OPINIÓN
Mis reflexiones
Por Javier Imbroda Ortiz
Última actualización 09/11/2009@02:34:57 GMT+1
Corren tiempos que animan al desánimo. Tremenda paradoja. Situaciones que vemos, oímos y vivimos que nos provocan cierto desconcierto que desemboca en confusión, por lo menos a mí. Unas cuantas, a saber:
Ayer presencié en las noticias esa caravana exhibicionista y reivindicativa que periódicamente organizan las distintas asociaciones de lesbianas y gays, esta vez era en Argentina. Pedían matrimonio. Curiosa petición. Personas que no aceptan a la Iglesia, pidiendo un Sacramento eclesiástico. No lo entiendo. Respeto la opción de vida de cada persona, su unión, sus derechos civiles, ¿pero hablar de Matrimonio? Tal vez habría que buscarle otro nombre.
Alguna de política. Bueno, la verdad es que en política saldrían muchas. Por ejemplo, el PNV que no quiere la presencia del Ejército Español en el País Vasco, por aquello de ir contra todo lo que signifique España, pide ahora protección del mismo Ejército para sus pesqueros que faenan en las peligrosas aguas del Indico. Para volverse locos. ¿En qué quedamos?
Otra de política. Se le atribuye a Pío Cabanillas padre, aquella frase tan atinada y que tanto se prodiga en nuestros tiempos de "cuerpo a tierra que vienen los nuestros". Esto debe pensar Mariano Rajoy después de que presenciemos estupefactos la "batalla" de Madrid.
A nivel de relaciones de pareja, un mundo extraordinariamente complejo por explorar, se ha pasado de la generación de nuestros padres que se aguantaba prácticamente todo, a la actual donde ya no se aguanta nada. Excesivo desequilibrio. Pero esta cuestión merecería capítulo aparte.
Otra situación que me provoca desconcierto es la manía que tiene la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE, creo que se escribe así. De todas formas que me perdonen el posible error, no vaya a ser que también me pongan un canon por la equivocación. Así pues, vayan por delante mis posibles disculpas) en su afán recaudatorio. La penúltima ha sido exigirle el pago correspondiente a un peluquero porque en su local, mientras la gente se corta el pelo o demás trabajos habituales que se desarrollan en una Peluquería se escuchaba música. El peluquero perplejo por la demanda recibida dice que la gente va a su trabajo a pelarse, no a escuchar música.
Parece ser que los agentes de esta sociedad no tuvieron un buen día al informar. Pero vaya Vd. a saber. Cualquier día de estos por cantar en la ducha, al correr la cortina de la misma, nos podremos encontrar a uno de estos agentes escribiendo la correspondiente denuncia, con el consiguiente susto. Al tiempo.
De todas formas, a pesar de estas situaciones, digamos ¿desconcertantes?, ¿irresponsables?, la oportunidad de equilibrar peticiones, reivindicaciones justas, y demás comportamientos, es la esperanza por normalizar actitudes. Actitudes que heredaran los más pequeños y jóvenes. No los desconcertemos a ellos.