Melilla Hoy 23/10/2017
26 de mayo de 2020, 19:06:01
Historia

Historia


Conociendo nuestro patrimonio aljibes de Las Peñuelas

Por Fundación Mellilla Ciudad Monumental


Considerados como una de las obras más importantes y monumentales del siglo XVI. Situados en la plaza de la Maestranza, mostrando a ésta su fachada principal, realizada en piedra importada, destacando las marcas de los canteros en cada uno de los sillares. Gracias a ellas podían justificar el volumen de trabajo realizado, algunos pueden recordar marcas de reses, otros representan flechas, ángulos, cruces de Malta, de Lorena, etc.



En el frente se observa una línea diagonal que lo atraviesa, señal de la antigua rampa de subida a la plaza (antes del Gobernador, hoy de Estopiñán). También el surco de los arcos de sustentación, al igual que algunos impactos de balas.

Sobre las entradas, tallada en la piedra se puede leer la siguiente inscripción:
“EN 10 DE FEBRERO DE 1571 SE CERRARON ESTOS ALJIBES, SIENDO ALCAYDE Y CAPITÁN DE ESTA CIUDAD POR S.M. FRANCISCO SÁNCHEZ DE CÓRDOBA”.

Existen cuatro puertas: las dos centrales corresponden a las entradas de los depósitos, cuya capacidad es de 500 metros cúbicos cada uno. Cubiertos por bóvedas de cañón con arco de descarga central y paredes a modo de contrafuertes. Las dimensiones son: 13 metros de profundidad por 8 de fondo y 4 de ancho cada uno de ellos.

Las dos puertas laterales dan acceso a los decantadores o filtros, también con bóvedas de cañón.

Estos ocupan una superficie de 8 metros de fondo por 3 de ancho y 2 de alto, con pendiente para facilitar el paso del agua hacia los aljibes. Ésta pasaba desde los tejados a los depósitos de cada casa y de estos al aliviadero conectado a una red de atarjeas, finalizando en una arqueta con trampilla que desviaba el agua a los filtros o al desagüe, según la limpieza o suciedad que esta tuviera; se proporcionaba así un agua clara y fresca.

Historia.-
Existen algunos datos sobre el abastecimiento de agua a la población de Melilla tras la llegada de Estopiñán. En la primera mitad del siglo XVI se descubrió fuera de la “Villa Vieja”, al pie de la empalizada o estacada de roble del fuerte de San José, un manantial que se dota de noria y abrevaderos, apareciendo más adelante ya señalado en la cartografía con el nombre de Noria Vieja.

Juan Antonio de Estrada en la descripción que de Melilla hace en su obra Población General de España, escribe al respecto:
“Aquí está una Noria de abundatíssima agua, que abastece con exceso, no sólo la Plaza, pero todas las Embarcaciones que llegan a este puerto, sin que jamás se le halla reconocido menoscabo en su manantial”.

En un plano de Melilla de 1692 se sitúa la noria de extracción en la plaza de Armas, junto a la ermita de nuestra Señora de la Victoria.

Alcaides y Gobernadores, a mediados del siglo XVI, conscientes de la imperiosa necesidad de garantizar el suministro de agua en todo tiempo y circunstancia, no consideran suficiente la proximidad de los pozos de la huerta, ni la noria de extramuros, de gran vulnerabilidad a pesar del amparo de las defensas.

Se afanan entonces en construir unos aljibes de recogida y almacenamiento de aguas, obra que se corona el uno (diez?) de febrero de 1571 siendo alcaide y capitán de Su Majestad don Francisco Sánchez de Córdoba, (como figura en la inscripción), un siglo antes de alumbra el manantial de plaza de Armas, tras la sólida protección del segundo y tercer recintos.

Es interesante recalcar que varias edificaciones tenían sus propias cisternas, como asimismo se abrió el primer aljibe entre los hastiales y pilastras de los almacenes de pólvoras, más tarde Maestranza de artillería, pero todos ellos de escasa capacidad, insuficientes para soportar un estado de sitio no muy prolongado.

