Hemeroteca :: 08/02/2010
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OPINIÓN

El rincón de Emilio Amo

Ana Sánchez Mohamed (en el centro) junto al resto de compañeras de la banda de música

Emilio Francisco Amo Urbano

Última actualización 08/02/2010@03:44:20 GMT+1
La chica que ven en la foto, justamente en el medio y con caja a la bandolera, sonriente pero fija al ocular de la cámara, es la chica a la que va dirigido el artículo de esta semana, por ser ella tan buen persona, amiga de sus amigas y por reminiscencia, la nostalgia de este escritor de pacotilla que recuerda cada semana con su puño y letra los años dorados de su etapa por Melilla. Con ella he estado hablando por el Facebook, que ya saben ustedes que viene a ser la red social más grande del mundo. Curiosamente, por eso de que es amiga de mis amigos, la tengo agregada a mi lista y eso que yo nunca hablé con ella ni por casualidad. Pero ya lo ven, también por casualidad ayer mismo conversé con ella y, también por casualidad, una cenita que nos hemos prometido tan pronto como vuelvan mis pies a pisar las sagradas tierras de Melilla. Este es el encanto de Melilla del que tantas veces os he hablado: que los melillenses son, al natural, la mejor perla que brilla desde este lado de Mediterráneo. Y hoy, que ya sé de Ana, también le incluyo en esa lista que se guarda en el corazón, que es la lista del alma, del cariño que nunca muere, o de la amistad que perdurará por los siglos más allá de la muerte y de la vida. A la gente buena siempre se les quiere.

Ana Sánchez Mohamed tiene el encanto de un corazón grande, de un corazón noble y sencillo, de un corazón abierto y nacido en la simbiosis cósmica de la gracia de Andalucía y el duende de Fez, que es de donde nació su madre, la otra perla que conquistó hace ya años al ángel legionario que debe de revolotear ahora por esos cielos claros e infinitos de nuestra ciudad. Además tiene la virtud de la ciencia de la música, esa otra virtud posible del Séneca cordobés de hace tantos años. Y allí donde se cobija y vive la música se crece el buen espíritu, que es el que me une y ata con tantos a los que quiero, como Diego García Toro, Sebastián Justicia Justicia, Sebastián Serrano Morales, Juan Luis Reguero Robles, David Balsa Gándara, Salvador Bellido Mauri, Vicente Torés, Rafael Rey Gómez, Lidia Vargas Marín, Jesús María Molina Buzón, Antonio José Alfonso Piedra, Antonio Vila, Jesús Francisco Ferrón, Padilla, Jesús Núñez Alcaraz, José Manuel Pérez Orellana, Juan Pino Delgado, Luis Chinchilla Garzón y tantos otros. De ahora en adelante, Ana Sánchez Mohamed será la clámide que me refugie del frío de galopar contra marea en la dificilísimas cabalgaduras de mantener vivo el recuerdo y el cariño de aquellos años inolvidables y maravillosos. De ahora en adelante será ella también mi amiga y, por lo tanto, el pentagrama donde se escriban las mejores notas musicales que serán las que nazcan del alma y de la vida. La vida tan injusta a veces.

Los años pasan. Y con ellos van pasando también recuerdos, vidas, experiencias, amigos, padres y hermanos. Parece que nos condenan a una constante transformación, a un continuo devenir en el ser que nos va haciendo lo que somos y lo que tenemos. En parte es el encanto de la vida. En gran parte, es la esperanza que me mantiene con aquellas fuerzas primitivas que me empujaban al riesgo, la esperanza que todavía conserva con vida el resquicio último de observar cómo las cosas pasan, y se pierden y se olvidan miserablemente. Es todavía el aliento de aquellas noches de Viernes cuando partíamos para Málaga o las noches de Domingo cuando regresábamos a Melilla. Hoy quiero que vuelva a ser, Ana, la ilusión de aquellos años que ya no regresarán porque el tiempo los aniquila y borra sin misericordia.

Me tienes prometida una cena. Que será la cena que a la luz del cielo melillense me evoque lo que con tanta nostalgia y melancolía escribo en este periódico semana tras semana. Te tengo prometida una cena que será cuando Dios quiera que vuelva a Melilla y me encuentre con esa tierra a la que amo desde esta lejana orilla de Córdoba sultana y mora. Te tengo ya custodiada en mi corazón. Quédate tranquila. Mientras tanto, ten salud.

Que hoy sé feliz. Y siéntete orgullosa. Lo mereces.
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