EDITORIAL
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| Parece claro que el camino se vuelve a andar para la instalación de un centro comercial en la ciudad y la incógnita es si se llegará hasta el final o, como consecuencia de presiones externas, el Ejecutivo local se verá forzado a dar marcha atrás como ocurrió en los noventa |
Por Redacción
Última actualización 09/02/2010@02:50:26 GMT+1
Mientras ayer nos desayunábamos con nuevos datos económicos negativos, como es el aumento, en el cuarto trimestre de 2009, de empresas y familias en quiebra en el conjunto del país -en Melilla, por fortuna, hubo una sola empresa que presentó el concurso de acreedores y ninguna familia mientras a nivel nacional se han quintuplicado y duplicado respectivamente-, la semana comienza en la ciudad con temas que seguramente darán mucho que hablar.
Entre ellos sobresale la decisión del Consejo de Gobierno de Melilla, que en su última reunión, daba luz verde a una solicitud de licencia de obras para la construcción del primer centro comercial de Melilla. Según anunció su portavoz, Daniel Conesa, este proyecto atraerá una inversión privada de casi 12,3 millones de euros y estará ubicado en los terrenos del antiguo cuartel militar de Valenzuela, cercano al puesto fronterizo de Beni-Enzar. Si bien se han dado las primeras pinceladas de lo que podría ser la primera gran superficie que se construiría en Melilla, no se conoce mucho del proyecto básico presentado por Tres Forcaz Capital S.L., empresa propietaria de los terrenos, salvo que el futuro centro contará con 87 locales comerciales y otro local en bruto de más de 4.000 metros cuadrados para el que aún no se ha decidido un uso concreto, de modo que podría quedarse en un solo establecimiento o dividirse en varios locales.
Históricamente tanto las organizaciones empresariales, comerciales e incluso sindicales se han opuesto a la implantación de una gran superficie en Melilla por temor a los perjuicios que ello podría conllevar para el futuro de pequeños comercios y empresas y, por consiguiente, de los empleos que estos crean y su propia existencia.
Ya a principios de la década de los noventa, con Ignacio Velázquez al frente de la Ciudad Autónoma, se intentó llevar a cabo este proyecto, y se encontró con una oposición tal de los agentes económicos y sociales, que el Gobierno autonómico de entonces tuvo que desistir de su empeño y paralizar la iniciativa.
Han pasado muchos años y parece que las cosas han cambiado, aunque de momento se desconoce cuál será la respuesta que darán las mismas organizaciones que se opusieron a este centro comercial en el pasado y si tendrán la misma fuerza que entonces, cómo para lograr que, en caso de que mantengan su negativa, aborten su instalación en Melilla.
Tiempo habrá de tratar esta cuestión aunque por el momento lo que parece claro es que el camino se vuelve a andar y la incógnita es si se llegará hasta el final o, como consecuencia de presiones externas, el Ejecutivo local se verá forzado a dar marcha atrás como ocurrió en los noventa. Con el paso de los meses sabremos la respuesta a estas preguntas.