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Las consecuencias de ir a contracorriente

viernes 13 de septiembre de 2019, 04:00h
De Castro no puede, directamente o a través de escuderos, criticar en el asunto de la financiación autonómica y el CPFF a su oposición, el PP, porque su partido, Cs, va de la mano con los populares en este tema. De Castro, por lo tanto, va a contracorriente. Lleva haciéndolo desde hace ya tres meses, pero la cosa adquiere ahora mucha más gravedad porque por no enfadar a su socio favorito, el PSOE, se calla y no pelea por los 4 millones de euros que Pedro Sánchez debe a Melilla y no suelta por puro chantaje para su investidura
El 15 de junio, horas antes de que se celebrara la sesión constituyente de la Asamblea, Eduardo De Castro envió un mensaje a su militancia diciendo que no sabía si la decisión que había tomado (de pactar con PSOE y CpM) le iba a costar su permanencia en Ciudadanos o el puesto de coordinador territorial en Melilla. Aunque después su partido no haya tomado medidas contra él, a diferencia de lo que ha sucedido en otros casos, como el eurodiputado Nart o varios concejales canarios que pactaron con el PSOE, las consecuencias de ir a contracorriente de Cs las está notando ya Eduardo De Castro.
No nos referimos sólo al vacío notorio que la formación política le está haciendo, con ausencia llamativa de felicitaciones y reconocimientos e incluso referencias públicas al que es primer presidente autonómico. También es evidente que Eduardo De Castro está metido en un callejón sin salida con la financiación autonómica y la exigencia de Cs y PP al Gobierno de Sánchez para que convoque el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF). De Castro no puede hacer lo que dicta su partido, porque eso sería ir contra el PSOE, su socio favorito de Gobierno. Pero tampoco puede posicionarse claramente contra Cs, por aquello de guardar un poco las formas y no estirar aún más la cuerda tensa que aún le vincula a su partido.
¿Cuál es la solución que ha encontrado De Castro? Escudarse en dos de sus consejeros más leales. La primera, su vicepresidenta Gloria Rojas, que en vez de responder claramente qué va a hacer el Gobierno de Melilla cuando los periodistas le preguntaron por las medidas que adoptará sobre el CPFF, lo que hizo fue decir lo que hará como secretaria general del PSOE, algo que se encargó de recalcar, para que no hubiera ninguna duda sobre si hablaba como jefa del PSOE o como miembro del Gobierno. El segundo escudero, Julio Liarte, el independiente propuesto por Cs que ayer quiso dar oxígeno a su presidente haciendo una crítica política al PP que, por extensión, también recaía en Cs. Y así se deduce de sus palabras textuales: “Lo que no estamos dispuestos desde el Gobierno de la Ciudad es a seguir intereses partidistas de interesados, de partidos políticos determinados que deciden una estrategia a nivel nacional o local en función de sus intereses”.
Liarte luego quiso arreglar el entuerto especificando que se refería a lo que hizo el Gobierno de Imbroda hace más de 10 años en el último CPFF, pero la bofetada de realidad está ahí, y es que De Castro no puede, directamente o a través de escuderos, criticar en esta cuestión a su oposición, el PP, porque su partido, Cs, va de la mano con los populares en este tema. De Castro, por lo tanto, va a contracorriente. Lleva haciéndolo desde hace ya tres meses, pero la cosa adquiere ahora mucha más gravedad porque por no enfadar a su socio, el PSOE, se calla y no pelea por los 4 millones de euros que Pedro Sánchez debe a Melilla y no suelta por puro chantaje para su investidura. De Castro no puede decir, como dijo ayer en el Pleno, que guardará el silencio que crea oportuno porque eso no es defender los intereses de los melillenses que le pusieron en el sillón.