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La tradición de ser Manolas, en la imagen, tías y madre de María I. Pintos
La tradición de ser Manolas, en la imagen, tías y madre de María I. Pintos

Las Mantillas, una tradición de Semana Santa que alberga rito, sentimiento e historia en su existir

La presidenta de la Fundación Melilla Ciudad Monumental, María Isabel Pintos, explica que “no todo vale y no todo está permitido para ser una Manola en una procesión, hay que seguir ciertas medidas de estilo, para ir correctamente vestida”

jueves 18 de abril de 2019, 04:00h
La presidenta de la Fundación Melilla Ciudad Monumental, María Isabel Pintos, detalla cómo en su familia ha ido arraigando la tradición de vestirse de Mantilla en los dos días más importantes de la Semana Santa, como lo son el Jueves y Viernes Santo. Asimismo, hace un breve recorrido por la historia de esta peculiar prenda, viendo como esta tiene influencias incluso árabes y como se ha ido desarrollando en el aspecto religioso. Finalmente, explicará los componentes de la vestimenta de una Manola y cómo deben ser para poder lucirlos en las calles, en las diversas procesiones.

Durante estos días, el incienso, la cera de las velas, los pasos acompasados por música o silencio, la emoción al ver una procesión o el tintineo de las campanas de los varales de los palios, invaden las distintas calles de las ciudades, anunciando que estamos en una de las semanas más importantes para la cristiandad. Pero, no solo procesiones son protagonistas en esta época, sino todas las tradiciones que los acompaña, desde los dulces típicos hasta los ritos que se establecen a su paso. Uno de ellos, las mujeres de mantillas, las comúnmente conocidas como Manolas.
En nuestra ciudad, María Isabel Pintos Mota, presidenta de la Fundación Melilla Ciudad Monumental, ha vivido durante su vida en primera persona este ritual de la mantilla. Esto ha ido haciendo que ella ahondara en el tema y se empapara de sus orígenes, de sus tipos y de cómo llevarlas correctamente.

Tradición de ser Manola
“Es una tradición que pasa de abuelas a nietas, de madres a hijas, y que yo he tenido la suerte de vivirla. Todas las mujeres de mi familia se preparaban para los dos días grandes de la Semana Santa, Jueves y Viernes Santo. Pero los hombres también; en esta costumbre ellos tenían su papel, no como una mujer, pero igualmente se les incluía en estos días”, explica Pintos.
La presidenta de la Fundación cuenta que sus tías, junto con su madre, se preparaban días antes para su salida por las calles melillenses vestidas de Manolas. “Sacaban a airear las mantillas, llevaban las camisas de los hombres a las planchadoras y sacaban los negros trajes de los hombres, junto con las corbatas del mismo color. Preparaban hasta el último detalle, que solía ser un ramillete de violetas. Hoy en día, yo continúo esta tradición, sigo saliendo estos dos días vestida de mantilla y me sigo colocando esta flor típica de Cuaresma, sigo los pasos que me enseñaron y que yo he enseñado a mi hija. Isabel no le gusta vestirse, pero ha heredado el don de mi madre de colocar la peineta y el velo y, actualmente, es ella quién lo hace conmigo”, comentó.
Del mismo modo, Pinto relató que “una vez vestidas, hacían un recorrido por las distintas iglesias de Melilla, para visitar a los ‘monumentos’ y luego, junto con las parejas que iban trajeados de negro, seguían sus procesiones”.

Historia
La Manola no solo ha sido una figura más de la Semana Santa, y su rito no solo se ha dado para los cristianos, que en buena parte de historia sí ha sido así, pero guarda entre sus formas y tipos diferentes corrientes culturales y temporales.
La presidenta de la Fundación explicó que “sus orígenes pueden remontarse a la cultura íbera, donde las mujeres ya usaban velos y mantos para cubrirse y adornarse la cabeza”. “En la Edad Media, la mujer continuó usando tocados muy variados, algunos de ellos recogiendo influencias árabes. Pero, en el siglo XVI, aparece la época de ‘la mantilla de aletas’, que se generalizó en toda España y se consideró una prenda más de los trajes populares”, prosiguió.

