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Buenos días

Tiempo de Semana Santa: La Fe

Tiempo de Semana Santa: La Fe

Por Andrés Hernández

domingo 14 de abril de 2019, 04:00h
“La sociedad reclama ciencia y no dogma de fe”. Palabras que un dirigente sindicalista dijo en TV. Es cierto. Pero también es cierto, que, gracias a la Fe, existe la Ciencia. “Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, moveríais los montes”. Son palabras de Aquel, que trajo la Fe por encima de los ritos a la sociedad, y gracias a esa Fe, no solo los montes se mueven, sino también los corazones en las mesas de los quirófanos. Porque la Fe no es patrimonio de una Iglesia, es precisamente la fuerza y la razón que da la vida a esa Iglesia (Aquí es oportuno recordar que Iglesia, significa asamblea del Pueblo). No estado. Y eso es lo que hay que valorar y sobre todo descubrir.

La energía que el cuerpo recibe de la materia que devora, es ínfima en comparación con la energía que recibe del Universo. Esta energía la recibe directamente sin necesidad de reciclaje alguno. Pura y directa. Pero para recibirla, necesita lógicamente tener expedito el camino de los sentidos. Eso se consigue a través de la fe. Ella es la puerta que une el Universo con la criatura humana. Por lo tanto, la fe necesita una educación. Un niño educado en la fe (no en el fanatismo) será un adulto con mayor preparación y responsabilidad en la vida La vida sin fe, es embrutecimiento animal o embrutecimiento intelectual. No sé cuál será el peor. El primera raya en la inocencia, el segundo, se confunde con la soberbia. La fe nos llega de un lugar al cual llamamos Dios, por no saber cuál es su verdadero nombre. La Cábala le da 72 nombres. Desde Adonáis, hasta Zulia, pasando por Alfa y Omega, Bamboi, Chocmah, Dominus, Deus, Jehová, Jesús, Mesías, Paracletus, Saday, Tetragrámmaton, Yael, Zeut, etc., todos ellos, referencias a identidades desconocidas, pero poderosas, que han conseguido hacer del tiempo una evolución humana en el hombre de este planeta, en pos del hombre divino u hombres conscientes en el Universo. La fe es la impulsora de la razón. La razón es el orden del pensamiento humano. La energía que viene más allá del cerebro, para dar a éste un comportamiento a seguir en un ejercicio de humildad. Y se sabe que, por la humildad, suele entrar la comprensión. Y esta, es mucho más que la sabiduría, pues mientras la sabiduría sabe, la humildad, comprende.; Comprender es conocer.

Y comprendemos a través de la fe. Su enseñanza nos viene, no la inventamos nosotros. Cuando ejercitamos la fe, movemos el amor. No lo representamos, porque el amor no sabemos lo que es. No tiene imagen porque se hace imagen. No tiene nombre, porque se hace nombre. Es energía. La energía pura y directa que el cuerpo recibe del Universo, precisamente cuando ejercita la fe. Y es entonces, cuando descubrimos sin proponerlo, que dios es todo aquello que anima, consuela, engrandece, educa y dignifica la conducta humana. Por eso, la representación material de Dios en la tierra es su Ley. La Sagrada Ley .

Y esa Ley, toma razón y consistencia con la fe. Y a través de ella, descubrimos que Dios se alimenta de sí mismo y no desea que el hombre tenga Dios, sino que sea en Dios. Tener Dios, es estar incorporado a una religión que nos enseña una Ley. Ser en Dios, es ser en la ley. Formar parte de la ley. Ser en Dios es ser hijo de Dios. Tener Dios, es ser hijo del hombre. La fe es la que separa y al mismo tiempo une al hombre con Dios.

Es un tema raro. Hablar de Dios cuando solo se habla hoy de dinero, de poder, de fama. De ídolos pasajeros. De modas y vanidades. Es loco hablar de algo, que al parecer esta fuera de tiempo y de lugar. Hasta los mismos representantes de las iglesias que difunden la fe en todas sus ramificaciones, suelen enmascarar lo divino con lo social. Con lo político y con lo actual. Cuando Dios, en realidad, no es ni social, ni político, ni tan siquiera actual, porque Dios es una vez antes que el mundo. Y desde allí envía al hombre un aliento llamado Fe, para que siga alentando y vivificando un planeta sin luz propia llamado Tierra. Hasta convertirlo en una estrella…Por eso a Dios no hay que adorarlo…A Dios hay que amarlo… ¡Amarlo!