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Un año sin nuestra aduana

jueves 01 de agosto de 2019, 04:00h
En este lado de la frontera, el punto de España más próximo a Marruecos junto con Ceuta, sufrimos en nuestras carnes todo lo contrario de lo que presume el presidente del Gobierno en funciones. Hoy hace un año que perdimos nuestra aduana y el Gobierno de España, con su delegada en Melilla, Sabrina Moh, nada ha protestado ni ha peleado para que se reabra. La mesa de trabajo que creó con el país vecino ha resultado ser un fracaso, mientras los empresarios de nuestra ciudad y la economía melillense sufren las consecuencias
“España y Marruecos representan hoy un excelente ejemplo de cómo nuestra vecindad, con sus condicionantes geográficos e históricos, puede convertirse en una relación intensa y fructífera entre dos países amigos, que han sabido establecer y reforzar un sentimiento de mutua confianza”. Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno en funciones, ha escrito de su puño y letra esta grandilocuente frase, publicada entre otras muchas que van en la misma dirección en un artículo de opinión publicado en El País el pasado 30 de julio, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la subida al trono de Mohamed VI. Los halagos presidenciales al país vecino se produjeron sólo dos días antes de que hoy se cumpla el primer aniversario desde que Marruecos, ese “socio de presente y de futuro, Estado amigo, pueblo hermano” al que se refiere Sánchez decidiera cerrar de manera unilateral la aduana comercial con un claro objetivo: impulsar sus puertos a costa de asfixiar económicamente nuestra ciudad.
Sánchez dice más en El País. Por ejemplo: “España y Marruecos han construido una sólida relación de amistad y cooperación. Y debemos proseguir con una agenda exigente de proyectos conjuntos que conduzcan a una mayor prosperidad de nuestras sociedades, y que contribuyan a la estabilidad de la región del Mediterráneo Occidental”. Y esto: “Nuestra vecindad es hoy más que nunca una oportunidad y un desafío para desarrollar una relación equitativa y dinámica que satisfaga las legítimas aspiraciones de nuestros pueblos. Este es el compromiso que asumo con ambición y convicción en este aniversario”.
Según Pedro Sánchez, “España y Marruecos son, hoy más que nunca, dos países unidos por múltiples vínculos, no solo en el presente, sino con una relación estratégica y que se proyecta hacia el futuro”. Y apunta también que “Marruecos es hoy uno de los socios más importantes de España. La estrecha relación que nos une se articula en torno a una tupida red de intereses compartidos a los que mi Gobierno ha dedicado una atención prioritaria en el último año”.
Seguramente Pedro Sánchez habla desde una visión nacional, pero de ninguna manera sus afirmaciones se corresponden con lo que está pasando en Melilla desde que él llegó a La Moncloa en junio del año pasado. En este lado de la frontera, el punto de España más próximo a Marruecos junto con Ceuta, sufrimos en nuestras carnes todo lo contrario de lo que presume el presidente del Gobierno en funciones. Hoy hace un año que perdimos nuestra aduana y el Gobierno de España, con su delegada en Melilla, Sabrina Moh, nada ha protestado ni ha peleado para que se reabra. La mesa de trabajo que creó con el país vecino ha resultado ser un fracaso, mientras los empresarios de nuestra ciudad y la economía melillense sufren las consecuencias. Y por si fuera poco, con el Gobierno del PSOE también se ha dado un paso atrás en el comercio atípico, donde las autoridades de Marruecos están imponiendo nuevas normas sin que desde este lado se haya alzado tampoco la voz. La frontera está peor que nunca, y curiosamente, el Gobierno de Melilla, cuyos partidos se ponían detrás de la pancarta el año pasado, miran a otro lado. ¿Harán algo alguna vez por defender los intereses de esta ciudad y por atender los problemas acuciantes que sufre esta ciudad? Quizá cuando terminen de repartirse los sillones sea demasiado tarde para empezar a trabajar en soluciones.