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Salvador Saavedra afirma que las cofradías, “desde el amor fraterno, tienen que fortalecer la familia que Cristo nos ha legado”

Salvador Saavedra, durante la proclamación del pregón
Salvador Saavedra, durante la proclamación del pregón (Foto: Guerrero)

El pregonero homenajeó la Semana Santa melillense con un cuidado y bello verbo en el que repasó las distintas salidas procesionales

domingo 07 de abril de 2019, 04:00h
Recogimiento y emoción en el bellísimo pregón de Semana Santa que proclamó anoche el joven Salvador Saavedra. En su intervención vistió de versos propios o de doctores de la Iglesia, las salidas procesionales de las hermandades melillenses, en esa catequesis plástica de nuestra Semana de Pasión. Saavedra, afirmó que “todos hacemos Iglesia, cada uno, con sus propias circunstancias y, cada uno con las cofradías de Melilla que, caracterizadas por el amor fraterno y la unidad cofrade, tienen que contribuir a fortalecer la familia que Cristo nos ha legado en la Tierra”.
Comentó Salvador Saavedra que “se aproximan los días de la Semana Santa, y toda la Iglesia se prepara para celebrar el adorable misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo”. Pero no es la Semana Santa “sólo ocasión de emociones fugaces, sino de formular convicciones firmes y verdaderas que cambien nuestra vida terrena hacia la vida del Cielo”. Así animó a los creyentes a arropar las salidas procesionales, por todo lo que representan y poder decir “¡Señor, este melillense está de nuevo contigo y no me voy a separar, no solo hoy, sino nunca más!”
El pregonero se convirtió en el mejor de los guías de la ciudad, de su Semana Santa, alabando a cada uno de los santos titulares de las hermandades cofrade en sus salidas procesionales, que buscan a través de la oración que nace de la contemplación de los pasos que “lleguemos al conocimiento y encuentro con el Padre que anhela nuestra llegada”.

Pollinica y Esperanza
Domingo de Ramos melillense, fieles y curiosos se agrupan en la puerta de la Casa Hermandad de la Parroquia de la Medalla Milagrosa impacientes del encuentro con el Rey de Reyes. “Impacientes de ÉL aguarda Melilla para recorrer las calles de nuestra querida ciudad; y, es que esa multitud espera a su Majestad, a ‘Nuestro Padre Jesús en su Soberano Poder a su Entrada en Jerusalén’, ‘La Pollinica’, nuestra Pollinica, paseando por nuestro parque Hernández contemplamos el poder y lucimiento en un Dios que es todo humildad, obediencia y Misericordia”.

Detrás, “callada, discreta, sin deseos de tronos ni honores, y con un amor que solo Ella sabe dar, le acompaña su Madre, nuestra Madre, ‘María Santísima de Gracia y Esperanza’, ‘La Esperanza’. En su pecherín el Ancla, ancla de la esperanza, esperanza de saber que Dios nunca pierde. Gastadores y legionarios, tus hijos, te escoltan y cantan”.

La Sentencia
Llega el Lunes Santo. “Atrás ha quedado el triunfo, las alabanzas y vítores de todos aquellos a los que has ayudado, alimentado y protegido y por los que vas a entregarte como cordero fiel y noble al Santo Sacrificio de la Cruz”. Ahora, “engañado y traicionado por el hombre, te someten a un juicio injusto”. Cae la noche y en la puerta de la Plaza de Toros de Melilla “te espera tu pueblo, tu Melilla, para acompañarte, para agradecerte, para decirte que nosotros no nos lavamos las manos como Pilatos, y es que vamos al encuentro” con “Nuestro Padre Jesús ante Pilatos”, “La Sentencia”.

La Guardia Civil “te rinde honores y te dice, en representación de toda tu ciudad, de toda tu España querida, que te protegerá y te cuidará, porque Tú, querido Padre injustamente sentenciado, eres nuestra mayor garantía”.

Humillado
Martes Santo. El pueblo espera en la puerta de la Parroquia Castrense de la Inmaculada Concepción, para acompañar a “Nuestro Padre Jesús Humillado”, “Humillado”. El silencio toma la noche, “la vergüenza nos embriaga, porque sabemos que no es justo lo que pasa, y que es por nosotros, por nuestra culpa”. La benemérita “te rinde honores y te desagravia uno de tus fieles de Melilla, pero no hay palabras para pedirte perdón,
sin embargo, Tú, Misericordia perpetua, nos perdonas con un gesto de amor de Padre”.

