Melilla Hoy 23/10/2017
13 de diciembre de 2019, 0:28:28
Historia

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I Centenario del Sagrado Corazón de Jesús San Manuel González: Obispo de Olimpo El Apóstol de los Sagrarios Abandonados

María Isabel Pintos Mota Isabel Mª Migallón Aguilar


Nació en Sevilla el 22 de febrero de 1877, en el número 22 de la calle Vidrio en el seno de una humilde familia constituida por el matrimonio y cinco hijos; su padre Martín González Lara, era carpintero y su madre Antonia García, se ocupaba de atender a su familia y de las labores del hogar. La vivencia cristiana familiar y el buen ejemplo de sacerdotes le llevaron a descubrir su vocación. Ingresó en el Colegio San Miguel de Sevilla, donde se formaban los niños del coro de la Giralda. Aún no había cumplido diez años cuando ya formaba parte de los "seises" de la Catedral de su ciudad natal. Poco después, con doce años, y sin avisar a sus padres, se presentó al examen de ingreso al seminario. Sus progenitores tomaron esta sorpresa como aceptación de los caminos de Dios.



Manuel, consciente de la situación económica de su casa, pagó la estancia de sus años de formación trabajando como fámulo (sirviente en el convento). Tras quince años de estudios (obteniendo sobresaliente en todos los cursos y asignaturas) llegaría a ser doctorado en Teología así como la licenciatura en Derecho Canónico.

Fue ordenado sacerdote en 1901 por el Beato Cardenal Spínola en la Capilla del Palacio Episcopal. Celebró su primera misa el 29 de septiembre en la iglesia de la Santísima Trinidad, consagrada a María Auxiliadora, a la que siempre se encomendó como mediadora. Su primer nombramiento tuvo lugar unos días después de su ordenación; capellán del asilo de ancianos de las Hermanitas de los Pobres de Sevilla.

Al año siguiente era destinado a Palomares del Río (Sevilla). Fue impactante para él ver la iglesia sucia y abandonada. Frente a aquel sagrario abandonado, ante Jesús Sacramentado, pensó en la gran cantidad de sagrarios abandonados que habría por todo el mundo.
"Allí de rodillas, ante aquel montón de harapos y suciedades, mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba…"
En 1905 fue nombrado párroco de San Pedro de Huelva de la que se hizo cargo ocho días después. En esta ciudad es conocido como "El Arcipreste de Huelva" donde fundó las escuelas del Sagrado Corazón de Jesús, junto con el abogado y maestro Manuel Siurot. Allí vivió durante once años, hasta que fue preconizado obispo auxiliar de Málaga.

En 1910, junto con un grupo de colaboradores nació la "Obra para los Sagrarios Calvarios". Le seguirían otros grupos de similares características: las Marías de los Sagrarios y Discípulos de San Juan, los Sacerdotes Misioneros Eucarísticos, la congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret, Misioneras Auxiliares Nazarenas y la Juventud Eucarística Reparadora.

Entonces, con la sencillez del Evangelio, nació la Obra para los Sagrarios-Calvarios. Con ella intentaría dar respuesta de amor reparador al amor de Cristo en la Eucaristía, a ejemplo de María Inmaculada, el apóstol san Juan y las Marías que permanecieron fieles junto a Jesús en el Calvario.

Concretamente el 4 de marzo ante un grupo de feligresas hacía un importante llamamiento:
"Yo no os pido ahora dinero para niños pobres, ni auxilio para los enfermos, ni trabajo para los cesantes, ni consuelo para los afligidos; yo os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado; un poco de calor para esos Sagrarios tan abandonados; yo os pido por el amor de María Inmaculada, Madre de ese Hijo tan despreciado, y por el amor a ese Corazón tan mal correspondido, os hagáis las Marías de los Sagrarios abandonados".

Puso entonces el germen de la Asociación de Las Marías de los Sagrarios, consideraba como su obra principal, dedicada a la adoración de Cristo Sacramentado. El principal objetivo era procurar que no hubiera ningún Sagrario abandonado.

La gran familia de la Unión Eucarística Reparadora, que se inició con la rama de laicos denominada Marías de los Sagrarios y Discípulos de San Juan, se extendió rápidamente y Manuel abrió camino, sucesivamente a la Reparación Infantil Eucarística en el mismo año; los sacerdotes Misioneros Eucarísticos en 1918; la congregación religiosa de Misioneras Eucarísticas de Nazaret en 1921, en colaboración con su hermana María Antonia; la institución de Misioneras Auxiliares Nazarenas en 1932; y la Juventud Eucarística Reparadora en 1939.

La rápida propagación de la Obra en otras diócesis de España y América, a través de la revista "El Granito de Arena", que había fundado años atrás, le impulso a solicitar la aprobación del Papa. Don Manuel llegó a Roma a finales de 1912, y el 28 de noviembre fue recibido en audiencia por Su Santidad Pio X, a quien fue prestando como "el apóstol de la Eucaristía".

El Santo Padre se interesó por toda su actividad apostólica y le bendijo la Obra.

El 6 de diciembre de 1915, siendo papa Benedicto XV es nombrado obispo auxiliar de Málaga, "Obispo de Olimpo".

En mayo de 1918 se trasladó al Melilla en visita pastoral para consagrar la nueva Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. En 1920 fue nombrado obispo residencial de Málaga; acontecimiento que decidió celebrar dando un banquete a los niños pobres, en vez de a las autoridades; éstas, junto con los sacerdotes y seminaristas, sirvieron la comida a los tres mil niños.

