Melilla Hoy 23/10/2017
22 de febrero de 2020, 11:23:32
Opinión

Buenos días


A propósito del coronavirus

Andrés Hernández






La muerte, es aliento purificador. La vida, respiración contaminada. El dolor, es un resquemor de la luz. El gozo, una palabra de las tinieblas No gozamos. Gozan por nosotros. Porque la palabra gozo, no existe para el gozo. Como la palabra agua, no existe para el agua. Solo definiciones de lo que no existe. Remiendos e intentos en busca de la existencia. Y aparece la vida, en la frustración de ese intento.



Mis pecados, no son mis pecados. Son pecados de otros que todos vienen a recaer en mí. Limpiamos con nuestras vidas, la suciedad de otras. El error es epidémico. El delito único. La Humanidad es culpable. El ser humano víctima. No hay culpable individual. Hay delito colectivo. Tenemos que desprender lo aprendido. Despejarnos de todo lo que creemos saber, para hallar la razón de nuestro entender.

La ley vigente fue dada por el hombre en diez mandatos. Los cuales se han convertido en diez de diez. Y más. Haciendo de esta ley, un conflicto mundano y no un entendimiento humano. El juez que impone justicia, sin lugar a dudas, tiene parte de culpa del culpable que enjuicia, ya que el juicio del hombre, es también el juicio del juicio, y este advierte en la mayoría de las veces, que la convocatoria y presencia de esta ley, es solo un resumen nunca un contenido. Se acusa a un asesino y se condena, pero se dejan en el anonimato y sin juicio, a todos aquellos que fueron causantes de ese asesinato, estando muchos de ellos, presentes en el juicio. Esa es la ley dada por el hombre.

A pesar de nuestras urgencias de idas y venidas, Patmos nos queda lejos y el Apocalipsis no es otra cosa que un libro y no una revelación:
“Serán derrumbadas las ciudades. Esas cárceles infectas, donde el error pretende convertir en gusanos, una herencia de luz”. El hombre es la frontera de Dios. Del cual emana. Como única ley y patrimonio de un reino inigualable.

Gracias damos por el recuerdo continuo. Por la entrega infinita hacia nuestra ausencia, que nunca fue desdén y si ignorancia. El Coronavirus. ¿Ha llegado para contaminarnos?... ¿O para recordarnos que estamos contaminados?
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