www.melillahoy.es
Barrio del Real
Barrio del Real

En el barrio del Real… una historia bañada en sangre

Por Isabel Mª Migallón Aguilar

domingo 10 de marzo de 2019, 04:00h
En el barrio del Real… una historia bañada en sangre
"Intrépidos reporteros siempre a la caza de una nueva noticia, sin escatimar esfuerzo alguno. Grandes redactores que plasmaban en sus páginas todo cuanto sucedía en la ciudad y sus alrededores. Así lo contaron ellos y tal cual vuelven a ser noticia."
Tristemente historias como la que a continuación se relata es muy habitual en estos días. Hay personas que no admiten un NO, y persisten hasta llegar al punto de querer conseguir sus propósitos de manera nada ortodoxa o dar un paso más sin reparar en nada, sin tener en cuenta las consecuencias que sus acciones traen aparejadas.

En esos instantes que podrían considerarse de enajenación de locura, no existe más que una idea, un propósito que cumplir. En los primeros años del siglo XX, una historia con protagonistas que llegaron a esta ciudad unos años antes en busca probablemente de una vida mejor pero durante su estancia estos planes cambiaron por completo hasta ocurrir los hechos que aparecieron en la prensa de entonces.

El Telegrama del Rif de 6 de agosto de 1913
Los pícaros celos
El crimen de Nicanor
Detalles retrospectivos
Hace aproximadamente un año llegó a esta plaza, procedente de Granada, una mujer llamada Carmen Padilla Ferrer, a quien acompañaba su amante Nicanor López Barranco, con el que sostenía íntimas relaciones. Carmen se fue a vivir a casa de una prima suya llamada Mariana, a la sazón dueña de un lenocinio, en el barrio Real, Esto no entibió lo más mínimo las relaciones entre Nicanor y Carmen.

A los pocos meses, Carmen riño con su prima Mariana, por lo que aquella decidió establecer una casa de mal vivir en la calle de Andalucía número 24. Nicanor, sin abandonar a su amante, emprendió varios negocios que le obligaban a trasladarse a Málaga con bastante frecuencia.

Al regresar de uno de estos viajes, creyó ver en su amante algo extraño que le llevó a vigilarla constantemente. En más de una ocasión se le oyó decir que abrigaba la sospecha de que Carmen no le era fiel, Los que le escucharon lamentarse, quisieron disuadirle del error en que se hallaba, sin conseguirlo. Últimamente y por indicaciones de algunas personas de la amistad de Camen, se hicieron gestiones cerca de Nicanor para que éste se trasladara a Buenos Aires, en vista de los escasos rendimientos que le producían los diversos negocios por él emprendidos.

Todo fue inútil. El amante de Carmen se negaba a separarse de ella. Hace pocos días y sin que nosotros sepamos las causas, los amantes sostuvieron vivo altercado, que terminó con la marcha a Málaga del joven López Barranco.
Carmen, que es natural de Almería trajo recientemente a esta plaza a sus padres, los cuales, con otros dos hijos mayores de edad, habitan en el número 22 de la calle Andalucía.

Llegada de Nicanor
Así las cosas, en la mañana de ayer a bordo del vapor correo, regresó a Melilla Nicanor López Barranco. Desde el muelle se trasladó a la casa de un primo de Carmen, llamado Gabriel Padilla que habita en la calle de León, del barrio Real, de donde salió a poco, prometiendo volver a la hora de almorzar.
Próximamente a las diez de la mañana se presentó en la casa número 14 de la Coruña, habitada por la lavandera de Carmen, Agustina Cuadrado. Nicanor rogó a Agustina que fuera a llamar a Carmela, puesdeseaba hablarla de un asunto reservado.
La citada mujer se apresuró a complacerle, y poco después los antiguos amantes entablaban animada conversación, en el transcurso de la cual López Barranco leyola una carta, cuyo contenido se ignora.

Sin que nada hiciera sospechar lo que poco después había de ocurrir, Nicanor y Carmen abandonaron el domicilio de la lavandera marchando en dirección a la calle de Andalucía.

El hecho
Cuentan nuestros informadores que poco antes de llegar a esta calle, Nicanor detuvo a Carmen, diciéndola:
  • Me parece que llevas desabrochada la chaquetilla.
Al volverse Carmen para que se la abrochara, su irascible amante, sacando a relucir un revolver que llevaba oculto en un bolsillo de la americana, le hizo un disparo. La pobre mujer, al verse agredida, empezó a gritar pidiendo socorro, en tanto que emprendía carrera en dirección a la casa de sus padres.

Nicanor, sin hacer caso de las recriminaciones de los que por allí transitaban, persiguió a su víctima largo trecho, haciéndola otros cuatro disparos, uno de cuyos proyectiles fue a herirla en la espalda. Convencido de ello, retrocedió, y sin cesar de correr, dirigióse a la calle de León, domicilio del primo de aquella Gabriel Padilla.

Se dice, -aunque nosotros no hemos podido comprobarlo- que en el trayecto, unos agentes de la autoridad que lo perseguían, dispararon contra Nicanor, sin hacer blanco.

Intento de suicidio
Dando muestras de una gran serenidad de espíritu, López Barranco penetró en la casa de referencia, en donde ya le aguardaban para almorzar. La esposa de Gabriel Padilla, que por cierto se halla en estado interesante, al verle llegar, le dijo:
  • Anda a comer.
A lo que respondió el interpelado:
  • Espera un momento que ya vuelvo.
Y se dirigió al retrete, que se halla en uno de los ángulos del patio. Momentos después, un disparo de arma de fuego, hecho desde el interior del cuarto en cuestión, llevó la alarma a los moradores de aquella vivienda.

