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Eduardo de Castro (Cs) abre la puerta del cambio junto CPM y PSOE tras la “llave” que le dio el 26M
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Eduardo de Castro (Cs) abre la puerta del cambio junto CPM y PSOE tras la “llave” que le dio el 26M

El funcionario desde 1982 y diputado desde 2015 ya intentó hace cuatro desbancar a Imbroda de la presidencia

lunes 17 de junio de 2019, 09:28h
La noche del 26 de mayo, todos los ojos en Melilla se pusieron sobre Eduardo de Castro. Las urnas, que le habían arrebatado la mitad de los escaños que tenía en la Asamblea, le dieron, sin embargo, la llave de la siguiente legislatura. El coordinador territorial de Ciudadanos (Cs) se había convertido en el diputado número 13 que necesitaban los dos bandos, PP y Vox por un lado, Coalición por Melilla (CPM) y PSOE por otro, para hacerse con la mayoría absoluta en la Ciudad Autónoma. De Castro optó el sábado por girar él mismo la llave, abriendo la puerta del cambio junto a los otros dos partidos que le han acompañado en la oposición durante los últimos cuatro años, y situarse como presidente del Gobierno de Melilla, el segundo que tiene la ciudad este milenio.
El líder naranja en Melilla consiguió, de esta manera, pasar página, en un pleno tan tenso como histórico, a los 19 años del popularJuan José Imbroda al frente de la Ciudad Autónoma. Un objetivo que cuatro años antes, recién llegado a la política, estuvo ya a punto de conseguir con los mismos compañeros de viaje que ahora, y que se vio truncado por el pacto que PPL, que tenía el escaño decisivo, suscribió con el PP a última hora para prorrogar la hegemonía popular cuatro años más.

Ahora ese papel lo ha jugado Eduardo de Castro, el primer y único coordinador territorial que ha tenido Cs desde su desembarco en Melilla en marzo de 2015. Un partido cuyos dirigentes nacionales aún no le han felicitado ni en público ni en privado por su proclamación como presidente de la Ciudad Autónoma, aunque él mantiene que en Madrid sabían lo que iba a hacer desde el primer momento. De Castro insiste en que no ha hecho otra cosa que cumplir el mandato de Cs y que primero están sus principios y después todo lo demás. "No sé si seguiré siendo vuestro coordinador, ni siquiera sé si mi decisión me va a costar mi permanencia", apuntaba en un mensaje a la militancia unas horas antes de presentarse, con un solo diputado, como candidato a la Presidencia y desbancar, con 13 de los 25 votos, a uno de los presidentes autonómicos más veteranos de todo el país.

Para cerca de un tercio de la población de Melilla, alrededor de 30.000 personas que tienen menos de 20 años, la situación que se está viviendo en la ciudad es inédita porque en toda su vida no ha habido otro presidente que no sea Imbroda. Tanto ellos, como otros habitantes de la ciudad poco interesados por la actualidad, tendrán ahora el reto de conocer e incluso poner cara a Eduardo de Castro, un hombre con una experiencia política aún breve, de poco más de cuatro años, en los que ha defendido la necesidad de un cambio que ahora tendrá la responsabilidad de liderar.

Funcionario de prisiones
De Castro, melillense de 62 años, es funcionario de Instituciones Penitenciarias desde 1982. Tiene su puesto de trabajo en la prisión de Melilla, para la que pidió el año pasado la Medalla de Oro de la Ciudad, la máxima distinción que concede la Asamblea, con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Aquello fue objeto de polémica porque, además de encontrarse con el rechazo del PP, Imbroda le acusó de tener interés en premiar el lugar en el que trabaja.

Curiosamente, De Castro ostentó hace unos años un puesto de confianza en el Gobierno de Imbroda. En concreto, fue director del Centro de Menores Infractores entre 2003 y 2008, los primeros años de mayoría absoluta de los populares, que éstos se han encargado de recordar al líder naranja en más de una ocasión desde su bancada en la Asamblea en esta pasada legislatura para criticar su gestión.

Diplomado Universitario en Relaciones Laborales por la Universidad de Granada y con estudios de Derecho, De Castro se define en su perfil de Twitter, donde es muy activo, como "político por convicción". De hecho, ha afirmado en alguna entrevista que él entró en la política por "un enfado", decidido a intentar cambiar las cosas en vez de conformarse con seguir siendo un mero testigo de la situación a través de la prensa, que suele repasar muy a menudo, siempre pendiente de la actualidad.