Melilla Hoy 23/10/2017
23 de octubre de 2019, 12:28:23
Editorial


CpM sigue con la ceremonia de la confusión mientras PSOE y Cs miran el paisaje


Para intentar salvarse, CpM sigue echando la culpa a unos y a otros, ahondando en la ceremonia de la confusión en la que lleva inmerso estos últimos cuatro años y que le ha hecho subir como la espuma en las pasadas elecciones, haciéndose con el ansiado poder que no había logrado en dos décadas de derrotas. El último episodio es la supuesta respuesta que el Ministerio de Agricultura habría dado a la vicepresidenta primera de la Asamblea, Dunia Al Mansouri, respecto a que ninguna normativa impide pasar los corderos por la frontera y que ha sido una decisión suya, del Ministerio, prohibir el acceso este año


Han pasado varios días de la celebración del Aid El Kebir, pero el tema del borrego sigue candente porque la decepción de gran parte de la población que votó cambio en las últimas elecciones se ha dado cuenta de que en este polémico asunto, todo sigue igual. Aunque ya no esté el PP en ninguna de las dos administraciones, sino aquellos, precisamente, que lo acusaban de impedir que pasaran los borregos, PSOE y CpM, con Cs mirando el paisaje, como siempre.
Lo decíamos ayer y es conveniente recordarlo, porque ese sentimiento de engaño en gran parte de la población es mayúsculo, aunque haya una relativa calma social. Para intentar salvarse, CpM sigue echando la culpa a unos y a otros, ahondando en la ceremonia de la confusión en la que lleva inmerso estos últimos cuatro años y que le ha hecho subir como la espuma en las pasadas elecciones, haciéndose con el ansiado poder que no había logrado en dos décadas de derrotas. El último episodio es la supuesta respuesta que el Ministerio de Agricultura habría dado a la vicepresidenta primera de la Asamblea, Dunia Al Mansouri, respecto a que ninguna normativa impide pasar los corderos por la frontera y que ha sido una decisión suya, del Ministerio, prohibir el acceso este año. Decimos supuesta respuesta porque el documento no ha sido facilitado, como debería haberse hecho, y más en un asunto como el de los borregos, donde cada uno da su propia versión de los hechos, incluido dentro del propio Gobierno de Melilla, donde se tiran los trastos a la cabeza en público y en privado, especialmente entre PSOE y CpM, con Cs mirando el paisaje, como siempre (otra vez).
Por cierto, que la discrepancia se mantiene, porque Al Mansouri dice que esta supuesta respuesta “alimenta más si cabe” el recurso contencioso administrativo que está preparando la Ciudad Autónoma por vulneración de derechos fundamentales. ¿Pero no era una pregunta, según el presidente de la Ciudad, Eduardo De Castro? Quizá tenga razón CpM cuando habla de denuncia y no de pregunta, ya que hay que recordar cómo el Tribunal Supremo aclaró a la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, que los tribunales no están para hacer consultas, cuando a ésta le “surgieron dudas” sobre la suspensión de los diputados independentistas que están en prisión. Quizá De Castro, como hacía Batet, intenta realmente distraer la atención de lo evidente, y es que un Gobierno, el de Melilla, donde está el PSOE, lleva a los tribunales a otro Gobierno, el de España, donde también está el PSOE. Mientras tanto, la líder del PSOE en Melilla y número dos del Gobierno denunciante, Gloria Rojas, mira el paisaje (como Cs) y sigue sin decir nada, pese a ser la portavoz.
Pero PSOE y Cs deberían dejar ya su actitud contemplativa en este asunto, en el que CpM está señalando a funcionarios de la Ciudad Autónoma y llevando a algunos, como es el caso del secretario técnico de Medio Ambiente, a los juzgados en la denuncia contra la exconsejera Paz Velázquez, en la que para rizar más el rizo, uno de los denunciantes es su propio jefe, el consejero de Medio Ambiente y Sostenibilidad, Hassan Mohatar. Lo más curioso es que sólo dos sindicatos, UGT primero y CSIF después, hayan salido a defender a los empleados sobre los que CpM lanza públicamente sospechas. Eduardo De Castro también mira el paisaje en este caso, mientras se sirve de los votos de sus socios para embolsarse un gran sueldo de 79.598 euros al año, trienios aparte.
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