En 1924 invitaba a los Hermanos Marista a fundar un Colegio en Málaga. El 14 de septiembre llegarían los iniciadores, abriendo el primer centro en la calle Santa María, donde había estado el seminario hasta entonces, formando parte de la misma manzana del palacio episcopal.

La noche del 11 de mayo de 1931 marcaría de manera especial su vida, ya que se ve forzado a abandonar Málaga tras el incendio del palacio episcopal. Otros edificios religiosos de la capital malacitana sufrieron igual trato.
Él, junto con familiares y algunas religiosas salieron in extremis por una puerta trasera del edificio, siendo descubiertos. Pasaron la noche en la casa de un sacerdote diocesano.

Ante la falta de garantías por parte de las autoridades, el obispo se vio obligado a marchar a Gibraltar, donde fue acogido por el obispo Richard Fitzgerald. Seis meses duraría su estancia allí ya que el 26 de diciembre viajaba a Ronda y posteriormente a Madrid donde estuvo al frente de la diócesis desde 1932.

El 5 de agosto de 1935 el papa Pío XI le nombró obispo de Palencia, donde pasó los últimos cinco años de su vida. Allí, en el Monasterio de San Isidro de Dueñas, tuvo la oportunidad de conocer al monje san Rafael Arnaíz (considerado como uno de los grandes místicos del siglo XX).

Falleció en el Sanatorio del Rosario de Madrid el 4 de enero de 1940. Sus restos reposan en la capilla del Sagrario de la catedral de Palencia; en su tumba reza este epitafio que él mismo escribió:
"Pido ser enterrado junto a un sagrario para que mis huesos después de muerto como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!"
Quien ejerció su labor apostólica en varias provincias: Sevilla, Huelva, Málaga, Madrid y Palencia fue beatificado por San Juan Pablo II el 29 de abril de 2001. Durante la homilía dijo sobre él:
"Aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: "Es el Señor" (Jn 21, 7). En el evangelio hemos escuchado, ante el milagro realizado, que un discípulo reconoce a Jesús. También los otros lo harán después. El pasaje evangélico, al presentarnos a Jesús que "se acerca, toma el pan y se lo da" (Jn 21, 13), nos señala cómo y cuándo podemos encontrarnos con Cristo resucitado: en la Eucaristía, donde Jesús está realmente presente bajo las especies de pan y de vino. Sería triste que esa presencia amorosa del Salvador, después de tanto tiempo, fuera aún desconocida por la humanidad. Esa fue la gran pasión del nuevo beato Manuel González García, obispo de Málaga y después de Palencia. La experiencia vivida en Palomares del Río ante un sagrario abandonado le marcó para toda su vida, dedicándose desde entonces a propagar la devoción a la Eucaristía, y proclamando la frase que después quiso que fuera su epitafio: "¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!". Fundador de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, el beato Manuel González es un modelo de fe eucarística, cuyo ejemplo sigue hablando a la Iglesia de hoy."
El Papa Francisco presidiría su canonización el 16 de octubre de 2016.

San Manuel en Melilla
En su primera visita a la ciudad, el 19 de mayo de 1918 consagró la nueva iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.

Durante una semana convivió con los melillenses; visitó el hospital central, comedor popular, cementerio y Gota de Leche. Administró el sacramento de la Confirmación a un gran número de niños y niñas de varias escuelas. Desde el principio tuvo un interés especial por la catequesis de los niños, pues consideraba que la infancia estaba muy abandonado espiritualmente. Procuró inculcar en sus almas inocentes el amor a Jesús Sacramentado.

Acompañado de los generales Aizpuru y Monteverde se desplazó a las posiciones militares de Batel, Kandussi, Monte Arruit, Zeluán, etc.

El día 27 de mayo regresaba a Málaga dejando profunda huella en quienes tuvieron la oportunidad de compartir aquellos días con él.

La Nochebuena de 1921, cuando en Melilla y en el resto del país todavía resonaban los ecos de lo acontecido en aquel luctuoso verano, San Manuel se desplazaba de nuevo a Melilla, oficiando la "Misa del Gallo" en el Sagrado Corazón de Jesús.

A este respecto escribe Antonio Jesús Jiménez Sánchez:
" Gestos reveladores del corazón de pastor del obispo Manuel González García fueron las numerosas visitas que hizo a Melilla para conocer de cerca la situación de los soldados que luchaban en la guerra con Marruecos, recrudecida en 1921. Quería llevarles el consuelo de la Iglesia y traer noticias a sus familiares.

En la Navidad del año 1921 decidió visitar a los soldados españoles de África para pasar con ellos esta noche tan especial y familiar. A las doce celebró la Misa del Gallo junto con los soldados, capellanes, oficiales y familiares de los militares. Dicha misa la aplicó por los soldados fallecidos en dicha campaña."

La impronta de San Manuel
Adentrarse en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús es hacerlo en un gran Sagrario, tal y como él lo concibió. Igual que ocurriera con el Seminario del Málaga qué deseaba fuese auténticamente catequético y eucarístico
"No quería un Seminario en el que la Sagrada Eucaristía fuese una de sus cosas aunque la principal, sino que aquel seminario fuese una cosa de la Eucaristía, y por consiguiente en que todo de ella venga, a ella lleve y vaya desde la roca de sus cimientos hasta la cruz de sus tejados, en el que todo lo que viva, se mueva o pase, sea homenaje a ella…"









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