Nazareno y las Lágrimas
“Es Miércoles Santo, 350 años de historia de Melilla, de historia de Cofradía, la más antigua de la ciudad, la que empezó en lo que hoy conocemos como nuestra Melilla la Vieja, el Pueblo sale de nuevo con la fuerza renovada y la elegancia de la tradición. Melilla espera” en la Plaza de Toros a “Nuestro Padre Jesús Nazareno en su Dulce Nombre”, “Nazareno”.
“Jesús, te entregas inerme a la ejecución de la condena. No se te ha de ahorrar nada, y cae sobre tus hombros el peso de la cruz infamante. Pero la Cruz será, por obra de amor, el trono de tu realeza”, recitó. “A tus pies, inocente Nazareno, amado Nazareno, ángeles cirineos y tu legión, mi legión, la que salvó Melilla antaño que, hoy y siempre irá contigo para darte su protección y amparo”, exclamó el pregonero.

Detrás, vuelve a estar Ella, “con ojos de amor y pena, una madre que llora por su Hijo amado, por Ti Señor, con lágrimas de dolor sobre un rostro precioso y convencido que has de sufrir todo esto, no por Ti, sino por mí y por el resto de la Humanidad de todos los tiempos”. “María Santísima de los Dolores”, “Lágrimas”, la sevillana de Melilla, “los artilleros te acompañan, todos te acompañamos, pero nadie es digno de limpiarte esas lágrimas, que es preciado tesoro de la Reina de todo lo creado”.

El Cautivo y Rocío
Jueves Santo en Melilla. Miles de fieles “nos agolpamos en las inmediaciones de la Parroquia Santa María Micaela, tu gente, tu barrio de la Victoria, mi familia, toda Melilla está allí; toda Melilla te aguarda... ‘Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli, inicia su estación de penitencia”. “Pero no vas solo mi querido Señor, la inmensa claridad Blanca te sucede, tu Madre, mi Madre, la Blanca Paloma vestida de oro te acompaña y reza nuevamente: María Santísima del Rocío, Rocío”.
“Acompañas a tu hijo nuevamente en busca del necesitado, ya sea en el Hospital o en la Gota de Leche, y ni siquiera estos instantes los asumís para vosotros. Os volvéis a entregar a la humanidad, ¡Qué generosidad la vuestra, y qué ingratitud la mía!”

Flagelación y Mayor Dolor
Simultáneamente todo se prepara en la Casa de Hermandad aledaña a la Medalla Milagrosa en Batería Jota, y “Nuestro Padre Jesús de la Flagelación”, brota al itinerario melillense. “Mirad a Jesús. Cada desgarrón es un reproche; cada azote, un motivo de dolor por nuestras ofensas”, recordó a San Josemaría.
“La legión, tu compañera, el pueblo tu espectador; rotos del dolor, decimos: me cambiaba por ti, porque soy yo el culpable y eres tú el inocente”, manifestó. “Detrás, apenada, enmudecida, casi abatida, ‘Nuestra Señora del Mayor Dolor’ sigue a su hijo en su tormento”.

Cristo de la Paz
Jueves Santo melillense y en la Plaza Menéndez Pelayo, el “Santísimo Cristo de la Paz” comienza su estación de penitencia. Al contemplar al Cristo de la Paz, vienen a la memoria del pregonero los versos anónimos que rezan: “No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera”.

La Piedad y Buena Muerte
La tristeza se apodera del ambiente, el dolor embriaga el tiempo y espacio en este viernes del año, comienza Viernes Santo en Melilla. “Desanimados, cabizbajos, sufrientes..., andamos los melillenses por las calles del centro de la ciudad, pero no queremos dejarla sola, queremos acompañarla, porque procesiona desde la Parroquia Castrense de Melilla “María Santísima de la Piedad”.
“¿Qué dolor tan fuerte recorre tu alma en este preciso instante?, que amargura inmensa la tuya, querida Madre, al ver a tu Hijo amado, el que todo ha hecho bien, sufriendo en el camino, humillado, maltratado, muerto en una Cruz y yaciente ahora en tus santísimos brazos de Madre”, expresó.

Esta vez detrás, y portado a hombros de veteranos del ejército y cofrades, le acompaña el “Santísimo Cristo de la Buena Muerte”, “Cristo de la Buena Muerte”. A su boca, los versos de Santa Teresa: “Alma mía, toma la cruz con gran consuelo, que ella sola es el camino para el cielo”.

