Melilla Hoy 23/10/2017
27 de febrero de 2020, 9:20:35
Opinión

Cartas al Director


Gracias INGESA

Por Diego Fernández Román, Médico Estomatólogo jubilado de la Seguridad Social




Lejos de que la institución donde has trabajado 40 años te diga adiós, acceder al derecho como médico de un sello para mantener las recetas de uso propio, te puede costar entre 7 y 15 euros. Esta situación tan sumamente ridícula, porque estarán de acuerdo conmigo en que es una cantidad insignificante, me hace dudar si realmente es una medida de gestión y, en tal caso, me surge la pregunta de cuánto dinero se va a ahorrar INGESA, porque ¿cuántos médicos se jubilan anualmente?


Realmente lo desconozco, pero si a INGESA este sello le cuesta aproximadamente 5 euros y lo venía haciendo desde siempre... ¿qué es lo que ha ocurrido para tomar esta decisión tan mezquina, si hace 20 días entregaron el último sello sin costo alguno a un compañero jubilado? ¿La siguiente medida de gestión será que me cobrarán el papel de las recetas?
Permítanme que les diga que durante estos 40 años he conocido gestores buenos, malos y regulares, de formación diversa y cuyo mérito más destacado era el color político coincidente con el gobierno central, algunos, incluso con la capacidad de servir lo mismo para un roto que para un descosido, aunque los peores siempre fueron los que en su obligación de administrar los recursos de un servicio público tomaron decisiones arbitrarias.

En realidad, esto es lo que hay, mucha mediocridad. Aunque no estoy en activo desde hace un mes, permítanme los gestores que les dé un consejo, de esos que no ocasionan coste alguno: respeten a los trabajadores, hagan el esfuerzo de que se sientan valorados por su trabajo y motivados para que puedan prestar unos servicios de la mayor calidad posible. Los ciudadanos merecemos que nuestros impuestos se inviertan en una sanidad mejor. Igual
para ello los gestores debieran ser profesionales especializados en la gestión, comprometidos con las condiciones laborales, la temporalidad, la precariedad de las plantillas, las listas de espera y un largo etcétera que incluya sentido común, educación y calidad humana. Desde mi humilde opinión, la gestión sanitaria y los cargos de responsabilidad no debieran recaer exclusivamente en la simpatía, la afiliación y la obediencia política. Profesionalizar la gestión sanitaria es una necesidad.

De cualquier forma, me gastaba más de 15 euros mensuales en ansiolíticos para poder soportar “la gestión” en mis últimos tiempos de trabajo. Ahora, no los necesito. Y ojalá todos lleguen a mi situación de jubilación, etapa esperada y propia del hecho de vivir, y puedan comprarse el sello. Yo lo haré porque no me queda otra opción, pero sepan los gestores que hay otras formas de despedir a un trabajador del servicio sanitario público que no es informándole de que debe pagar el puto sello; vaya, que, si ese era el regalo institucional que hacían a los médicos en su jubilación, yo no soy merecedor del mismo. Pero no pasa nada, me lo tomaré con calma, o mejor con filosofía en consonancia con el nuevo Ministro de Sanidad.

Aprovecho para agradecer nuevamente a mis compañeros y amigos del INGESA la despedida sorpresa que me hicieron, la cual me emocionó enormemente, porque al final de tantos años de trabajo lo que queda es el reconocimiento y el cariño de tu gente, y eso estuvo más que superado.

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