Gabriel Padilla y su esposa se dirigieron rápidamente al expresado lugar, y al franquear la puerta, fueron testigos de un cuadro por demás desagradable.

Nicanor López Barranco yacía en el suelo, con pocas esperanzas de vida, en medio de un gran charco de sangre, que manaba de una herida que presentaba en la cabeza. Todavía empuñaba en la mano derecha el arma con la que había atentado contra su vida.

Poco después llegaron varios agentes de la autoridad y algunos vecinos, los cuales se apresuraron a trasladarle al Puesto de Socorro. Cerca del inanimado cuerpo de López Barranco, encontró la policía una cápsula sin disparar. Esto hace suponer que Nicanor, al penetrar en el retrete, trató de cargar de nuevo el revólver, cayéndosele la cápsula a que hacemos referencia.

Auxiliando a Carmen
Entre tanto, Carmen Padilla era auxiliada por una hermana suya llamada Luisa, que al ruido de las detonaciones salió a la calle para informarse de lo que sucedía. Luisa, con otras personas que por allí pasaban, trasladaron a la herida a la casa número 22 de la calle de Andalucía, en donde residen sus padres, que hasta aquel momento desconocían el suceso.

Entonces se desarrolló una escena bastante dolorosa, que renunciamos a describir. Con gran trabajo lograron los allí presentes retirar a los pobres viejos, que abrazados a sus hija lloraban desconsolados.

En un coche de plaza se procedió al traslado de Carmen al Puesto de Socorro. En el vehículo tomaron asiento los sargentos de la patrulla de los batallones de Cataluña y Talavera. A poco de ingresar en el citado establecimiento benéfico la víctima del suceso que nos ocupa, llegaba al mismo su agresor. Este quedó depositado en un sofá, mientras en la mesa de operaciones procedían a curar a la pobre mujer, el médico don Jorge Solanilla y el practicante don Manuel González.

Dichos señores asistieron a Carmen Padilla de una herida de forma estrellada, penetrante, con orificio de entrada, al parecer, al nivel del quinto espacio intercostal izquierdo, ocasionada por un proyectil de arma de fuego. Fue calificada de pronóstico muy grave. Durante esta operación, Nicanor no cesaba de mirar a su víctima.

A este se le apreció una herida de arma de fuego, con orificio de entrada por la parte posterior del conducto auditivo externo derecho de pronóstico grave.

Al hospital
El señor Solanilla dispuso que ambos heridos fuesen trasladados inmediatamente al Hospital Central, a donde se les condujo en dos camillas llevadas al efecto. En el Hospital, el médico de guardia don Rafael Jiménez Ruiz practicó una nueva cura a los heridos, ratificando la gravedad de ambos.

Carmen y Nicanor quedaron encamados en la sala de cirugía. Al presentarnos en el Hospital para hacer esta información, el ilustrado facultativo Sr. Jiménez Ruiz nos manifestó que no había sido posible extraerles a los heridos los proyectiles.

El Juzgado
El activo inspector de policía D. Julián Ruiz, que fue de los primeros en acudir a la calle de Andalucía, después de informar de lo ocurrido a sus Jefe el Sr. Alemán, pasó aviso al Juez de guardia que ayer lo era el teniente coronel de Caballería D. Luis Torón.

Dicho señor, acompañado por su secretario, marchó al Puesto de Socorro y más tarde al Hospital, interrogando a los protagonistas del suceso que nos ocupa.

Luego se trasladó al barrio Real, en donde tomó declaración a cuantas personas tuvieron alguna intervención en el crimen.

La familia de Carmen
Hallándonos en el Hospital, llegaron los desconsolados padres de Carmen, con objeto de informarse de su estado. Iban acompañados de uno de sus hijos. Este obtuvo autorización para conversar con su hermana, que difícilmente podía hablar, según decía, por agudo dolor en el corazón.

Los padres de Carmen han manifestado que ésta rompió desde hace algún tiempo las relaciones amorosas que sostenía con Nicanor.

El agresor
Como decimos al principio de este relato Nicanor López Barranco llegó ayer mañana de Málaga, en donde pasó varios días, tal vez madurando su crimen.

Cuentan los que le conocen, que jamás usó armas de ninguna clase. Esto hace suponer que adquirió el revolver con el deliberado propósito de agredir a su antigua amante. Está comprobado que llevaba varias cápsulas a prevención, de las que hizo uso para atentar contra su vida. Al cargar de nuevo el revólver, debió caérsele una cápsula, que más tarde encontraron en el suelo los agentes de la autoridad.

La víctima
Es una mujer bastante agraciada y muy conocida entre los que frecuentan el trato de las mujeres de vida alegre. Se la llamaba Carmela.

Anteanoche, con otras amigas, asistió a una función celebrada en el Kursaal. De allí marchó al establecimiento de bebidas “Cádiz-Málaga”, en donde cenó con las citadas mujeres. Hemos oído asegurar que no las acompañaba ningún galán.

Efecto de la impresión
La esposa de Gabriel Padilla, que se halla en cinta, y en cuya vivienda atentó contra su vida López Barranco, efecto de la impresión que el suceso le produjo, tuvo ayer que guardar cama, enferma de algún cuidado.

El público
Al divulgarse por la plaza la noticia del crimen, muchas personas se trasladaron al barrio Real, que con tal motivo se vió todo el día muy ocurrido.

Allí oímos muchos comentarios poco favorables para algunos de los que han intervenido en el sangriento de que damos cuenta.

La pobre lavandera se lamentaba de haber contribuido, aunque inconscientemente, a la realización de los pecaminosos planes que acariciaba el despechado Nicanor.