Melilla Hoy 23/10/2017
10 de abril de 2020, 11:35:56
Historia

Historia


Josefina Haro Serrano, una joven heroína

Por Isabel Mª Migallón Aguilar


“El cementerio de la Purísima Concepción de Melilla es el guardián de las historias de sus moradores, de aquellos que un día fueron parte activa del devenir diario de esta ciudad milenaria.”


Parcela 18

A las diez y nueve horas del día 15 de febrero de 1917 en la calle Aragón del barrio del Real nacía Josefa. Hija del brigada de Artillería Jorge Haro López (de Albacete) y de Antonia Serrano Castilla (de Málaga).

Eran las siete de la tarde del día 17 de julio de 1928, Jorge y Antonia habían salido a pasear con dos de sus hijas, Pepita y Marina. Tenían otros tres hijos más: Salvador Lili y Jorge.

Caminaban por la calle Actor Tallaví, cuando al llegar a la altura de la pescadería la pequeña Marina, de unos cinco años, se separó del grupo, circunstancia que pudo apreciar su hermana Pepita que salió tras ella. En aquel instante una camioneta del servicio público (nº 1.409), que desde el barrio del Real se dirigía a la plaza de España las arrolló sin poder remediarlo. Durante alrededor de cuatro metros fueron arrastradas por el suelo, la distancia que precisó el conductor para poder frenar; las dos niñas estaban bajo el vehículo.

Rápidamente algunas personas acudieron a socorrerlas, una de ellas fue el industrial de la zona Felipe Fernández ya que los padres caminaban a cierta distancia y no se habían percatado de lo ocurrido. Marina apenas si había sufrido alguna lesión leve pero su hermana, Pepita estaba gravemente herida. El conductor fue detenido y trasladado a la prisión de Victoria Grande.

En un primer momento se la llevó a la Casa de Socorro, donde se calificó de pronóstico grave el estado de la niña. En una ambulancia de la Cruz Roja fue trasladada al Docker. Tal fue la envergadura de sus heridas que exhalaba el último suspiro aquel infantil cuerpo a las veintidós horas en el hospital Pagés. Pero antes de fallecer la joven heroína dijo a su padre:
“Corrí tras de Marina, para que no la atropellara la camioneta”

La noticia apareció en la primera página de El Telegrama del Rif, del jueves día 19, bajo el título Muere por salvar a su hermanita. El heroísmo de una niña, decía así:
“En máquina el número de ayer, recibimos la triste noticia de haber fallecido en el hospital Pagés, la infortunada Pepita Haro, y fue imposible dedicarle el homenaje póstumo que su acto heroico merece.

A preguntas del atribulado padre respondió en el lecho del dolor: “Corrí tras de Marina, para que no la atropellara la camioneta”. Quiso salvarla de la muerte, y la muerte fue poco piadosa con esta abnegada niña. Se dio cuenta del peligro que corría y lo afrontó sin titubeos ni vacilaciones, con grandeza de alma y generosidad infinita. ¡Que hermoso rasgo de amor fraternal!
Es un noble ejemplo digno de excelsa conmemoración. La lápida de la tumba, debe rememorar el supremo sacrificio de la que fue niña por sus años, pero mujer fuerte, audaz y valerosa, por sus hechos. La Junta Municipal quiso dar solemnidad al entierro y dispuso siguiese el itinerario reservado a los que alcanzaron en vida notoriedad por su ejemplar conducta.

En la Plaza de España, se unieron al duelo, abriendo marcha, las compañeras de la finada, alumnas del Colegio de las Reverendas Madres del Buen Consejo. El blanco féretro era portado a brazos de sargentos de Artillería, y las cintas las llevaban muchachitas con ramos de flores.
Integraban la presidencia, el padre de Pepita; el Presidente de la Junta Municipal señor Lobera; teniente coronel don Francisco Roig; comandante de Artillería don Juan Botella; capitanes de Artillería señores Robert, de la Iglesia y Miralles y los familiares señores Vargas, del Castillo y Saavedra.

Seguían numerosas personas de todas las clases sociales, entre ellas el Presidente del Consejo de Administración de la Compañía “Omnibus Automóviles” y los jefes y oficiales de Artillería francos de servicio. Cerraba marcha la carroza mortuoria cubierta de coronas, entre las cuales figuraba una monumental del Concejo melillense.

Entre apretadas filas desfiló la comitiva fúnebre por la calle de Alfonso XIII y plaza del Comandante Benítez, donde se despidió el duelo, pero todos, incluso la presidencia, continuaron hasta el cementerio. En la calle del padre Lerchundi vimos llorar a muchas madres; en los pequeñuelos causó enorme impresión.

Puede decirse que el sepelio de Pepita Haro ha constituído imponente manifestación de duelo, al que se asoció en nombre de la ciudad, y le dio el debido relieve la Junta Municipal, que concederá, según nuestras noticias, a perpetuidad, la tumba y costeará la lápida y gastos del entierro…
Quiso salvar a su hermana de la muerte y ella la encontró. La Junta Municipal quiso dar solemnidad al entierro y dispuso siguiese el itinerario reservado a los que alcanzaron notoriedad en vida por su ejemplar conducta.

Ahora Pepita, descansa
bajo la fría y blanca losa
que recuerda como
tu corta edad no impidió
que por salvar a Marina
ofrecieras la vida propia
convirtiéndote de este modo
en una joven heroína

Hace pocos años las hermanas volvieron a reunirse en la eternidad, Marina falleció en Madrid con noventa años.

La sepultura que se encuentra en la parcela 18 fue cedida a perpetuidad por la Junta Municipal.

A día de hoy aún queda familia en Melilla de la joven heroína, que gustosamente me facilitó parte de la información aportada en estas notas.

En enero de este año se desplazaban a nuestra ciudad dos de sus sobrinas, hijas de su hermana Lily. Venían con la ilusión de visitar la tumba de su joven tía, de quien tantas veces habían oído hablar en las reuniones familiares y que tan presente estuvo en sus vidas.

Hace años cuando conocí la historia de Pepita no podía imaginar que pasado el tiempo tendría el privilegio de poder hablar con familiares tan directos. Fue una conversación plena de emociones y sentimiento. Agradezco enormemente a estas dos mujeres su interés por conocerme y hablar conmigo.

El destino hizo que pudiera saber de lo ocurrido en aquel verano de 1928. Desde entonces he procurado, y lo seguiré haciendo, que su heroico acto se conozca y no se olvide.

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