Melilla Hoy 23/10/2017
8 de diciembre de 2019, 1:35:09
Editorial


Un milagro


Sin pretender fomentar el pesimismo, lo más probable es que haga falta un milagro para que dicho cambio legislativo que necesita Melilla con el problema de los menores extranjeros no acompañados se pueda materializar algún día


Uno de los temas que más alarma provoca en la sociedad melillense es la pasividad con la que un buen número de menores extranjeros no acompañados deambulan por nuestras calles, todos con el objetivo común de saltar al barco y llegar a Europa para comenzar una nueva etapa en su vida. Buscan materializar su esperanza en algo positivo y terminar con las incertidumbres y escasas oportunidades de futuro que tienen en sus hogares.
Todo por llegar al barco, aunque eso suponga arriesgar su vida y la de los demás. Eso no se puede consentir, pero ni siquiera la autoridad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado es suficiente para terminar con ese problema porque la Ley del Menor ampara a estos adolescentes que pierden la inocencia desde edades muy tempranas. Con la Ley en la mano, la Ciudad Autónoma, que es la que los tutela, no puede impedir que salgan cuando quieran del centro de acogida, donde pueden vivir y formarse en unas condiciones dignas, aunque existan problemas de hacinamiento. Pese a todo, esas condiciones seguramente serán mejores que las de algunos niños melillenses cuyas familias están en apuros económicos.
No puede ser que la debilidad de nuestras leyes esté provocando un problema de inseguridad que no se puede solventar ni aunque se incrementara notablemente el número de agentes en las calles de Melilla, sobre todo en las inmediaciones del puerto y el Pueblo, que es donde está el meollo de todo este asunto.
Es desolador observar cómo esos jóvenes inmigrantes malviven en la escollera, muchos de ellos claramente bajo los efectos de estupefacientes, desafiando a los agentes e increpando a cualquiera que se acerque a lo que ellos consideran su territorio. Fuera de las escolleras, algunos de ellos también actúan a sabiendas de la impunidad que prácticamente les ofrece la Ley, haciendo que los melillenses se sientan inseguros en su propia ciudad a pesar del esfuerzo que los Cuerpos de Seguridad del Estado y la Policía Local hacen para que eso no ocurra.
Es urgente modificar una Ley del Menor que en Melilla ocasiona muchos problemas. El Gobierno de la Ciudad Autónoma ha anunciado ya su intención de aprovechar las posibilidades que ofrece el Reglamento de la Asamblea para promover un cambio en dicha Ley de Protección Jurídica del Menor, y también en el Reglamento y la Ley de Extranjería, que permita adaptar estas tres normas a las peculiaridades de Melilla. Es una medida necesaria, pero difícil de llevar a cabo. No hay que olvidar que ya en la legislatura anterior, la Ciudad Autónoma abogó por un cambio en la Ley del Menor y jamás se hizo nada a pesar de que el PP tenía mayoría absoluta en las Cortes. Ahora que los populares no tienen esa mayoría y necesitan del apoyo de otros partidos, parece una misión casi imposible, más si se tiene en cuenta que las leyes que se propone cambiar son altamente sensibles en el arco parlamentario, como ya se pudo comprobar hace unos años cuando se cambió la Ley de Extranjería para dar cobertura legal a los rechazos en frontera. Sin pretender fomentar el pesimismo, lo más probable es que haga falta un milagro para que dicho cambio legislativo que necesita Melilla se pueda materializar algún día.
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