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Carta del Editor

 El golf melillense y su futuro
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El golf melillense y su futuro

martes 01 de octubre de 2019, 04:03h
La actitud de los que se unieron a los que ya estábamos en Málaga -Elvira Rodríguez, Rachid Al-Lach, José Romero, Javier Guerrero y yo- fue espectacularmente agradecida y ejemplar. Vinieron a disfrutar -no a enredar- y lo hicieron. Así que felicito a José Luis García, Javier Palomanes, Joaquín Romero, Antonio Álvarez, Oliver Sánchez, Alberto Martínez y Miguel Ángel Núñez por su actitud. Ese es el camino que nos puede llevar a conseguir lo que el golf puede ser y ya es en muchas partes de España y del mundo: un factor muy importante de desarrollo deportivo, económico y social.


Comenté en mi Carta del pasado domingo lo importante que es el golf en España, país que posee las mejores condiciones climáticas y de desarrollo económico y social para practicar ese deporte, algo que hacen ya muchos españoles y, aún más, muchísimos extranjeros.

En Melilla el golf nació viciado por algunas de las personas más dañinas que la sociedad en general, la española en particular y la melillense en especial, produce de vez en cuando. El Gobierno de la Ciudad Autónoma, con apoyo de fondos europeos, construyó un campo público y, a la luz del desastre absoluto que en el golf se producía -y que los altos dirigentes del golf nacional me han repetido insistentemente en estos últimos días de reunión en Málaga- me pidió ayuda, a lo que, no sin resistencia, acepté. Y hasta hoy, con la situación que ya comenté en mi Carta del domingo y con la oferta de una solución que propuse y detallé hace más de un año, que sigue pendiente de decisión en las entrañas de la Administración pública y política. Una solución que produciría un gran ahorro de dinero a la Administración local, además de dar satisfacción a más melillenses -niños incluidos- y de generar muchos más ingresos turísticos a Melilla.

A pesar de todos los pesares y de la no extinción absoluta de algunos de los vicios heredados, que se reproducen como las malas hierbas, el golf sobrevive, que no es poco en estas circunstancias e incluso produce insospechadas satisfacciones, como, por ejemplo, las que se han producido en el último Congreso de Federaciones Nacionales de Golf. No deja de impresionar que una Federación como la melillense -con algo menos de 300 federados, cuatro veces más de los que había cuando yo accedí a la presidencia de la Federación, tenga a 3 de sus federados (Javier Guerrero, Elvira Rodríguez y yo mismo) entre los 2 equipos de 4 jugadores cada uno que ganaron el torneo celebrado durante dos días, en los campos malagueños del Parador y de Guadalhorce, torneo en el que participaron 25 equipos de todas las Federaciones, con más de 30.000 federados casi todas ellas. Deportivamente no tiene demasiada importancia, pero sí es un indicativo de muchas cosas, como reconocieron los presidentes de todas las federaciones y el de la Federación española, que nos felicitaron por el sorprendente nivel golfístico que, con nuestros escasos medios, hemos logrado.

La satisfacción continuó cuando en la Federación melillense tomamos la decisión de apoyar a los jugadores participantes en el Congreso y a los que quisieran venir, a jugar en dos de los mejores campos de golf de Andalucía, El Chaparral y El Paraíso. La actitud de los que se unieron a los que ya estábamos en Málaga -Elvira Rodríguez, Rachid Al-Lach, José Romero, Javier Guerrero y yo- fue espectacularmente agradecida y ejemplar. Vinieron a disfrutar -no a enredar- y lo hicieron. Así que considero un deber felicitar a José Luis García, Javier Palomanes, Joaquín Romero, Antonio Álvarez, Oliver Sánchez, Alberto Martínez y Miguel Ángel Núñez por su actitud, así como por el nivel de juego que ellos, y el resto de los participantes, demostraron en los dos campos. Ese es el camino a seguir. Ese es el camino que nos puede llevar a conseguir lo que el golf puede ser y ya es en muchas partes de España y del mundo: un factor muy importante de desarrollo deportivo, económico y social.