Santísimo Cristo Yacente
En la noche del Viernes Santo, la solemnidad toma los alrededores de la Plaza de Toros porque la “Procesión Oficial del Santísimo Cristo Yacente”, “El Santo Entierro” inicia su estación de penitencia.
“En la urna acristala de taracea y plata fina con adornos de marfil, tal como nos la versaba nuestro hermano cofrade Marcelo Nogales; descansa el cuerpo sin vida de nuestro amado Jesucristo, en acrisolado sudario descansa dormido sobre doce columnas salomónicas. Y te llevan Señor hacia el sepulcro, que ni siquiera está a tu nombre”, detalló Salvador Saavedra.

Dolores en su Soledad
Señor, “te acontece una vez más tu madre, la que no se ha separado de ti en ningún momento “María Santísima de los Dolores en su Soledad”, “Dolores en su soledad”.

Junto con la guardia civil se lamentan. “Han devuelto a tus preciosas manos de Madre, el cuerpo sin vida de tu Hijo amado, carne de tu carne. ¿Cómo se describe el dolor tan inmenso que tienes? ¿Quién puede hablar de los sentimientos y recuerdos que pasan por tu corazón y alma en este preciso instante?”, se lamenta.

Cristo del Socorro
Pero la noche no acaba, y “El que salvó Melilla en antaño, vuelve a estar presente en las calles de nuestra ciudad portado por los jóvenes de la cofradía y custodiado por la Legión”, el “Santísimo Cristo del Socorro”, “Cristo del Socorro” alimenta la Fe del que lo admira. “En una gran ocasión y estando a punto el desastre, Tú, humilde de corazón, a esta ciudad salvaste, y con toda la razón es de justicia llamarte, Señor de las Buganvillas, el de la Vieja Melilla”, homenajeó Saavedra.

Soledad
A una hora de la medianoche llega Ella, la Señora de Melilla, comienza su estación de penitencia la “Soledad de Nuestra Señora”, “mi Soledad, mi Señora”. De forma sentida relata: “La oscuridad inunda Melilla. Un camino de luces portada por tus hijos, te abren el paso. Vislumbramos tu perfecto rostro de blanca nieve iluminado, contemplamos cautivados tus ojos de amor y pena, tus manos con la corona de espinas que ha lastimado a mi Dios, a tu Dios, y el pañuelo que aún conserva restos de la preciosísima Sangre de mi señor Jesucristo que acabas de dejar en el sepulcro. Te desagravia un hijo tuyo melillense, pero no hay palabras para pedirte perdón después del escándalo de la Cruz. Solo un tambor sordo y el rezo del Santo Rosario son capaces de hablar”.

Acaba el Viernes Santo. Sábado de “recogimiento y espera, ansias de que se produzca el gran acontecimiento, que vuelva la Luz al mundo, la clave de la humanidad”, Vigilia Pascual en Melilla, llega el Domingo de Resurrección.

Rocío y Resucitado
Domingo de Resurrección. “Huele en Melilla a triunfo, huele a luz de la alegría. Huele a la Madre contenta huele a la Virgen María. La Blanca Paloma sale, al encuentro de su Hijo, que va caminando triunfante porque la oscuridad ha vencido. Y con esta gran victoria se abren las puertas del cielo y tu entrada, y la mía, están pagadas por ello”, explica.

En la Plaza de España, dos focos de Luz triunfante se avecinan al centro “con la clara intención de converger, uno por la Avenida de la Democracia, ‘María Santísima del Rocío’ otro, por la calle Ejército Español, el ‘Santísimo Cristo Resucitado’, ambos ansían el reencuentro, ambos ansían el abrazo, han pasado solo tres días, pero para una madre ha sido una eternidad”, anuncia.

Reflexión
Después de este recorrido por todas las procesiones de Melilla, aprovechó la ocasión para invitar a una última reflexión conjunta y es que “todos hacemos Iglesia, cada uno, individualmente, con sus propias circunstancias y, cada uno con las cofradías de Melilla que, caracterizadas por el amor fraterno y la unidad cofrade, tienen que contribuir a fortalecer la familia que Cristo nos ha legado en la Tierra”.
“La redención se está haciendo -explicó-, y nosotros hemos recibido una vocación divina que nos capacita y nos obliga a participar en la misión corredentora de la Iglesia. La obra de Cristo no termina en la Cruz y en el sepulcro, culmina en la Resurrección y en la Ascensión al Cielo, y en el envío del Espíritu Santo Paráclito”.

En su discurso, el pregonero oficial de este año también tuvo palabras de apoyo para las nuevas generaciones: “Cristo tiene confianza en los jóvenes y confía a ellos el futuro de su misión. Vayan sin miedo, para servir”, concluyó.
Numerosos melillenses siguieron el desarrollo del acto
Numerosos melillenses siguieron el desarrollo del acto (Foto: Guerrero)