Hemeroteca :: 29/11/2009
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OPINIÓN

El Torreón del Vigía

Ángel Gil

Por
Última actualización 29/11/2009@00:48:41 GMT+1
No mires para otro lado, ni pienses que es cosa ajena, no te vayas a otra habitación a subir el volumen de la tele, ocurre al otro lado del tabique o en tu escalera o barrio, a tu amiga o a una conocida. María es un ser humano tal cual tú lo eres, que no debe sufrir por ser mujer, ni pertenece a nadie, es ella misma para tomar decisiones sin lastres ni opiniones de quienes desconocen su historia. Ella quiere ahora dejar atrás ese ayer, como un mal sueño, una equivocación y necesita una nueva oportunidad. Está harta que cualquiera le diga piensa en tus hijos, en tus padres, ¿y en María quien lo hace?. Tiene la sensación que nunca nadie se puso en su lugar o lo que es peor, la escuchó, pero todo esto ha tenido de positivo en que se ha hecho fuerte para afrontar lo que estaba por llegar. Hoy recupera las pequeñas cosas de la vida, quedar con sus amigas, salir, elegir una ropa sin tener que dar explicaciones, poder estudiar.

El tortazo que un día recibió es un recuerdo borroso, pero aún le quedan los desprecios en público. Ella le disculpaba y ocultaba el golpe a base de maquillaje. ¿Para qué voy a ir a denunciarle, si lo que ha ocurrido es producto de un mal día?. Además salió y bebió más de la cuenta. Sí en cambio le llama la atención que diga que las tareas de casa parecen femeninas y no una colaboración entre los que habitan un hogar. Es momento de repudiar a todos aquellos que humillan, menosprecian, ignoran a alguien por su sexo o siembran el odio de unos hijos a una madre. La psíquica también es violencia de género, no deja marcas visibles pero están en su corazón, en sus miedos, en sus angustias y en muchas noches de insomnio. Destruye al ser humano y llena a esas mujeres de culpas, infundadas y profundamente injustas. Hace falta más conciencia, más compromiso cívico, mas valores, más educación desde la escuela y desde casa por una igualdad efectiva. Que en esta sociedad no haya lugar para los maltratadores, sean del sexo que sean. Que la violencia entre homosexuales se considere igualmente de género. Escuchar el maltrato es ver una mirada perdida de dolor, es la culpabilidad que dicen tener quienes lo padecen, son huellas en la piel, son esos menores que sufren el síndrome de alienación parental. Escuchar es situarse frente a la violencia y aislarla. Como dice Juan Garbín "Por ser mujer he sido humillada escarnecida y explotada. No tengo nombre pero puedo ser Leila, Mónica o María".
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