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Ciudades paralizadas

Fernando Jáuregui

sábado 26 de enero de 2019, 04:00h


Ya solamente nos faltaba el conflicto de taxistas con los VTC para paralizar las mayores ciudades. Las disposiciones municipales para favorecer a los peatones y ciclistas, la contaminación, la pésima planificación urbanística durante tantos años, la especulación, la rapiña y la mala gestión municipal han convertido a nuestras grandes ciudades en poco menos que no habitables para todos aquellos que no viven, que no vivimos en el centro del núcleo urbano. Hoy, no ser automovilista, no tener siquiera coche, es más un privilegio que una carencia. Ir en coche a la ciudad es caro, difícil, cada vez más limitado.
Se hacen urgentes soluciones de futuro, soluciones que no consistan solamente en restringir la circulación y poner multas a troche y moche, dicen todos. Soluciones, sí, pero ¿cuáles?.

Obviamente, yo no tengo tales soluciones. Pero sí puedo constatar que nadie mira, de verdad, hacia el futuro. Un día, un taxista, que reconoció en la mía la voz que acababa de escuchar en una emisora, me interpeló: "¿cómo se atreve usted a opinar sobre lo que pasa en el taxi si no tiene usted ni idea de nuestros problemas?". "Pues opino, primero, como usuario, lo que ya me da algún derecho", le respondí. "Y en segundo lugar, porque este conflicto que están ustedes planteando entre unos y otros va a dejar de serlo, forzosamente, dentro de muy pocos años", añadí.

Se quedó pensando un instante. "Me va a usted a repetir lo que ha dicho usted por la radio hace unos minutos", replicó, "que van a llegar los coches autónomos y se acabaron los conductores". Le dije que más o menos, con algunas precisiones, era lo que había proclamado ante los micrófonos tertulianos. Y es que llegaba casi de asistir a una conferencia de un gran experto en el sector en la que aseguraba que el vehículo sin conductor es ya una realidad que no se implanta a ritmo acelerado por falta de infraestructuras y de regulaciones legales, pero que llegará mucho más pronto que tarde.

Así que hay que pensar en el futuro, pero en el futuro de verdad, en ese futuro que hará que, por lo visto, determinados tipos de combustible dejen de existir --y, por tanto, los motores a los que alimenta-- y que determinadas profesiones, entre ellas la de chófer, van a sufrir serios quebrantos. La ciudad del inmediato, muy inmediato, futuro será, quizá, más peatonal, pero no estoy seguro de que, a este paso, vaya a ser más humana por el simple mecanismo de llenarla de bicicletas y patinetes, de manifestantes, de grandes centros comerciales y de huelguistas.

Lo que sí es seguro es que habitar la gran ciudad va a ser completamente diferente y que una auténtica revolución en nuestras vidas cotidianas de urbanitas llega a pasos agigantados: todo se va transformando a ritmo vertiginoso, comenzando por nuestras formas de relación con los demás (que es la base de lo que significa una ciudad), el ocio y el negocio. Y eso es lo que los conductores de vehículos, taxis o VTC, no acaban de entender. NI otros muchos, que nos plantean programas 'de siempre' ante las elecciones municipales que estarán ahí dentro de solamente cuatro meses. Pienso que los conflictos del hoy tendrían mucha mejor solución inmediata apelando a ese futuro, tan distinto, que ya está llamando a nuestras puertas.