“La Conspiración de las Mantillas”
“Aunque bueno, en cada región, en el siglo XIX, era de una manera u otra, por ejemplo, en el Norte, zonas más frías, se utilizaba el manto como abrigo y estaba hecho de paño. En el Sur, al ser más cálido, eran tejidos más suaves y ligeros, las mantillas aquí eran mayormente de encaje”, continuó María Isabel Pintos con la historia de esta prenda. “Fíjate, hubo un hecho histórico español en el que las mujeres se revelaron en contra de Amadeo de Saboya, que no era querido en tierras españolas, y utilizaron la mantilla como acto de protesta. A este hecho se le conoce como ‘La Conspiración de las Mantillas’”, detalló.
En cuanto a la relación de este velo tan especial con los días que se viven en esta época de Cuaresma, que termina este Jueves Santo, Pintos hace hincapié en que, en el siglo XX, “las damas se vestían con sus mejores galas, luciendo la mantilla negra y acompañando a las imágenes. Fue entonces, a mediados de siglo, cuando esta tradición se ahondó más en las familias hasta el día de hoy”. “Además, en las casas de más rango social, se vestían todas las mujeres de Manolas y siempre tenían reservada y preparada una, por si llegaban invitadas de fuera de la ciudad”, indicó.

Cómo se prepara una Manola
Las Manolas deben seguir una especie de ritual y de códigos de vestimenta. No todo vale y no todo está permitido. Para entender ciertos criterios o normas hay que saber que salir de mantilla significa acompañar a una procesión que representa la muerte y sufrimiento de Cristo, por lo que se va de luto.
Es entonces por donde se empieza. La mantilla, puede ser de blonda; que se caracteriza por tener motivos florales de gran tamaño y tener ondas en los bordes, recibiendo el nombre de ‘Puntas de Castañuela’; o de encaje de Chantilly, que es un velo con diseños de carácter vegetal, con abundantes hojas, con un encaje más etéreo. “La mantilla de Chantilly es más elegante”, apuntó Pintos. La mantilla debe ser de riguroso negro, recordemos que representa el luto por una muerte.
Por otro lado, se encuentra la peineta o peina, de diferentes tamaños, formas y estilo. Se suele utilizar las de forma rectangular y su tamaño viene determinado por la altura de la mujer. El objetivo de este complemento es elevar la mantilla para favorecer el rostro. Pueden ser de carey o imitación al mismo, más claras u oscuras, lisas o labradas, eso sí, deben ser al gusto de la mujer. “Siempre, pero siempre, debe de ir recta, no doblada hacia delante. Además, la altura puede determinar también el grado de luto que una persona quiera representar, aunque también tengo que decir que este aspecto ya se ha quedado para las mujeres muy tradicionales”, incidió la presidenta de la Fundación.
Otro elemento también imprescindible en el conjunto de la Manuela, y que tiene que seguir una serie de normas es el vestido. “Debe ser de riguroso negro y con un largo que vaya hasta debajo de la rodilla, como mínimo. Asimismo, el escote debe ser ‘decoroso’, como decía mi madre, es decir, discreto. Si esta prenda no cumple esto, esta no sirve para una Manola y por lo tanto no se va bien vestida como tal”, explicó Pintos.

Complementos necesarios de una “bonita” Manola

Para completar el conjunto de vestimenta de una “bonita” Manola, es necesario unos guantes negros de bolillo; unas medias, no muy tupidas, del mismo color; un broche bonito para recoger la mantilla a la nuca de la mujer; unos pendientes, que pueden ser de perla o de ‘plata vieja’, según lo prefiera la mujer que se vaya a vestir y unos zapatos de aguja con un tamaño cómodo, en esto lo que prevalece es la comodidad, puesto que hay que tener en cuenta que serán demasiadas las horas que se estará de pie.
Como último detalle, el Rosario, “es muy importante porque es un complemento que va en las manos, como guía de oración y única conversación que la Manola pronunciará en su acompañamiento a nuestros sagrados titulares”, agregó María Isabel Pintos.

“Hay mujeres que no se visten porque en su familia no se ha dado la tradición, yo les digo que la comiencen ellas”

La presidenta de la Fundación Melilla Monumental argumentó que “vestirse de Manola es una tradición, como he dicho, que pasa de familiar en familiar. En mi caso se dió en todas las mujeres Es cierto, que hubo una época en la que esta costumbre decayó, pero ahora está volviendo a tener auge y se está empezando a ver a más mujeres que se unen en las procesiones vestidas de mantilla”.
“Hay también otras mujeres que alegan que no salen vestidas así porque en su familia no se ha dado esta costumbre, y yo siempre les digo lo mismo: comienza tú la tradición, pero que no se pierda por ese motivo”, insistió Pintos.
Asimismo, la melillense, que sale vestida en los dos días grandes de la Semana Santa, hizo hincapié en que “las cofradías de la Ciudad deberían repartir como un Manual de la Mantilla, para que de este modo se sepa cómo ir y que no haya dudas al respecto, ya que como he dicho, hay varias normas que seguir, y no siempre se cumplen”.
Del mismo modo, explicó que “la mantilla deber ser negra, sí o sí, igual que los guantes e igual que el vestido, pero es cierto que en Domingo de Resurrección, las mujeres salen con mantillas blancas y vestidos de color. No comparto el tema de la mantilla blanca, pero lo respeto”.