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Roberto Rojo, ex vicario episcopal: “De Melilla me llevo experiencias, grandes regalos que compartir”

Roberto Rojo, en el que ha sido su despacho durante siete años en el Sagrado Corazón
Roberto Rojo, en el que ha sido su despacho durante siete años en el Sagrado Corazón

Destaca de sus siete años al frente de la Iglesia en la ciudad, “la oportunidad de vivir en el día a día de la fraternidad” entre culturas

sábado 13 de octubre de 2018, 04:00h
Roberto Rojo deja de ser desde hoy, de forma oficial, vicario episcopal de Melilla, un cargo que ha venido desempeñando en los últimos siete años y que asegura le ha permitido experimentar una fraternidad real entre representantes de las distintas culturas. Por ese motivo afirma que de Melilla se lleva "experiencias, grandes regalos que compartir" con sus nuevos feligreses en Fuengirola. Al nuevo vicario, a su amigo Eduardo Resa, le anima a seguir siendo quien es y a descubrir Melilla.
  • ¿Podría resumir lo que le ha supuesto estos siete años de destino en Melilla como vicario episcopal?
  • En pocas palabras, es difícil. Pero si tuviese que decir una sola palabra frase sería: convivencia en la pluralidad y convivencia en lo singular, en el vivir día a día. Considero que tras esta etapa, Melilla es una parte muy importante de mi vida.
En la despedida con el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, le decía que para mí ha sido muy importante vivencias como la Mesa Interconfesional y poder trabajar en ese estilo de vida de verdadera relación entre las diferentes culturas. El que haya tolerancia, respeto, el querer conocerse y convivir. ¿A qué tiende todo ello? a la fraternidad, que es lo que se proclama desde la comunidad cristiana, porque aceptando a cada uno como es, es como nos acepta Cristo.
  • ¿Qué Melilla se encontró hace siete años y qué Melilla deja?
  • Encontré una Melilla cristiana, trabajadora, volcada en sus costumbres y tradiciones, pero desligada en ese sentido con las otras religiones, en el sentido de que cada uno vive su vida. No es que hubiese malestar, pero sí el vive y deja vivir. Pero el que a los quince días de esta aquí me invitasen a una mesa redonda sobre el diálogo en el mundo musulmán, en la que se pusieron sobre la mesa los problemas que tiene la comunidad musulmana, me hizo darme cuenta de que teníamos los mismos problemas, como por ejemplo cómo transmitir valores a las nuevas generaciones, y cómo hacer que exista una convivencia fluida desde un sentido de familia entre las distintas confesiones.
Entendí que había una gran tarea que hacer y asumí que partiendo de la base de que son dos religiones distintas, ambas tenemos un padre común que fue Abraham.

Ese día me invitaron también a una cena en la que me encontré, gratamente sorprendido, comiendo con un hebreo, con un musulmán y con un hindú, al estilo rifeño, de compartir un mismo plato. Eso me pareció un sueño. Cuando comprobé que eso podía hacerse, que podríamos sentarnos todos juntos, me hubiese encantado haber hecho una foto y enviarla a la prensa mundial para decir que esto es posible, pero que se tiene que trabajar.

De ahí partió ese despertar de que para mí la Mesa Interconfesional tiene un papel muy importante. En estos años no hemos hecho grandes historias en la ciudad, pero sí me voy tras estos siete años, con tres grandes amigos de distintas confesiones. Todo esto me lleva a la reflexión de que si se puede hacer esta unión entre cuatro personas, se puede hacer entre todos.

