentados entre el público.

Actos como éste, de humildad, compromiso y convicción en lo que se hace, ponen de manifiesto el gran acierto de Zapatero al designar a Gabilondo como ministro hace algo más de medio año. No estaría mal que algunos tomaran su ejemplo y sentaran las bases para que materias tan importantes y sensibles para los ciudadanos como es la Educación no se vean salpicadas por la confrontación política, como ocurrió la legislatura pasada con el director provincial Juan José Murillo. Etapas como aquella sólo perjudican a nuestros niños y jóvenes, consecuencia que nadie desea. Afortunadamente, su relevo por Miguel Heredia ha dado paso a una notable mejora de la gestión y las relaciones institucionales en materia educativa, aunque también es cierto que queda mucho por hacer todavía para resolver algunos problemas que aún quedan por abordar. Ojalá la visita de Gabilondo sirva para poner fin a esas carencias cuanto antes y abrir una nueva etapa de colaboración entre ambas administraciones que dé lugar a una educación de mayor calidad. Ése sería el seguro de vida para una Melilla más desarrollada y competitiva en los años venideros.

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