Hemeroteca :: 25/01/2006
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OPINIÓN

Ventana pública

Jose Benmatías

Última actualización 25/01/2006@06:00:00 GMT+1
¿Qué ando preocupado? Por supuesto. Preocupadísimo. La amenaza islamista (entendiéndose por islamista lo "perteneciente o relativo al integrismo musulmán", según la RAE) no es una invención mía, ni de esa extraña conspiración de pensadores islamófobos (tómese en cuenta lo absurdo del término cuando la mayoría de los autores que cité en primer artículo, al igual que yo, bien se cuidan de diferenciar entre lo que supone una religión tan válida como cualquier otra como es el Islam de su vertiente integrista) a la que Selam y los de su mismo palo hacen referencia continuamente, sino que es un peligro tan real como los mismos muertos que yacen aquí y allí bajo el epíteto de infieles.

Lo repetiré las veces que hagan falta: el terrorismo islamista es tal en tanto que constituye una visión antimoderna, antiliberal, antioccidental, tirana, misógina, autoritaria, suicida y jihadista del Islam. Y lo que es peor: está legitimada, financiada y avalada por los no pocos empresarios que se bañan en el petrodólar y otorgan cuantiosas subvenciones económicas a los adiestradores de terroristas; por los no pocos imanes que sermonean en los centros de culto en pro de la Jihad; por los no pocos líderes políticos y de opinión, esto es, las élites islámicas, que educan a sus súbditos en el más perverso fanatismo y animadversión hacia Occidente; por los no pocos jóvenes islámicos que entregados e imbuidos por la educación del odio de sus dirigentes se inmolan en un falso nombre de Alá; y, lo más trágico, por los no pocos idiotas de esta izquierda occidental (europea) de hoy que moralmente actúan de garantes del islamismo radical, unas veces tácita y otras directamente, con ese disfraz de corrección política que tanto abunda y con esa falsa careta de tolerancia, de Alianza de Civilizaciones (¡Garaudy, qué bien lo hiciste!) y con ese sentimiento antiamericano y antijudío que les corroe, compartiendo así con los asesinos (perdón, quería decir "insurgentes", "militantes", "activistas", "resistentes", "luchadores por la libertad", etc.) la idea de que existe realmente una causa a priori, léase la culpa de Occidente.

Y esto es precisamente lo que denota lo escrito por Selam: en vez de culpar vehementemente a los asesinos islamistas, sin peros ni reticencias ni objeciones de ningún tipo, prefiere echar las culpas de todos los males del mundo musulmán, o al menos de una gran parte de ellos, a Occidente, evitando así cualquier ejercicio de autocrítica.

Esta es la retórica común que comparten los autodenominados musulmanes moderados: lejos de ejercer, como decía anteriormente, una lucha a modo de resistencia civil contra sus verdaderos opresores, optan por incriminar al gran enemigo imperialista yanqui, chivo expiatorio de todas las tragedias, de sus miserias. Prueba de ello es lo que dijo el excelentísimo y alabadísimo por la progresía Tariq Ramadán sobre los atentados en Nueva York -y por ende, Madrid y Londres-, a los que calificó de "incidentes" debidos, según él, a la opresión que Occidente ejerce sobre el mundo musulmán, amén de otras lindezas.

Pero es el conflicto palestino-israelí el que nos permite evaluar con exactitud el silencio de los musulmanes moderados así como la complicidad de sus líderes. Contrariamente a lo que arguye Selam, los dirigentes políticos palestinos, lejos de decantarse por inculcar valores de tolerancia y libertad a sus compatriotas, ensalzan el terrorismo palestino -que no es otro que el islamista- convirtiéndolo en una causa nacional y digna de veneración.

Selam miente descaradamente cuando afirma que estos condenan los atentados terroristas. Principalmente por las suculentas cantidades económicas que reciben los últimos de manos de la administración palestina. Esto es un hecho tan cierto como que Saadi al Wahidi, alto funcionario de la ANP, declarara el pasado 16 de noviembre al diario palestino Al Hayat al Jadida que su gobierno había creado un comité especial para determinar las pensiones que recibirían los miembros de facciones terroristas palestinas como las Brigadas de Al Aksa (dependiente del partido Al-Fatah, el de Arafat y Mazen), Hamas o Yihad Islámica. Esto, cierto es, no es un hecho nada nuevo, puesto que Arafat ya lo hacía sin escrúpulos. La novedad radica en el ahora carácter oficial. Según Rachel Ehrenfeld, una de las máximas autoridades mundiales sobre terrorismo y corrupción política, haciéndose eco de lo que diría Sufayan Abu Zayda, ministro palestino de Asuntos para Presos, la ANP otorga nada menos que entre 400 y 500 dólares a cada preso palestino que se encuentra en cárceles israelíes acusado de planificar atentados terroristas contra civiles.

La subvención por parte del gobierno palestino a los terroristas es un tema ya añejo que daría mucho de que hablar, pero desgraciadamente no es el único. Claman al cielo las emisiones de la televisión pública palestina -beneficiaria de ayuda económica americana y europea, valga recordarlo- en la que, entre otras cosas, se da ancho campo a declaraciones de imanes violentos, véase Ibrahim Mudeiri que el 8 de agosto del pasado año terminó su alocución televisada con un "Los judíos están detrás del sufrimiento de las naciones. El día llegará en que todo se verá libre de judíos, hasta las piedras y los árboles que los judíos maltrataron... Las piedras y los árboles querrán que los musulmanes acabemos con cada judío".

La educación -estatal- que reciben los niños palestinos es también un tema a destacar. Por ejemplo, en enero del 2002, un niño palestino de 12 años declaró al London Times: "Quiero morir como un mártir. Iré directamente al paraíso si lo hago". O cuando en junio del 2003 la televisión oficial de la ANP entrevistó a dos niñas de 11 años de edad que hablaron de su anhelo personal de alcanzar la muerte en nombre de Alá y exclamaron que este sentimiento reside en "cada niño palestino". Y bien que reside. Según una encuesta realizada por el periódico árabe Sout Al-Nisa, cerca de entre un 75 y 80 por ciento de los niños palestinos ansían convertirse en mártires.

Por si esto no le fuera suficiente a Selam, la voy a hablar de dos hechos muy recientes que merecen gran consideración. El primero ocurrió el pasado 25 de noviembre. Ese día, en la ceremonia de apertura del paso fronterizo de Rafah, Mazen honró a los mártires de Alá cuando aseveró que "este acto se lo debemos a ellos que entregaron sus vidas para que esto fuera posible". El segundo es realmente preocupante: ¿en qué mente medianamente sana puede caber la posibilidad de que un grupo terrorista como lo es Hamas, responsable de cientos de muertes de civiles israelíes, participe en unas elecciones presumiblemente democráticas como está sucediendo con el beneplácito de la ANP?
Todo esto que comento se hace extensible al resto de países islámicos. El caso palestino es solo el ejemplo más esclarecedor. Mas, como bien dice Selam, no voy a extenderme dando publicidad a quien menos la merece. Eso sí, permítaseme plantear una pregunta, a modo de retórica, tan crucial como reveladora: ¿es Selam presidenta de InterCultura o InterIslam? ¿Clamará Selam tan fervorosamente contra las agresiones (haylas) verbales y físicas que se ciernen y a buen seguro se seguirán cerniendo sobre cristianos y judíos? No conservo grandes esperanzas al respecto.
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