Melilla Hoy 23/10/2017
29 de mayo de 2020, 8:17:49
Editorial

Carta del Editor


Oigo, patria, tu aflicción

Por Enrique Bohóquez López-Dóriga

“Oigo, patria, tu aflicción” es el comienzo de la “Oda al Dos de Mayo”, de Bernardo López García, no de Espronceda, el de los versos dedicados al pirata de los diez cañones por banda, al que muchos le adjudican la oda. Ahora, como en mayo de 1808, se vuelve a oír en España la aflicción de muchos españoles. Espanta lo que puede ocasionar el probable Gobierno Frankenstein presidido por Pedro Sánchez, que nos retraería a la España de 1934 y siguientes, con el lamentable final ya conocido. Y, a diferencia de lo que ocurrió tras el 2 de mayo de 1808 cuando el pueblo español empezando en Móstoles se rebeló contra la invasión napoleónica, ahora no tenemos a un Goya que pinte la tragedia, el sufrimiento, la barbarie.


“Oigo, patria, tu aflicción” es el comienzo de la “Oda al Dos de Mayo”, de Bernardo López García, no de Espronceda, el de los versos dedicados al pirata de los diez cañones por banda, al que muchos le adjudican la oda. Ahora, como en mayo de 1808, se vuelve a oír en España la aflicción de muchos españoles. Espanta lo que puede ocasionar el probable Gobierno Frankenstein presidido por Pedro Sánchez, que nos retraería a la España de 1934 y siguientes, con el lamentable final ya conocido. Y, a diferencia de lo que ocurrió tras el 2 de mayo de 1808 cuando el pueblo español empezando en Móstoles se rebeló contra la invasión napoleónica, ahora no tenemos a un Goya que pinte la tragedia, el sufrimiento, la barbarie.

Los primeros estropicios de la barbarie política que se avecina ya lo empezamos a notar: no podremos oír, ni ver el mensaje de fin de año del eterno presidente en funciones contándonos, con su insufrible aire de suficiencia, cómo ha sido el año que ya termina. Nos quedaremos, pues y privados de tan luminoso faro intelectual, ignorantes de lo que nos ha pasado y aturdidos ante lo que nos puede pasar. Todo por culpa de unos Abogados del Estado que no se muestran lo suficientemente diligentes a la hora de obedecer al presidente cum fraude, satisfaciendo las órdenes de los separatistas y golpistas catalanes de la izquierda republicana para que el fraude continúe, España pase a ser otra cosa (quizás una nación entre otras ocho naciones, una provincia entre otras cincuenta y una provincias o un cantón entre varios miles de cantones) y nuestro faro monclovita continúe empobreciéndonos (o iluminándonos, no sé).

El inteligente y mutable intelectual que es Ramón Cotarelo, con el que tuve mucho contacto años ha, acaba de publicar un corto e interesante libro, “Los nuevos dictadores”, que compré hace unos días en una librería nueva que han abierto frente a mi casa de Madrid, a cuyas dueñas felicité por hacer algo tan poco habitual en estos tiempos como apostar por el libro y el papel. La teoría de la dictadura -dice Cotarelo- nace en Roma, durante la República. En situaciones de gravedad pública, en apreciación del Senado, este nombraba un dictador, una autoridad investida de todos los poderes por un período de seis meses, con autoridad superior a la de los cónsules. Su misión era restablecer el orden, roto por alguna circunstancia extraordinaria. Un dictador garantizaba el retorno a la legalidad, pero era una magistratura arbitraria y personal, así que acabó sustituida por el Senatus Consultum Ultimum, o decreto de excepción, por el que se otorgaban plenos poderes a los cónsules para que restablecieran la legalidad.

Pedro Sánchez se hizo con la presidencia mediante una moción de censura, con un mandato, convocatoria inmediata de elecciones, para restablecer la normalidad. No convocó elecciones, se convirtió en el dictador de su partido (“la dictadura se convierte en despótica con Lenin”) y, a continuación, en el dictador, en funciones, de España. Y ahí sigue. Y ahí pretende seguir, con quien sea y como sea. Para presidir un Gobierno “de izquierdas y progresista”, además de separatista, algo que no dicen ni Putin, el nuevo zar de Rusia, ni Xi Jinping, en China. Algo que hoy en día solo lo dicen Maduro y el comunista -partido que no gobierna en Rusia- Pablo Iglesias, previsible futuro vicepresidente del Gobierno español, ahora silente para no enfadar a Puigdemont ni a Junqueras.

Fue Marx el que acuñó lo de la dictadura del proletariado. Fue Lenin el que dio sentido de gobierno a esa dictadura, de gobierno no sometido a leyes, sin acortarlo en el tiempo, como hicieron los romanos, sino prolongando la dictadura del proletariado hasta la sociedad comunista en la que “no haya necesidad de Estado ni, por tanto, de dictadura alguna”. La de Lenin convierte la dictadura de una clase, el proletariado, en la dictadura del partido. Y a eso es a lo que ha llevado al PSOE Pedro Sánchez, sin atender a sus antecesores, entre ellos nada menos que Felipe González, que se ha mostrado contrario a los que incurren en la anomia, en el saltarse las normas, lo típico de los sistemas autoritarios, que parecen desenvolverse mejor que los sistemas democráticos representativos a corto plazo, pero que terminan en la servidumbre y el culto a la personalidad, a la sociedad fallida, en suma, a medio plazo. En ese sentido está avanzando, o, mejor dicho, retrocediendo ahora España.

Sobre Melilla, nada nuevo en estos días, porque, desgraciadamente, la catastrófica situación de la economía melillense ya no es noticia. Cuanto más lo pienso y desde la calma de la distancia, más claro me parece que la mejor solución para nuestra ciudad es un pacto a largo plazo del primer partido nacional en Melilla, el PP, que tiene más experiencia administrativa, y el primer partido local melillense, CpM, que podría responder solo ante los melillenses. Si no hubiera dictaduras de partido, el pacto sería posible incluso a corto plazo.

En fin, termina el año y dominan los buenos deseos e intenciones. Para relajarse, recomiendo un libro muy ingenioso: “Con pajarita y sin tapujos”, de Inocencio Arias. Habla de muchas cosas, entre ellas de lo de la “superioridad de la izquierda”, de lo del brexit y de una Inglaterra sumida en “una nostalgia de un pasado imaginario” -como el de los separatistas catalanes-, de una nueva Constitución al gusto de los progres y separatistas y de frases asombrosamente ridículas de varios dirigentes.

En cualquier caso, lean ese libro o no, les deseo a todos los melillenses que padezcan las menores aflicciones posibles y que el próximo año 2020, inicio de un nuevo decenio, les proporcione esa felicidad a la que todos aspiramos. También que podamos seguir leyendo este MELILLA HOY que es, muy probablemente, el periódico mejor impreso del mundo.

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