OPINIÓN
De actualidad
Última actualización 01/12/2005@06:00:00 GMT+1
Fue tan poderosa la influencia del pensamiento desplegado durante la segunda Legislatura del Gobierno Aznar, con alegre cacería al progre trasnochado y al antiamericano obsesivo, que resulta casi una extravagancia la apelación del ministro Bono al carácter soberano de un país llamado España.
Tiene su explicación. Ese pensamiento, de momento derrotado por las urnas del 14-M, donde tanto influyó cierta apuesta pro-norteamericana de Aznar, ha puesto en circulación un inventario de males para nuestro país, por haber consumado la venta de barcos y aviones al régimen anti-norteamericano de Hugo Chávez. Digo que Bono, durante su reciente estancia en Venezuela para firmar el consabido contrato, se limitó a recordar que España es un país soberano y que su Gobierno, no sometido a otro imperio que el de la Ley, decide con autonomía en función de los intereses generales.
Sin embargo, ciertos sectores adictos al pensamiento conservador y añorante del aznarismo, no han parado de mentar las "graves consecuencias" (Ángel Acebes, por ejemplo) que va a sufrir España por este gesto inamistoso del Gobierno Zapatero con Estados Unidos. Ninguno de estos pensadores ha mencionado el principio de reciprocidad, básico y recurrente en el campo de las relaciones internacionales. Recordemos, sin ir más lejos, que el Gobierno norteamericano nunca consultó a España sobre la venta de armamento a nuestro vecino marroquí.
Se especula sobre el efecto desestabilizador en la zona por la venta del referido material de fabricación española, según temores expresados públicamente por el embajador de EEUU en Madrid, Eduardo Aguirre, aunque no parece que unos barcos de transporte y unos aviones de vigilancia y patrullaje puedan ser decisivos en una eventual desestabilización de la zona. Además, parece un sarcasmo que EEUU pueda acusar a otros de maniobras desestabilizadoras en el cono sur de América (les sonará a quienes ya tengan una cierta edad). Eso, como apelación a la memoria histórica. Por quedarse en el presente, no parece que el más indicado para dar lecciones de buena conducta internacional sea el país del fósforo blanco, el que armó hasta los dientes a Sadam Hussein, el de las cárceles de Guantánamo y Abu Ghraib, el hasta hace poco primer suministrador de armas a Chávez y que mantiene ese mismo récord entre los regímenes medievales islámicos del golfo Pérsico. Sin embargo, hay quienes advierten a Zapatgero de haberse caído con todo el equipo por venderle barcos y aviones a Venezuela, un país formalmente democrático y no sometido a ningún tipo de embargo internacional.