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FÚTBOL - RECONOCIMIENTO

Más de cinciuenta jugadores se dieron cita en el homenaje a Luis Martínez Prigman
Más de cinciuenta jugadores se dieron cita en el homenaje a Luis Martínez Prigman (Foto: MELILLA HOY)

Antiguos jugadores del Real Melilla F.C homenajean a Luis Martínez Prigman

Luis Martínez Prigman se mostró muy emocionado durante el homenaje.

lunes 21 de octubre de 2019, 04:00h
Unos cincuenta antiguos jugadores, que en la década de los ochenta formaron parte del Real Melilla F.C., homenajearon a Luis Martínez Prigman, una persona que – sin ser jugador- propició y favoreció que jóvenes melillenses disfrutaran de los valores que sólo el deporte es capaz de inculcar, compañerismo, respeto, convivencia y sana competencia.
Durante años, Martínez puso a disposición de los chicos de todos los estratos y clases sociales de la ciudad el acceso al futbol, en esos “tiempos de azúcar” que atravesó el deporte base en nuestra ciudad, sin pedir nada a cambio, poniendo tiempo y dinero de su bolsillo, ya que su única recompensa era fomentar el deporte entre esos chicos que por primera vez viajaban, que por primera vez tenían un lugar donde ir fuera de las clases, cuando la calle y los amigos estaban por encima de cualquier red social o conducta individualista. Luis Martínez Prigman, con otros nombres que quedan en la memoria de esos niños como el de Pepe Belmonte, Felipe Fuertes y Manolo Agulló, fomentó que décadas más tarde los jugadores – hoy padres de familia- sientan aún la unión entre los compañeros y se reúnan en torno al fútbol para celebrar lo que pasó el pasado viernes.
Se desarrolló un encuentro -amistoso, por supuesto- entre los cincuenta jóvenes de entonces, que hicieron un pasillo para recibir a un emocionado Luis Martínez que se preguntaba una y otra vez el por qué de tanto entusiasmo. Tras el encuentro la fiesta, en la “Posada de Paco Benítez”, para ellos y ellos para Luis.
Es sencillo, el refranero español es sabio “quien siembra recoge”, y es que Luis recogió el pasado viernes el fruto de su altruismo, que se resume en una juventud que no muere, en una amistad que se mantiene viva pase el tiempo que pase, en los jóvenes de los ochenta que se reunieron dándole una patada al olvido en cada balonazo y devolviendo al “César lo que es del César”, devolviendo a Martínez el orgullo de haber llevado una camiseta con el nombre de Melilla, haciendo lo que mejor sabían hacer, jugar al futbol gracias a él.