Melilla Hoy 23/10/2017
26 de mayo de 2020, 20:18:45
Historia

HISTORIA


99 años de la heroicidad del teniente José Fernández Ferrer y del cabo del Tercio Suceso Terreros López, en Dar Hamed (Blocao de la Muerte) I

José Antonio CANO MARTÍN De la Asociación de Estudios Melillenses


En este año de 2020 se cumple el centenario de la creación del Tercio de Extranjeros motivo por el cual este y siguientes trabajos serán conmemorando a los heroicos legionarios que dieron su vida por la Patria.

Hechos de Armas que dieron prestigio y renombre al Tercio de Extranjeros, hoy denominado La Legión.



El próximo 15 de septiembre de 2020 se cumplirá 99 años de este hecho épico. Cómo olvidar que 14 legionarios, con el Cabo Suceso Terreros al frente, darían su vida en Dar Hamed (Gurugú, cerca de la posición de Sidi Hamed el Hach) en el blocao Mezquita, más conocido posteriormente como "Blocao de la Muerte" y denominado "El Malo". Este glorioso hecho de Armas acaecido el 15 de septiembre de 1.921, inspiró a nuestro buen amigo Leandro Alfaya Rey (Legionario de Honor) una emotiva obra teatral, que los que hemos tenido el privilegio de ver su interpretación -- magnífica por cierto -- hemos salido sinceramente impresionados al finalizar la misma.

Este hecho, es fácil de recordar, porque es muy difícil de olvidar. Tanto, que como siempre la muy Noble y Caritativa Ciudad de Melilla dio a una de sus calles el nombre del Cabo Suceso Terreros López (Que es como debería figurar en la inscripción y nó como calle del Suceso Terreros, dando la impresión al que la lea de haber ocurrido algún hecho, cuando se trata en realidad de un nombre propio). Uno de los hechos menos conocido de esta guerra, ha sido la heroica defensa del Blokao de Dar Hamed, en la línea avanzada de la plaza de Melilla, el 15 de septiembre de 1921. Eran aquellos días angustiosos del asalto de la plaza por harka potente y ensoberbecida; el cañón rifeño desde el Gurugú fatídico, una y otra vez tronaba; una noche del mes de septiembre se dio oren urgente a la sufrida Brigada Disciplinaria para que preparara tres destacamentos que habían de salir aquella madrugada a cubrir los puestos de tres Blocaos emplazados en Dar Hamed, Uss-Ennu-Mr y Segunda Caseta del ferrocarril de Nador.

En el cuartel del Hipódromo se alojaban los restos del célebre Cuerpo de disciplina; los escasos supervivientes de Mehayast, Hadzrú y fábrica de harinas de Nador, los valientes que tras la dura prueba de los diez días del sitio de aquella casa industrial, la suerte les tenía reservada la terrible desventura del blocao famoso. Se destinó por el jefe al Teniente don José Fernández Ferrer para Comandante del destacamento que pedían de oficial y con él al Suboficial don Aquilino Cadarso, al Cabo don Sergio Vergara y 17 soldados de 2ª, entre los que fue preciso, para completar el número designado, elegir a los pocos que tenían destino de Cuerpo, artistas, escribientes, obreros, rancheros, acemileros, etc, únicos hábiles que quedaban de esa Brigada heroica de abolengo valiente, que lucía en el cuello las trompetillas doradas con las cifras de su nombre. Al mando del joven Teniente granadino, salieron en la madrugada del 14 de septiembre, las 19 clases y disciplinarios con un convoy para el Atalayón y Segunda Caseta con el destino expresado.

Desde la mañana bien temprano, rompió el fuego enemigo; enemigo potente y bien armado, que dueño de las alturas y cerros que en anfiteatro circundan el emplazamiento donde estuvo el blocao, hacía un fuego mortífero sobre el convoy, los fuegos cruzados y su intensidad hacía dificilísimo, casi imposible el acercarse al puesto que había que relevar; todo el día duró el intento, hasta las seis de la tarde no se logró hacer el relevo, y éste, hombre a hombre, arrastrándose por el suelo, rodando por los barrancos, entrando de uno en uno en el blocao.

Cerrada la noche, a oscuras, en aquel estrecho recinto de muerte y desolación, sin haber probado bocado, bebiendo agua solo a tientas, cuando se podía tropezar con la cuba, los valientes disciplinarios del Teniente Fernández Ferrer no tuvieron tiempo más que para acudir a las aspilleras y en un fuego continuo, que hacía imposible manejar los fusiles caldeados por el incesante disparar, contestar con fe patriótica y brios de marcial entereza, al fuego intenso, pertinaz y seguro de la numerosa harka que asediaba el pequeño puesto. Voces de Chacales, alaridos salvajes de fieras rifeñas, acompañaban a los rudos ataques, que sucesivos y bien dirigidos daban los cabileños al blocao.

Con dos piezas de artillería emplazadas en las alturas del frente próximo, cañoneaban los moros el blocao, cayendo a poco herido el valeroso Ferrer por un proyectil de cañón, quemándole la espalda, de través, le hizo caer a tierra, sufriendo también lesión grave en una cadera por cascotes y peñascos derribados, por los cañonazos; igualmente fueron heridos a primera hora el cabo Vergara en la cara, y el soldado José Prat. Duró el fuego toda la noche, contestándose a él con valerosa entereza por los fusiles de los defensores, a los que animaba con sus frases y exhortaciones el heroico teniente herido, en el suelo, sobre unos sacos, medio curado, con un paquete de los de cura individual de mochila, pidiendo continuamente agua, que a tientas había que buscar entre el ruido ensordecedor de las repetidas y múltiples descargas y sin más luz que la siniestra e instantánea de los fogonazos de los defensores. Al terminar aquella noche tétrica, próximo al amanecer, decreció el fuego enemigo; con la llegada del día se retiraban los harkeños, que aguardaban con la luz natural viniesen auxilios a aquellos leones de Iberia, que no habían podido rendir en más de doce horas de apretado asedio.

