Melilla Hoy 23/10/2017
27 de mayo de 2020, 10:58:00
Editorial


Caída en picado


¿A qué espera el Gobierno del cambio para mover un dedo y evitar que continúe una hemorragia que puede terminar en muerte? Ni siquiera es capaz de reclamar al Gobierno de Pedro Sánchez que ayude a esta tierra a buscar alternativas si es que se acabaron para siempre las importaciones y exportaciones a Marruecos. Desolador panorama, tanto como mirar los cada vez más desnudos muelles de nuestro puerto


Melilla compra y vende hoy día casi tres veces menos que hace dos años. Como ya informaba MELILLA HOY en su edición de ayer, la comparativa es aún más devastadora si nos fijamos en la evolución de la importación de mercancías a lo largo del último cuarto de siglo, porque el movimiento comercial generado en 2019 por la compra de bienes y productos es bastante inferior a la que había en la década de los 90.
Dicho de otra manera: estamos peor en este aspecto que hace 20 años, porque las importaciones de Melilla no han logrado, siquiera, llegar a los 100 millones de euros. Nunca antes había ocurrido esto en la serie histórica que ofrece el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo en sus estadísticas oficiales, donde el peor dato de nuestra ciudad alcanzaba, al menos, los 122 millones de euros en la importación de mercancías. Esa cifra corresponde al año inmediatamente anterior, 2018, cuando se registró la mayor caída en nuestras importaciones de las últimas dos décadas, con una pérdida de casi la mitad de una actividad que en 2017 movía 238 millones de euros. Recordemos: solo dos años después, no llega ni a los 95 millones.
¿Significa eso que en Melilla consumimos menos, que tenemos menos población que hace dos años o que en los 90? No, todo lo contrario, porque nuestra ciudad tiene hoy varios miles de habitantes más que hace un cuarto de siglo. La razón hay que buscarla en nuestra actividad fronteriza, cada vez más débil, lo que provoca, lógicamente, que lleguen menos mercancías a Melilla con la intención de sacarlas hacia Marruecos, como se había venido produciendo históricamente desde hace décadas.
El cierre unilateral de la aduana comercial el 1 de agosto de 2018, que impide importar y exportar mercancías en Melilla hacia su entorno marroquí, tiene una incidencia directa, si no total, en esta caída en picado del tráfico de mercancías que está sufriendo nuestra ciudad. Ante esta desoladora situación, es incomprensible el silencio y la falta de reacción por parte de nuestros gobernantes, los que están en Madrid y los que, supuestamente, están en Melilla. Todos ellos parecen estar mirando al paisaje, mientras las empresas de nuestra ciudad ven cómo el panorama, lejos de mejorar, podría seguir empeorando si Marruecos cumple su anuncio de dejarnos también sin el comercio atípico.
Menos importaciones y exportaciones suponen menos movimiento económico, menos empleo, menos consumo, menos tráfico portuario, menos recaudación en tasas para que nuestro puerto siga desarrollándose, menos recaudación en IPSI para las arcas públicas de Melilla. ¿A qué espera el Gobierno del cambio para mover un dedo y evitar que continúe una hemorragia que puede terminar en muerte? Ni siquiera es capaz de reclamar al Gobierno de Pedro Sánchez que ayude a esta tierra a buscar alternativas si es que se acabaron para siempre las importaciones y exportaciones a Marruecos. Desolador panorama, tanto como mirar los cada vez más desnudos muelles de nuestro puerto.
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