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El rápido auge del salafismo en Melilla, una amenaza para la convivencia

El rápido auge del salafismo en Melilla, una amenaza para la convivencia

El auge en Melilla de corrientes ultraconservadoras islámicas puede suponer el aislamiento entre diferentes comunidades religiosas

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El salafismo, palabra de moda en tertulias y noticiarios, es una corriente reformista ultraconservadora del Islam que, aunque surgió en el siglo XIX, ha marcado su historia desde mucho antes. El objetivo del salafismo es recuperar la pureza y la esencia original del Islam, para lo cual plantean una regresión a la tradición y la atención exclusiva al Corán y la Sunna como fuentes teológicas y de derecho. En los últimos años, la ortodoxia -impulsada desde países como Arabia Saudí- ha aumentado en popularidad y para Melilla, donde cada vez vemos más indicios de fundamentalismo, este auge puede suponer un elemento de división y aislamiento que ponga en riesgo la convivencia en la ciudad.

El salafismo -o Salafiyya- es una corriente del reformismo ortodoxo musulmán, nacida como tal a finales del siglo XIX, pero con unas raíces teológico-jurídicas bastante más antiguas, ya que el reformismo conservador ha sido una constante en la historia del Islam desde la desaparición del Profeta.
La idea nuclear del salafismo, extensible a cualquier movimiento reformista conservador, es que el Islam ha sido desvirtuado, y, por tanto, el objetivo del salafismo es su regeneración.
El salafismo propugna la regeneración del Islam a través de una regresión: de una vuelta a la tradición y una recuperación del Corán y la Sunna -tradición- como únicas fuentes auténticas.
Esta “vuelta a la tradición” se manifiesta en la adopción de los usos y costumbres de las primeras generaciones de musulmanes (salaf salih, o “antepasados piadosos”), quienes son considerados como musulmanes ejemplares por ser los que más cercanía tenían con el modo de vida del Profeta Muhammad, mientras que la recuperación de Corán y Sunna como fuentes exclusivas implica oponerse frontalmente a las innovaciones dogmáticas (como las especulaciones racionales o la relativización) y culturales, como la celebración de determinadas fiestas, la veneración de los santos o la brujería (que es una práctica muy típica en nuestra región).
El salafismo defiende que el Corán y la Sunna son la única fuente de conocimiento válido para todas las cuestiones de la vida, y defiende una interpretación estricta de las escrituras sagradas del Islam.

Salafismo en Melilla
En los últimos años, el reformismo ortodoxo ha vivido una fase de gran fecundidad, toda vez que los multimillonarios esfuerzos de estados como Catar o Arabia Saudí han promovido el impulso del fundamentalismo islámico.
Melilla, por su composición demográfica y su situación geográfica, se ha visto muy afectada por la influencia de las corrientes fundamentalistas, hasta el punto en que se ha hecho claramente evidente la existencia de una cantidad cada vez mayor de personas que abrazan la ortodoxia, adoptando una apariencia física y unas vestimentas (niqab, abaya, largas barbas con bigotes rasurados, pantalones remangados, etc) que son culturalmente impropios de nuestra región, el Rif.
Como todo movimiento ortodoxo, el salafismo de predicación (no yihadista), por su carácter excluyente, supone un grave riesgo para la buena convivencia y el intercambio cultural que caracterizan a Melilla, puesto que favorece el aislamiento de los musulmanes en sus propias comunidades y limita la posibilidad de intercambio de impresiones y la permeabilidad de las comunidades.

Usos y costumbres importados de la Península Arábiga

Largas barbas sin bigote, pantalones remangados, un callo en la frente (de la prosternación durante el rezo), pelo corto y vestimentas de colores apagados o neutros para ellos. Largas túnicas en colores apagados; guantes y velo integral a juego para ellas. Las características de esta vestimenta, común en los habitantes de la península arábiga, contrastan con las coloridas -si algo tienen es precisamente color- y alegres ropas que caracterizan a los musulmanes descendientes del acervo rifeño, señal más que suficiente de que los usos y costumbres salafistas han llegado desde muy lejos y resultan contraculturales.