OPINIÓN
El Torreón del Vigía
Ángel Gil
Última actualización 22/11/2009@06:21:53 GMT+1
Decía Ortega y Gasset que la palabra Melilla había ejercido una desmesurada e irritable influencia sobre su generación. Tal vez por eso había que desarmar al intelectual escribiendo páginas para conocer Melilla pero comenzando por los cimientos, por nosotros mismos. Esa fue la máxima de Constantino Domínguez, el cronista de lo cotidiano, quien supo popularizar nuestra historia desde las páginas de "El Telegrama de Melilla" y del "Sol de España". Se fue hace treinta años dejando su obra en esta perla desconocida para pasar a la memoria de sus hombres más ilustres. ¡Qué bien hubiera venido en estos tiempos de piratas, la solución, como tú nos relataste, que dio Estopiñán a un secuestro en las aguas de Conil. El otro día tu hijo Santiago, emocionado, me contaba en la COPE, como eran aquellos domingos de su infancia, recorriendo ese campo cercano donde España estuvo y casi como el explorador Badía, con mapa en mano, revivir las operaciones de las Campañas. Así era quien no le hizo tampoco falta nacer aquí para querer a Melilla. Ya no hay "Monte Toro", ni el "Puchol" hace sonar su sirena, las buenas pesetas se fueron, ahora existen los euros que se van mas que las aguas de la Laguna de Puerto Nuevo. Pero queda la copia manuscrita que hizo de la obra de Gabriel de Morales, "Datos para la historia de Melilla", que Constantino Domínguez convirtió en su ABC para indagar por la impronta de un ejército donde jamás un legionario dirá que está cansado o el ejemplo de los Regulares de Alhucemas, Cué, Costell y Saenz de Tejada. Investigó sobre otros personajes, edificios, sobre los recintos de El Pueblo. Trabajó incansablemente con el inolvidable Francisco Mir también en el primer Museo Municipal, que era pequeño y que contaba con pocos medios pero que tenía la impronta de hombres vocacionalmente unidos a una tierra y a su historia. Toda su vida la pasó en África y Melilla le quitó un hijo a Tetuán y lo adopto. Era la sonrisa eterna, la gran vitalidad, corredor en los mil caminos de la vida, cronista costumbrista de la Melilla de los sesenta y setenta, apuntador a su estilo, de fallos del poder como en aquel "Abdelkader, leal entre los leales". Bien merecido tiene el homenaje que ayer en la Asociación de Estudios Melillenses se le tributó, y algo más que cabe esperar. Cuando fui adolescente hable con él. Los episodios locales son Melillerías y su autor simplemente un grande, Constantino.