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El artista melillense pretende que las seis esculturas y 58 pinturas se expongan en un circuito itinerante por centros docentes

La muestra de Juan A. Diago amplía su permanencia hasta el próximo día 10 de enero

El horario al público es de 11.30 a 14 y de 18 a 22 horas
El horario al público es de 11.30 a 14 y de 18 a 22 horas

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Desde el año 1982 que fue cuando por vez primera mostró en Melilla su obra, poco después de finalizar su licenciatura en Bellas Artes no exponía de manera individual el melillense Juan Antonio Diago. Pero desde la pasada semana sus creaciones se encuentran a la vista del público en la sala del Real Club Marítimo en la que se pueden observar ocho esculturas y 58 trabajos pictóricos que constituyen el resumen de su trayectoria de los cuatro últimos años. La exposición, que va a permanecer a la vista del público hasta el próximo día 5 de enero, se amplía hasta el domingo día 8.
Además, el pintor va a proponer a la Dirección Provincial de Educación y a la Consejería del área que las obras se muestren de forma itinerante en los centros docentes melillenses porque considera que seria interesante para los alumnos tener un contacto directo y comentar las obras con el autor.

Cuatro años
La muestra que cuelga en el Real Club Marítimo, está conformada por seis esculturas cuya fuente de inspiración fueron las Jornadas de Jazz de la UNED del año 2013 y por una serie de pinturas realizadas entre 2013 y 2016 y otros dos cuadros de fechas menos próximas en el tiempo.

En definitiva, una exposición que refleja una primera etapa que el propio pintor denomina “tiempo y trasformación” en la que Diago trabaja con materiales con capacidad de movimiento, de fusión y cambios susceptibles de transformación en el tiempo, en tanto ocupan o se van situando en el plano en el proceso creativo lo que le lleva a utilizar pigmentos, arena, ceras, polvo de marmolina, cola blanca y fuego que dan paso a una etapa de transición o antesala al período creativo “arte y azar” que se origina a través de las posibilidades que ofrece el azar con materiales previamente manipulados, tanto en los aspectos formales como de color, con la utilización de láminas de madera coloreada de diferentes texturas, intensidades de color y formas y donde prevalece el color azul, sin descartar la gama poco utilizada de los verdes, entre otros.

Entre estas dos etapas nacen obras que se distancian de la abstracción pura y recogen elementos de la naturaleza como la serie “señales eróticas” o las que proceden del mundo de la alegoría como la colección “la mujer rodeada de sus admiradores” o del impacto visual como las que se recogen en “un mundo feliz”, hasta otras inspiradas en obras de artistas del siglo XX.

Ocho esculturas
Las esculturas se basan en la música de jazz con elementos compactos y al mismo tiempo con muchos matices que imprimen una policromía con numerosos puntos de color.

El resultado es una muestra que se entiende tras una observación sin prisas y sin prejuicios para intentar pasar un rato divertido.