Estos siete años en Melilla me han permitido poder convivir no sólo con el mundo cristiano, sino con el musulmán, el hebreo y el hindú, algo que es enriquecedor. Ahora me voy y lo hago despidiéndome de muchas personas que me han mostrado con su cariño, que sienten que me vaya de Melilla, porque hemos creado un ambiente de fraternidad. No es que ahora sea mejor o peor cristiano que hace siete años, pero sí que me ha permitido ser un cristiano en el mundo que trata de vivir algo que ha experimentado en Melilla y que no había tenido antes la oportunidad de sentir, como es esa fraternidad entre hermanos de distintas comunidades..
  • De esta etapa melillense, ¿qué le gustaría poder llevarse y trasmitir en su nuevo destino pastoral?
  • Me llevo experiencias, grandes regalos que no se pueden envolver ni guardar en cajas, sino en el corazón y realmente da para escribir un libro por lo menos. Todo ello, de alguna manera, no puede quedar en el interior de las vivencias de una persona, sino extrapolarlo. Son experiencias que cuando las cuente, parecerán un cuento, una historia de las Mil y una noches, pero que son realidades que se han vivido y que no se limitan solo a poder decir que Melilla es bonita por su gente, por su clima, sino que es algo que te da como ejemplo para el resto de España. Por eso, todo lo vivido hay que compartirlo.
  • ¿Qué podrá contar a la gente de su nueva parroquia malagueña sobre Melilla?
  • Que no podemos juzgar ni a otras culturas, ni a otras personas que tienen otras religiones y otras formas de pensar o vivir, sino que hay que aceptarla dentro de su entorno, fruto de los valores que le han transmitido sus familias, y a partir de ahí, compartir. Cuando eso se comparte, nos enriquecemos. Hay muchas cosas en común que hacen posible que personas de distintos lados, podamos convivir juntas.
El crear divisiones porque no es de los nuestros, no piensa, come o reza como yo, eso crea guetos y no vivimos ya en un siglo de guetos, sino en uno en el que todos podemos plantar raíces allí donde nos acogen, donde compartir capacidades, valores que nos permita sacar frutos en común.
  • ¿Cómo deja a la comunidad cristiana melillense, crece o se estanca?
  • En estos momento no tiene un crecimiento, sino que se sostiene. En estos siete años he visto a mucha gente de parroquia que han pasado a la otra vida sin que se produjera un relevo. Quizás en ese sentido Melilla no puede crecer porque somos los que somos. No hay grandes cambios, pero sí veo una ciudad que apuesta por mantener su fe, pero nuestro ser cristiano tiene que motivarnos a ser esa sociedad abierta que somos en un mundo plural en el que vivimos, y ese es nuestro reto de hoy.
  • ¿Qué le desea al nuevo vicario episcopal de Melilla, a Eduardo Resa?
  • Le deseo que continúe siendo él mismo. Como ya señalé en mi despedida, no es que nos bajemos de trenes distintos, yo a Fuengirola y él a Melilla, porque vamos en el mismo que es el de vivir el Reino de Dios en plenitud, que solo cambiamos de compartimentos. Le deseo que continúe con su forma de ser, que siga abierto a vivir desde la fe, desde el amor a los demás, lo que nos toca por vivir. No le digo que viva lo mismo que yo porque Melilla ha cambiado, pero que viva lo que le toca. Que lo celebre, que lo comunique y que todas esas experiencias que tenga en el tiempo que esté en la ciudad, lo comparta y lo haga partícipe a los demás.
Quiero que descubra Melilla, esa ciudad del día a día. Le ha encantado el parque Hernández, va conociendo poco a poco los lugares y las personas, y me ha comentado lo mucho que le ha gustado la ciudad.
  • ¿Qué espera de su nuevo destino en Fuengirola?
  • Realmente que todo ese aprendizaje hacerlo partícipe a un mundo, a unas gentes que son diferentes, en una ciudad de turismo, muy plural también, que necesita saber y conocer estas experiencias para prepararse a este mundo que nos toca vivir; un mundo que no nos puede asustar, sino al que hay que conocer, saber moverse, y estar abierto a nuevas acciones y posturas, porque luego todo lo que tengamos en común unos y otros, se puede compartir.
Mi puerta queda abierta a Melilla, donde volveré cuando se me necesite y de hecho no voy a dejar la Mesa Interconfesional con la que colaboraré siempre que así se me demande. Mi cometido está ahora en otro lado, pero esa puerta queda abierta porque no podemos cerrar ese capítulo que se ha abierto y que es muy importante seguir trabajando.