El primero de ellos, llamado Aljibe Viejo lo concluyó Sancho de Escalante en 1549; era de menor capacidad que los realizados posteriormente.

Los aljibes proyectados y construidos con una obra de arte por su diseño y esmerada selección de materiales, son celosamente guardados y conservador por los Gobernadores, conocedores de las calamidades que acarrearía su destrucción.

El mariscal de campo don Diego Toscano de Brito, quien dio con la vena de agua de la Alafía, entre 1680 y 1682 “hizo limpiar los primorosos aljibes de la Plaza que de 50 años a aquella parte no había memoria de haberse hecho otro tanto”.

Pero no solo se esforzó por mantener la estabilidad de la obra ante cualquier agresión, sino que le preocupaba en igual grado la calidad sanitaria de las aguas.

Domingo de la Canal y Soldevilla, general de Artillería y gobernador de Melilla entre 1697 y 1702, en exposición presentada a su Majestad manifiesta que:“ ... también he acabado de terraplenar y fortificar los aljibes del agua que los he puesto a prueba de bomba por si acaso nos los tiran no nos puedan quitar el agua”. Esto ocurría en 1699, cubriendo con tierra sus bóvedas.

El decantador izquierdo fue reconvertido en fuente para proporcionar mayor seguridad y abastecimiento a los vecinos.

En 1800 se le adosa en su frente una rampa de acceso a la Enramadilla.

Hacia 1892 dejaron de ser utilizados por la población de Melilla la Vieja al ser contaminados por animales. En 1947 debido a las obras que se realizaron en la parte superior y al acondicionamiento de la plaza, obligaron a su clausura.

En el edificio que hay enfrente, (Escuela de Hostelería) existen otros dos aljibes.

Ubicación y funcionamiento.-
El proceso de captación, depuración, almacenamiento y conservación del agua en estos aljibes es un modelo de buen hacer de los ingenieros militares que han sabido combinar la sobriedad de la arquitectura militar con la elegancia de su solidez, la belleza de su diseño y la funcionalidad de la obra que se proyecta.

Se ubican al pie de la ladera que comprende el desmonte sobre el que se asienta la casa del gobernador y tras las murallas de la batería de San Felipe y Maestranza Real lo que permite dos objetivos: disponer de una cota suficientemente baja para la toma de agua que recoja la máxima escorrentía y construir los depósitos de almacenamiento, de gran volumen, a cielo abierto con un mínimo de excavación. Toda la obra ha sido posteriormente terraplenada para protegerla contra bombas.

Las pendientes de la parte alta dirigen sus aguas hacia las peñuelas, camino tapizado de piedras por donde el discurrir del agua se hace saltarino, oxigenándola, y así de este modo la abundancia de oxígeno proporciona una mínima esterilización.

El afluente se recoge en el depósito de toma y de ahí se envía por un canalillo al depósito purificador, situado tras los depósitos de almacenamiento, donde se hace la primera decantación con limpieza primaria de partículas sólidas. De éste se distribuye por dos conductos o atajeas de piedra a los depósitos de segunda limpia, de poca profundidad y gran superficie para provocar una nueva decantación y flocular (proceso químico) en lo posible la materia orgánica,
De éstos, mediante gárgolas (piezas enteras talladas a media caña) se vierte el agua en los depósitos de conservación o almacenamiento, de donde se extrae para el consumo.

En el primer cuerpo del depósito, en la clave de la bóveda, hay tallado un hueco circular donde se encontraba el brocal del pozo para extracción superior del agua.

La fábrica de los aljibes es de sillares de piedra caliza, rojiza y cristalizada, que abunda en las canteras del campo exterior y más concretamente en Horcas Coloradas.

Muchos de los sillares tienen tallada la marca o anagrama de los canteros que los labraron. Una de las teorías a este respecto es que quienes las hicieron eran desterrados y cuyas penas se redimían en función de la productividad desarrollada y que podía ser controlada por este sistema. Pero por carecer de documentación que la avale sólo se puede referir a título anecdótico.


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