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La perspectiva de Nezar

Policía política en una Democracia

Policía política en una Democracia

Nezar S. Fernández

domingo 28 de abril de 2019, 04:00h
En este artículo no voy a citar nombres ni de gobiernos, partidos o personas en concreto, simplemente me voy a limitar a analizar moralmente lo que significa que un gobierno en el poder o un partido fuera del mismo utilice con dinero público o incluso sin este tipo de fondos, cualquier tipo de espionaje sobre otros partidos políticos. ¿Cómo quieren dichas entidades que los ciudadanos de a pie acudan a las urnas cuando ellos mismos ejercen de comisarios políticos con nuestros ahorros que no es otra cosa que la contribución con que la ciudadanía sostiene al Estado en el que vive?
¿Qué clase de gente nos gobierna? ¿Cuál es el significado para ellos del poder? Las investigaciones e irregularidades políticas son los jueces y las autoridades judiciales quienes tienen que hacerse responsables de estos hechos...Así es la democracia.

Votar a personas que ejercen el espionaje para establecerse en el poder o para mantenerse en el mismo equivale a votar a personas que lo mismo podrían investigar a cualquiera de nosotros si ejercemos una mala crítica o influencia sobre ellos y a eso se le llama «Régimen Autoritario», y no un régimen en el que el poder lo establece la soberanía popular, ya que ésta es manipulada ilegalmente.

El hecho de que ciertas personas de los servicios de inteligencia o autoridades del Orden Público ofrezcan información solapada a ciertos periodistas, sin previos permisos reconocidos por las autoridades competentes, implica, primero, un riesgo de desinformación total, ya que cualquier sujeto de este tipo puede decirle al informador algo que es mentira y por otro lado, una información que, ya sea por alarmismo, por sensacionalismo o por el mero afán de vender periódicos, el periodista le dé ciertos matices a la noticia que la desvirtúe de tal manera que más que informar, desinforme al ciudadano.

Estos espionajes no son de recibo en una democracia seria, donde los ciudadanos queremos confiar en nuestros gobernantes, en sus programas y en las probabilidades que existen de ser cumplidos. Antes de ser políticos, mecánicos, abogados o electricistas, tenemos que ser buenas personas. Ejercer nuestra labor con cierta moral y rectitud...El todo vale... «no vale».

Además, hay que cuidar ciertas formas a la hora de hablar en medios públicos, sobre todo si se quiere gobernar un país. No se puede insultar a modo de enfado de taberna a los oponentes políticos con cosas que nadie puede probar si son verdad o mentira. Cada español ve a España de una manera, incluso dentro de una misma formación política debe de haber desigualdades, porque entre todas esas desigualdades, se crea un programa homogéneo capaz de llevarse a cabo. Pero que entre ellos se espíen para quitarse de en medio unos a otros, es propio de gente de poca clase y por qué no decirlo..."De mala gente" y eso es lo último que necesitamos en el furo gobierno de este país.