Aplacado el fuego, bien entrado el día, salieron voluntarios cinco o seis individuos para arreglar exteriormente los desperfectos que tenía el blocao, entre este y la alambrada, enviando el jefe del destacamento a un soldado a la Segunda Caseta, pidiendo auxilio por telefonema desde esta última posición, haciendo saber la angustiosa situación en que se hallaba, que estaba herido de gravedad y pedía relevo para pasar al hospital, así como el cabo y soldado expresado. Cerca de las tres de la tarde del día 15 volvió el enemigo a cañonear el blocao, contestando éste con el fuego de sus fusiles, batiendo a los servidores de las piezas con visibles blancos; rompiendo los moros un nutrido fuego de fusil, muy bien dirigido por retaguardia y flancos desde distintos puestos, parapetados en las barrancadas y montones de piedras.

Sobre las seis y media a siete de la tarde llegaron para reforzar el destacamento, catorce legionarios, al mando de un soldado de primera (Cabo Suceso Terreros López), los que bajo el fuego de los moros fueron entrando casi individualmente, favorecidos por las penumbras del caer de la noche. Apenas anocheció arreciaron los moros en sus acometidas, dando muestras de tenacidad en sus propósitos de apoderarse de la débil posición; para contestar al fuego, tuvieron los legionarios a medida que iban entrando, que ponerse en las aspilleras, sin tiempo siquiera para conocerse, pues a oscuras y en espacio reducido de aquel interior cuadrangular, ni oían siquiera, entre las detonaciones continuas, los ayes y lamentos de los heridos y moribundos y las voces e imprecaciones de los tiradores, a los que animaba y daba ejemplo el suboficial don Aquilino Cadarso con gran entereza.

Cerrada la noche arreció la intensidad del fuego; avanzaron los moros un cañón, con el que asestaron certeros disparos al blocao; recibiendo sobre las nueve de la noche el teniente Ferrer, un segundo balazo que le privó de la vida, continuando entonces con el mando el valiente suboficial, que herido en la cara muy grave, dirigía el fuego y animaba a los diezmados defensores con un ejemplo de heroísmo innegable, hasta próximamente las once de la noche que un cañonazo derribó un ángulo del blocao, cayéndole encima sacos terreros, piedras y escombros en gran cantidad, causándole la muerte.

Quedó el bravo cabo Vergara, el que herido desde la tarde anterior de cuatro balazos, era el único jefe de aquel puesto tan bizarramente defendido, sosteniéndose hasta poco más de las doce, hora en que recibió un quinto balazo, derribándole en tierra, sin vida. Los restos de aquella fuerza heroica, siguieron resistiendo, con el legionario de primera (Cabo Suceso Terreros) como superior, dispuestos a morir matando y vitoreando a España, a la vez que contestaban al fuego del enemigo los que podían hacerlo, rechazando los repetidos ataques de que eran objetos por los cuatro frentes.

A las dos de la mañana del 16, se habían agotado las cajas de municiones, así como la dotación personal que tenían los correajes, todos colgados desde el día anterior de estaquillas y palos puestos entre los sacos terreros, haciendo fuego solo cinco o seis hombres útiles con los cartuchos desperdigados que encontraban a mano; los demás defensores eran cadáveres o heridos, que sin poderse valer estaban en tierra, dando quejidos y lamentos, viéndose morir sin auxilios posibles, ensombreciendo aquel cuadro trágico de muerte y de horror, donde se sacrificaban por la Patria un puñado de soldados españoles.

Una hora después, algo más de las tres de la madrugada, ya el blocao no hacía fuego; ya no era tal blocao; era un montón de escombros y de cadáveres demolido a cañonazos; entonces los rifeños se acercaron a las alambradas, y derribándolas con cuerdas, que llevando piedras atadas a un extremo, las lanzaban desde lejos, tirando con fuerza, tres o cuatro de cada cuerda, y daban en tierra con los piquetes y el alambre; se lanzaron al asalto gumía mano, y los cinco o seis soldados útiles que quedaban, todos heridos, salieron al exterior, deslizándose hacia la barrancada protegidos por la oscuridad de la noche, entregándose los kabileños al saqueo, rematando a los heridos indefensos y persiguiendo a la media docena que se desparramó por el exterior, dando muerte en aquellas inmediaciones a los que alcanzaron.

Logró salvarse el soldado disciplinario Marcelino Mediel Casanova y uno de la Legión, herido, que llegaron a la Segunda Caseta poco antes, uno y después el otro, de las cuatro de la mañana del 16; teniéndose noticias posteriores, que el disciplinario Pablo León y otro de su clase y Cuerpo, también, heridos, fueron aprehendidos por los moros y llevados a Nador, de donde los trasladaron después al campamento de prisioneros de Annual, continuando ambos en poder del enemigo…(Continuará)

“El Telegrama del Rif”
Un siglo de España. Tomo I
50 años de la Legión
Historia de las Campañas de Marruecos del Servicio Histórico Militar
Archivo municipal del cementerio de la Purísima Concepción de Melilla
Archivo del Tercio Gran Capitán 1º de la Legión
I Centenario Panteón de Héroes. Isabel María Migallón Aguilar y Eduardo Sar Quintas
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